¿Adonde se fue Teresita?

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Empezaron a llegar señales; desde inicio de semana cuanto trovador se presentaba en público esgrimía su guitarra orando por ella. De todas partes llegaron correos, mensajes en faceboock, llamadas telefónicas, una red de soñadores insistía por vías diversas en que hiciéramos una ronda por la creadora de nuestro gatico Vinagrito. “Se ha escapado a sus cielos” escribí entonces. Puse “sus” y no “los” cielos, pues mi falta de religiones —que no de fe— no me permitía ubicarla allá arriba, aunque me habría gustado verla en ese paraíso celestial tomada de las manos con Martí pensando en los de abajo, en cómo sernos útiles una vez más.

Imagen: La Jiribilla

Teresita dejará correr una lágrima por sus mejillas mientras él le dice, con voz tierna, eso que ella ha escuchado y practicado tanto:

Pasa, callada, por entre la gente vanidosa. Tu alma es tu seda. (...)
Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo:
tú vales más. Sonríe, y pasa.

O estará ahora acaso en tertulia poética, en la que de seguro la habrá recibido el poeta español Antonio Machado recitándole, con los brazos abiertos:

“...y cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Ella desenfundaría entonces su guitarra para devolverle, con música, a Gabriela Mistral su poema: Dame la mano y danzaremos,dame la mano y me amarás...

Imagen: La Jiribilla

Tal vez, un Lorca, juguetón, la invitara a irse por los pueblos en una carreta, y ella gustosa le seguiría sin pensarlo, para vagar como saltimbanquis, llevando el teatro, la poesía, la música, la luz de las artes, a los más recónditos cielos, donde estarán seguramente los muertos anónimos, los olvidados, los más pobres. Al partir, como broma macabra, le dirá en un abrazo Federico:

Si muero,
dejad el balcón abierto.
El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo).

Sara, desenfadad, como siempre, le dirá “Coño Tere, no me dejes fuera” y se integrará a esa guerrilla teatrera cantando a Teresita su “Muñeca de trapo”:

Si te preguntan di
que no has visto mi alma
que todo te lo di
por un poco de nada.

No sé como el Bola (de Nieve) montará su piano en el carretón, ni como mantendrá su traje de lord incólume ante tanto polvo de nubes en el camino, pero sé que no se perderá este nuevo encuentro con su Teresita, como en los tiempos del Monseñor. Todo esto, desde mi maldito y desesperanzado ateísmo no pasa de ser un ejercicio de imaginación; en realidad no puedo creer que esté otro lugar que bajo tierra, integrándose a esa naturaleza que tanto amó, cuidó, y nos enseñó a ver como una madre.

Imagen: La Jiribilla

¿Dónde estará en realidad Teresita? Me preguntaba este Domingo en la mañana cuando salía hacia la Plaza de San Francisco de Asís, citado por esa red de soñadores, tejida a raíz de la triste noticia. ¿Adónde habrá partido ese ser tan especial que declaró ser: Maestra ambulante, juglar, pobre, y libre? Si fuera por su gusto se iría una temporada a Betania, la casa de María Magdalena, donde Cristo descansaba.

Así, confundido, llegué a la Plaza con su Iglesia y sus palomas. Más de 200 personas, mayoritariamente jóvenes, muchos tirados en la calle de adoquines, miraban en una laptop el documental “Teresita” realizado por estudiantes de la Facultad de Comunicación (Helen Hernández, Ivette Leyva, Shelylla Valladares, Kaloian Santos, Lirians Gordillo y Sandra Paul). Luego saqué mi guitarra, para decirle a la eterna juglar.

Menos mal las estrellas a salvo en su distancia,
menos mal que me esperan, que alguien vela mis ansias,
menos mal estas cuerdas, menos mal la guitarra
que viene de trasmano para salvarme el alma, el alma.

Imagen: La Jiribilla

Luego nos pasamos la guitarra: Rafaelito, estudiante de periodismo (creo) y Rene, de La Jiribilla, empezaron a tocar piezas de Teresita que el coro de almas cantó en la Plaza de San Francisco, “Vinagrito, Tin Tin la lluvia cayó”, el Zunzuncito, pasaban nuestras vidas por sus canciones... se fueron sumando curiosos, amigos, y aquello terminó con una gigantesca ronda en la que entonamos varias veces, bailando, tomados de las manos, con profunda emoción esos versos de la Mistral que Teresita convirtió en himno solidario de nuestras vidas:

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...

La pregunta medio filosófica que he venido arrastrando durante estos días, ya tiene respuesta; no me tortura más el ateísmo, ya puedo desde él dar la respuesta más certera: Teresita se fue hacia nosotros. 

Imagen: La Jiribilla

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