Entrevista con Magda González Grau, presidenta de la comisión  Arte, Mercado e Industrias Culturales

“Ocho que son cincuenta”

Ya estamos a las puertas del VIII Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y mucho han cambiado las fisonomías del país y la organización, desde su bautismo por el primero de los magnos encuentros. Sobre todo si ponemos en juego la extrapolación conveniente de que el hombre —en este caso la Unión— es él (ella) y sus circunstancias. Mientras asumo el reto de refractar en una entrevista, el trabajo que se disemina e interconecta en varias comisiones, me percato de que es la zona unánime de la economía la que viven —país y organización— de modo más intenso y definitivo. Pongo entonces la experiencia compendiada (dia)sincrónicamente por este gremio, en función de las necesarias (re)mediciones culturales que resultan de sus diálogos con la economía.

Zona siempre árida para el pensamiento humanista, de muchas tensiones numéricas, se devela como escudo, de otro ya investido escudo de la nación: la cultura. Y la diana de estas intersecciones converge en la Comisión “Arte, Mercado e Industrias Culturales” del VIII Congreso de la UNEAC, que preside la realizadora audiovisual Magda González Grau. Zanjar una temática economista —asume la entrevistada— no se trata sino de una misión para sí porque su poética comulga toda vez con un registro de la lengua menos avezado en cálculo y más narratológico, mucho más sensorial. Sin embargo, ambos (también quien entrevista) asumimos el reto de preguntar y responder en claves distantes. Claves además impostergables para el futuro de una organización que en su VIII Congreso —y a través de una cultura no bicultural y siempre de la resistencia— ya resume medio siglo de vida. La misma cubana que a sus “ocho que son cincuenta”, se mira al espejo: la UNEAC.

Magda, coméntanos qué ha sido del trabajo de la Comisión que presides rumbo al VIII Congreso de la UNEAC.

Desde el anterior Congreso yo presido la Comisión que se llamaba “Economía de la Cultura” o “Cultura y Economía” y durante estos seis años he estado trabajando en esas cosas. Cuando se fue a preparar este congreso decidimos cambiarle el nombre porque llevamos dos congresos poniendo en el dictamen que debemos hacer debates sobre la relación importante y necesaria entre arte y mercado y no lo hemos logrado. En estos seis años cuando fui Presidenta no pude, incluso teníamos pensado uno por la Universidad de las Artes (ISA) y de pronto llegó la noticia: “No, no. De eso no se habla”. Hay una resistencia a la hora de hablar de arte y mercado. En el contexto actual —después del Congreso del Partido— es obligatorio para la cultura sentarse a debatir cómo podemos insertar el mercado en nuestras prácticas para ayudar de alguna manera al cambio del modelo económico que se plantea desde el 2012 en nuestro país: cómo podemos las unidades presupuestadas pasarlas a empresas, cómo podemos utilizar formas de gestión no estatal que de alguna manera descarguen al estado de responsabilidades que, efectivamente, son muy gravosas para él y que a partir del cuentapropismo se puedan resolver. Entonces estábamos obligados a eso. No lo habíamos logrado en dos congresos anteriores. Estoy afirmando que de 1998 para acá, de eso no se hablaba y dijimos: “Bueno, vamos a cambiar el nombre a la comisión” y le pusimos Arte, Mercado e Industrias Culturales para obligarnos de todas maneras a hablar sobre eso. No obstante, tuvimos mucha resistencia (risas), a pesar de que se llamara así. Realizamos un primer encuentro y te puedo comentar que hubo susto y lo entiendo, puedo entenderlo. En este tipo de relación arte-mercado hay que tener mucho cuidado para que un arte por el que se ha luchado tanto desde el principio de la Revolución, que está al servicio del espíritu, del ser humano, no se contamine con algunos elementos propios del mercado que lo que hacen es abaratarlo, prostituirlo. Pero, en resumidas cuentas, eso está pasando en la realidad, es decir, queramos o no está ahí. Por tanto, el principio con el que la Comisión empezó a asumir esto se trazó sobre la base de nuestras propias propuestas, que sean los artistas los agentes de cambio: “vamos a caminar por aquí”, “por allá no, que es peligroso”, “no se puede hacer esta concesión, sin embargo, podemos caminar con cautela por esta otra vía”. Porque nosotros somos quienes más vamos a proteger nuestra obra, de eso peligros de contaminación, prostitución y mercantilización del arte. Tenemos que ser nosotros porque además si no somos nosotros, de todas maneras va a venir, sea por la realidad, sea porque el estado se va a ver obligado a eso, aunque entienda que deba proteger este sector del país.

