África, Cuba y la música que nos salva

Claudia González Catalán
24/1/2019

Como el genoma humano nos reúne a todos en el edén africano, del mismo modo el ADN musical viene de los sueños sonoros de aquellos Adán y Eva terrenales. Es la convicción que defiende Arturo O’Farrill después de medio siglo experimentando con la música:

Puedes llamarle jazz o como quieras, pero todo el ADN musical viene de África. Es el código rítmico, la semilla de todos los géneros de la música moderna. Yo pienso que es un secreto infinito, una conexión que tiene África con el mundo y podemos conversar sobre ello para el resto de la vida, pero nunca vamos a terminar de descubrirlo.

Santiago de Cuba acogió a O’Farrill durante la edición 34 del Festival Jazz Plaza. Foto: De la autora
 

Para O’Farrill, el jazz ha representado un puente efectivo para homologar realidades, quizás por haber surgido, precisamente, de la mezcla de muchas culturas:

Yo pienso que Cuba es un país prototipo de lo más moderno. Aquí hay presencia de África, de Europa, del Nuevo Mundo, todo mezclado en una simbiosis muy natural y de ahí ha de nacer la música del futuro.

Particularmente, aquí la música está llena de amor y de gracia. Es nuestra misión llevarla al mundo, porque eso es lo que va a salvarlo. Mientras más nos acercamos desde la música a las raíces, a la fundación, a África, a Cuba, a los pueblos, será más potente nuestro esfuerzo por evitar una Tercera Guerra Mundial.

Pero no solo Cuba ha sido testigo de este empeño:

En México dimos un concierto en la frontera con Estados Unidos. Los dos lados juntos en el muro haciendo música. En Kuwait, Irán, Iraq, Abuh Dhabi, hemos descargado con músicos autóctonos, que son extraordinarios. Yo confío en que un día nos vamos a juntar todos y el mundo se va a estremecer.

Desde la música, O’Farrill ha acompañado los altibajos en las relaciones Cuba- Estados Unidos. El disco The Conversation Continues conmemoró el espíritu de las conversaciones entre Raúl Castro y Barack Obama en 2015. “Cada nota hablaba sobre la historia de Cuba”, dijo el propio jazzista en aquel momento. Sin embargo, el estado de las cosas ha vuelto a cambiar y, con él, su definición sonora:

Estados Unidos tiene una enfermedad muy grave. No sé si será mortal, pero tenemos un cáncer en la Casa Blanca. Ahora nadie sabe lo que puede suceder, pero algo tendrá que cambiar en un breve plazo, porque si seguimos así, vamos a hundirnos. Están tan llenos de odio y tan vacíos de valores, que no tienen nada y tratan de engañar a las personas.

Allá también hay buena gente, gente con conciencia de pueblo, gente que ama el mundo, que no quiere estar aislada, que no son nacionalistas, que no entienden cómo pasó este momento, ni por qué se mantiene este bloqueo tan terrible e injusto.

Cuando estábamos aquí grabando y se hizo público el anuncio de Obama y de Raúl, yo sentí ese momento histórico en cada nota. Si hacemos ese disco hoy, es seguro que esa lucha, que está más fuerte ahora que en ningún otro momento, va a reforzar el mensaje de que no tenemos oportunidad sin el amor.

El mundo está en estos momentos roto y mientras más tengamos conciencia sobre nosotros mismos, vamos a lograr cosas hermosas. Cada concierto es un ejemplo de ello, es un experimento de cómo hacer humanidad con la música, la conciencia, el amor y el arte.

Santiago de Cuba acogió a O’Farrill durante la edición 34 del Festival Jazz Plaza. No era la primera ocasión que llegaba hasta esta ciudad musical, pero una primicia absoluta envolvía su visita: la fusión sobre escena de su propio Afro Latin Jazz, con Los Muñequitos de Matanzas y la Conga de los Hoyos:

La rumba y la conga son elementos muy importantes para toda la música del mundo, tanto para el jazz, como para el hip-hop, el rock, la salsa. Son las semillas, el código rítmico que está envuelto en toda la música moderna y que viene de África filtrado por Cuba.

Me dicen que es la primera vez que estos dos grupos se han juntado, así que yo creo que va a ser un momento tan histórico que, después de hoy, va a cambiar el mundo totalmente.

Y es que la relación con Cuba y la búsqueda aquí de sus raíces, han enriquecido su concepción musical, como artista que se define por la experimentación total. ¿Arriesgado? Sí, lo cree. Confiesa sabotear su propia carrera veinte veces al año, pero lo asume como una vocación:

No me importa, porque experimentar es lo que tengo que hacer. Además, si descubrimos gente en otro planeta, vamos a mezclar con ellos también.

El porqué esa coalición se realizó en Santiago de Cuba podría justificarse con las cadencias de esta ciudad; pero al ser la música, una experiencia espiritual, seguirá siendo esta singular comunión, un nuevo misterio.

 

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