Afrocuba: sus causas y azares…

Emir García Meralla
4/1/2021

Las noches habaneras de la segunda mitad de los años ochenta, para un sector importante de jóvenes, llegaron a tener tres focos fundamentales que se ubicaban en la zona del Vedado, solo que dos de ellos estaban situados en los extremos de ese populoso barrio habanero.

El grupo Moncada se presentaba los miércoles en la noche en el Café Cantante del Teatro Nacional y los sábados en la escalinata de la Universidad de La Habana. En el Salón Libertad del Hotel Nacional, el trompetista Arturo Sandoval y su grupo acaparaban las noches del viernes convocando a un público más heterogéneo y heterodoxo, que incluía a parte importante de los pocos turistas que para ese entonces tenían a La Habana como su centro de descanso. Y por último estaban las noches de sábado en el cine Astral, donde el grupo Afrocuba campeaba por su respeto; y aunque su presentación comenzaba a las 9:00 p. m. —la misma hora que el concierto de Moncada en la escalinata— siempre se mantuvo abarrotado de un público más selecto.

 Grupo Afrocuba. Fotos: Internet
 

En una de esas presentaciones el público asistió al nacimiento de una de las colaboraciones musicales más interesantes de la música cubana de todos los tiempos: la que establecerían el trovador Silvio Rodríguez y Afrocuba. Aquella presentación marcaría un punto de inflexión en la carrera de los dos protagonistas: el trabajo musical del trovador tocará el cielo gracias al talento de aquellos músicos liderados por el flautista Oriente López —aunque el precio a pagar fuera dejar de una vez por todas fuera la excelente voz sonera de Eddy Peñalver—; y la banda asumirá el reto de complejizar armónica y tímbricamente una carrera en la que había predominado el trabajo de la guitarra como forma fundamental de expresión musical.

Para nadie es secreto que la década de los ochenta fueron los años dorados en la carrera de Silvio y Pablo. Fueron años de grandes conciertos en cuanto espacio de la ciudad estuviera disponible, de grabaciones discográficas de modo constante y sobre todo de un gran reconocimiento internacional; fundamentalmente en el universo hispanoamericano, incluyendo Brasil, lógicamente. Y en ello tuvo peso el amplio registro sonoro que los acompañó.

La dupla formada por Silvio Rodríguez y Afrocuba renovó musicalmente el universo de la Nueva Trova.
 

En el caso de Silvio y su trabajo con Afrocuba, se puede decir que cada tema propuesto fue un éxito rotundo a todos los niveles de público. Atrás quedaba aquella sentencia esnobista que adjudicaba al trabajo autoral de este trovador el calificativo de “…ser muy intelectual y no escribir para todos los públicos…”.

Debía ser que sus imágenes poéticas fueron y son de un barroquismo exuberante, o quizás el reflejo de sus lecturas; unas lecturas que estaban en consonancia con los movimientos importantes en la cultura continental de ese momento: el regreso al folklorismo que había venido del sur del continente; la existencia del llamado Boom de la literatura latinoamericana, que había expuesto desde el realismo mágico las verdades no contadas sobre nuestro continente, y que tuvo en la música salsa, conocida como “consciente”, el otro complemento necesario.

Lo que sí resulta innegable es que la dupla Silvio / Afrocuba renovó musicalmente el universo de la Nueva Trova en general y destapó una legión de seguidores de su trabajo que ha llegado hasta nuestros días.

Oriente López, en su condición de orquestador de los temas del trovador, echó mano a todo el arsenal musical que estaba a su alcance, bien fuera el barroco o el clasicismo más raigal, o bien proponiendo fusiones del rock sinfónico con elementos del jazz y la música cubana; cada tema se puede considerar una obra trascendente per se y en el conjunto del disco.

Unicornio, los trípticos, Causas y azares, entre otros, fueron penetrando en el tejido social de los cubanos de esos años ochenta, quienes los hicieron parte de su vida cotidiana; incluso hasta bailaron algunos temas con la misma devoción que entregaban a las composiciones de algunas orquestas de moda en ese momento.

“En el caso de Silvio y su trabajo con Afrocuba, se puede decir que cada tema propuesto fue un éxito rotundo”.
 

Y aunque el trabajo con Silvio absorbía casi todas las energías y el tiempo de los integrantes de Afrocuba, estos nunca renunciaron a sus presentaciones cada sábado en la noche en el cine Acapulco ni a su temporada londinense, o a formar parte de las agrupaciones cubanas que serían parte de las noches en el Festival Jazz Plaza cada año. Solo que siempre en las primeras existía la posibilidad de que Silvio apareciera en el escenario y se produjera el milagro de un estreno anticipado.

Así marchó la vida y la carrera del grupo Afrocuba en los años ochenta hasta que a comienzos de la década siguiente, ante los embates económicos que enfrentaba la nación, llegó la hora de finiquitar este período de trabajo, y cada cual volvió a tomar su camino.

En una primera etapa Silvio concentró su trabajo en un formato más pequeño al hacerse acompañar por el grupo Diákara, que tendría su punto culminante en los conciertos que ofrecería junto al grupo Irakere en Chile; conciertos que al decir de Chucho Valdés fueron el momento de ejecutar una música escrita a la perfección. Tras esta etapa, Silvio regresaría a la intimidad de la guitarra por un tiempo.

Afrocuba, por su parte, se perderá en el laberinto de la música cubana y del tiempo con la salida primero de Oriente López para hacer carrera en solitario (grabó en esos años algunas de sus mejores obras), y después del pianista Ernán López-Nussa al formar su cuarteto de jazz. El resto de los integrantes de la banda se irán desgajando con el tiempo y solo el trompetista Roberto García intentará mantener y revivir la gloria de la que para muchos fue la banda más progresiva dentro de eso que se ha llamado música popular de concierto, en los años ochenta.

Solo queda por acotar un detalle: mientras Silvio y Afrocuba vivían sus años de gloria, en los estudios de la Egrem en la calle San Miguel, otro grupo de músicos daba forma al testamento musical de su generación.

Un nuevo ciclo musical se estaba gestando.