Cuando te enteras de que hay 17 mil músicos en el país y casi nueve mil son subvencionados, tú dices: “es una carga que el estado no puede seguir soportando”. Hay que buscar maneras de ayudarlo porque nos estamos ayudando nosotros mismos. ¿Por qué tenemos que discutir? Porque hay que ver cuáles son los proyectos que hay que apoyar, cuáles no pueden perderse, incluso, cuáles tienen que seguir subvencionados porque son proyectos que no van a ser mercantilmente rentables pues son quizá de élite, de una jerarquía artística donde la población —hay que aspirar a que sí— todavía no consume ese tipo de obras. Eso el estado de alguna manera debe apoyarlo. Eso y lo que es patrimonial: la conservación del patrimonio del cine, la literatura… Todo lo que es patrimonial es una responsabilidad del estado, pero el resto de las cosas vamos a tratar de descargarlo, cuidando las políticas culturales. Por tanto, hay que hablar de eso, porque no hay claridad.

Como siempre hemos estado —realmente— de cierto modo subvencionados, apoyados o soportados por el estado, si vamos a cambiar las reglas del juego, tenemos que saber cómo van a ser las reglas y la única manera de saberlas es discutiéndolas, valorando, decidiendo entre todos. No solo las instituciones, no solo el estado, sino también con la participación de los creadores que son los protagonistas de los procesos culturales. Ese es el principio y la filosofía que ha manejado esta comisión, que avanzó hasta donde pudo, pero el Congreso puede servir de punto de partida para que después de él haya —y es la propuesta que llevamos— cada dos meses un encuentro para hablar de temas puntuales. La comisión ha estado trabajando también con algunos subgrupos de la Comisión de Implementación de los Lineamientos, subgrupos del Ministerio de Cultura, donde los Consejos y los Institutos tienen propuestas de reestructuración, de asumir formas de gestión no estatal, pero de manera organizada, pensada. Es importante que los creadores estemos al tanto de eso, participemos de esas propuestas, estemos enterados de cómo son y apoyemos esos cambios que son para bien.

Por ahí ha estado lo que me satisface del trabajo que hemos realizado para este congreso porque ha sido lo nuevo, lo que al fin hemos logrado. Yo decía el otro día en el programa Hurón Azul que esta comisión se está estrenando porque realmente no habíamos hablado de eso hasta ahora. Empezamos a hablar pero no quiere decir que tengamos las soluciones en las manos, ni estemos todos claros de lo que hay que hacer, para nada. Pero iremos aclarando los caminos que hay que tomar en la medida en que discutamos, en que avancemos.

Por otro lado, ha estado lo de siempre en las discusiones: formas de pago, derecho de autor, seguridad social, impuestos. Creo que en seis años, hemos avanzado bastante porque esta comisión no cesó del congreso anterior a este, sino que siguió trabajando. De hecho, cuando la aprobación de la 113 que es la Ley de los Impuestos, fue muy importante el trabajo que hicimos porque —desde que se lee el cuerpo de la ley— no aparece el sector cultural por ningún lado. Aparece todo un capítulo para el sector agropecuario —por razones obvias—: es importante producir alimentos. Se hablaba de sectores específicos y se suponía que estábamos ahí adentro, pero a nosotros siempre nos preocupó que en términos de producción cultural se nos equiparara con el resto de la población. No porque seamos mejores, ni muchos menos. A veces las personas piensan que nos creemos mejores. No. Es que somos distintos. Y no pueden equiparar una producción que es de bienes materiales con una producción de bienes espirituales. La cultura produce mercancías culturales, que tienen un valor patrimonial, que van hacia el espíritu del ser humano, no a satisfacer las necesidades materiales o los servicios que necesita un ser humano. Entonces eso tiene que tener un tratamiento diferenciado en un sistema socialista porque incluso en el sistema capitalista lo tiene. Hay excepciones para el tema de la cultura: lo que se llama excepción cultural. ¿Cómo el sistema socialista no lo iba a tener? Fue un proceso que duró casi dos años donde estuvimos con el Ministerio de Finanzas y Precios y al final se logró una resolución que de alguna manera implementara la 113 para el sector de la cultura con algunos paliativos, vamos a decir. No es que de pronto lográramos que la gente tenga que pagar menos impuestos, no. La ley vino para que la gente tenga que pagar: si ganas más, pagas más, pero, hay un tratamiento diferenciado con el sector de la cultura y las bonificaciones, que se habían quitado todas, etc. Hay dos tipos de bonificaciones para el sector, un 50 % de los gastos que antes era el 10%. Es decir, existe una serie de beneficios de esa ley para con el sector de la cultura. El año pasado no pagamos impuestos porque la legislación salió muy tarde, en octubre. Entonces estuvimos exceptuados de pagar. ¿Cuál es el plan ahora? El 2014 va a ser el primer año donde a nuestro sector se le aplica la Ley 113 con esa resolución.

En el 2015 cuando haya que pagar impuestos, nos vamos a sentar para hacer una valoración de cómo se comportó en el sector, incluso, en cada manifestación. Entonces vamos a analizar dos cosas: el porciento de los gastos. Ahora es el 50% de los gastos para todas las manifestaciones culturales y nosotros decimos que todas no se comportan igual. Tienen que tener tratamiento diferenciado. A lo mejor esto les conviene a los escritores, pero ya sabemos que a los artistas de la plástica, a los realizadores audiovisuales y posiblemente a los músicos, no les sea suficiente el 50% de los gastos. Hay que sentarse a analizar cómo se comportó eso, en las manifestaciones mencionadas. Y  lo segundo que vamos a discutir es el tema de la bonificación extraordinaria para la carga tributaria, que ellos la plantearon que si en dos períodos fiscales tú cobras una cantidad y en el tercer período fiscal duplicas esos ingresos –la carga tributaria aumenta el doble- hay una bonificación de hasta un 30%. Queremos que sea más natural, puesto que responde a un proceso también natural de la obra. Un escritor se demora dos años o más en escribir un libro, un cineasta tarda dos años o más en realizar una película, un músico se demora dos años o más en grabar un disco. Entonces resulta que va a estar preparando esa obra y cuando tiene los posibles beneficios de ella, la ley se comporta igual que en los dos años en los que estuvo preparando. No es justo. Y lo tercero que estamos agregando ahora, por una propuesta de Desiderio Navarro, es que analicemos los impuestos sobre los premios y las becas de creación. Él ha hecho un estudio en el mundo entero y los artistas están exonerados de pagar el tributo. El sistema socialista que debe propiciar la superación de la gente para que alcance altos cotos de calidad, cómo entonces va a gravar a los artistas por los premios o becas que reciban —fíjate que es muy poco, es el 4 % nada más. Pero de todas maneras él, como principio, está defendiendo que no deben tener impuesto, que no deben ser gravados y esa es la tercera demanda que vamos a defender en el 2015. Realmente lo que ya había que discutir, se discutió y se logró esa resolución, lo cual considero un hecho muy positivo de la relación que puede establecerse entre los creadores y un Ministerio, como el de Finanzas, que tiene que ver con los creadores porque tiene que ver con toda la población, pero muchas veces no entendía los mecanismos de cómo se hacía la producción cultural. Entonces nos fuimos alfabetizando mutuamente: nosotros de una cultura tributaria y de la manera en la que ellos piensan la economía y ellos de cómo se hace la producción cultural. Creo que fue bueno para ambos.

Con el resto de las cosas como el derecho de autor nos fue genial. Este año casi no tuvimos problemas con ese tema. Hay una resolución, la 157, de las colaboraciones periodísticas, que la traemos arrastrando desde el congreso anterior y no se acaba de resolver. Entonces no puedes entender cómo a una escritora como Graziella Pogolotti se le paguen 35 pesos en moneda nacional por un artículo publicado en Juventud Rebelde. El diario yo sé que se siente prestigiado porque Graziella colabore con él, pero el trabajo de la escritora no vale  35 pesos, vale mucho más. Hay que resolver eso para que quizá todos los intelectuales cubanos se sientan estimulados a escribir para la prensa, sobre todo para estos órganos nacionales donde a veces hay muy poco espacio para la reflexión. Sería bueno resolver eso porque si hay restricción en cuanto a las publicaciones de libros, hay otras vías por las que pueden los escritores percibir mayores dividendos, y es precisamente, en las publicaciones periódicas. Publican un artículo por aquí, otro por allá, van sumando y al final sobreviven a cualquier crisis, pero si pagan tan poquito en realidad no es rentable. Ese es uno de los principales problemas y creo que sí, que también hay solución. Me han dicho que está en análisis y que la propuesta es sextuplicar las tarifas que ahora mismo tiene la 157.

También ha habido problemas con las formas de pago, sobre todo en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Esa fue una batalla dura que todavía sigue. Hay una propuesta que han hecho los creadores en grupos para mejorar, sobre todo, las formas de pago de la radio que son muy deprimentes, teniendo en cuenta que la radio y la televisión tienen un impacto en el gusto de la población muy importante. Si a una persona tú le pagas por elegir la música que va a poner en su programa un poco más de un peso moneda nacional, tienes que inferir obligatoriamente —aunque el hombre sea la persona más honesta del mundo— que no le va a poner dos neuronas a la selección de la música porque no le están pagando el trabajo que significa buscar diversidad, buen gusto, la música apropiada, crear un balance dramatúrgico dentro del programa. Es decir, todo eso es un trabajo tan especializado que no vale lo que hoy le están pagando. Por tanto, esos pagos hay que subirlos  porque entiendo además que donde están más depreciados son en puntos estratégicos de la programación, como pueden ser la música y los dramatizados. Es un sinsentido pagarle a Caridad Martínez 68 pesos moneda nacional por dirigir un teatro como es Un tranvía llamado deseo o La casa de Bernarda Alba, que todo el mundo sabe la preparación que hay que tener para poderlos dirigir, aunque sea para la radio, de la que la gente dice: “en la radio no hay que vestirse, no hay que maquillarse, no hay que fotografiar”. No importa, ahí está la actuación, sobre todo, la voz supliendo todo aquello, la banda sonora. Entonces, de qué estamos hablando. Creo que hay que potenciar esas áreas que siento están en estos momentos vulnerables en términos de política cultural.

La gente dirá: “el dramatizado de la radio…”, pero hay que recordar que aquí Radio Martí entró con una radionovela y la gente no escuchaba es emisora  para oír las noticias del enemigo, pero sí para seguir la radionovela Esmeralda. A la gente le gusta oír el dramatizado en radio, pero cómo tú vas a convocar al mejor talento, a los mejores actores, cuando cobran igual —bajísimo—, que el  mejor director. No puedes. Con esas tarifas no puedes convocar al mejor talento a hacer la programación dramatizada de la radio cubana. Sobre eso hemos hecho un estudio y estamos proponiendo un aumento en algunas zonas de la radio que son vulnerables desde el punto de vista de política cultural.

Se ha trabajado en las resoluciones nuevas, como la que establece que el nuevo porciento de representación artística de la entidad a la que tú perteneces va de “0” al 30%. Es decir, ya no va al 50, pero es hasta el 30. Quiere decir que si la entidad no hace lo suficiente por la representación o por la contratación de ese artista, él puede pactar con ella hasta un 5%. Eso va a obligar a que las empresas trabajen más en función de buscar empleo a los artistas y favorecerles la actividad de su misma profesión porque van a tener que ganarse el porciento de representación. Eso me parece muy positivo y ha sido de gran polémica porque las entidades tratan siempre de imponer una tasa cuando la ley dice que no es así. Sucedió con la letra de la ley anterior, donde rezaba que el descuento sería de hasta un 50%, y se quedó en 50 para todo el mundo. La nueva dice de “0” a 30, quiere decir que puede ser “0” también.

En el tema economía hemos avanzado mucho y creo que debemos buscar la ayuda del Sindicato de Trabajadores de la Cultura para que nos apoye en estas batallas porque no son peleas de la UNEAC. La batalla de la UNEAC es quizá la que te dije al principio: conceptualizar el tema de arte-mercado y políticas culturales, no andar viendo cuáles son los derechos y los deberes de los artistas. Creo que eso le toca al sindicato. Lo hemos hecho con mucho gusto. Sin embargo, son batallas desgastantes que tendríamos todo el mundo que librar y a veces el sindicato no ha cumplido su misión en ese sentido. Estamos trabajando. Hay compañeros del sindicato que se han sumado a esa batalla, pero toca de todas maneras que en los próximos años, ellos lideren estos combates por los derechos y los deberes de los artistas.

La seguridad social también tuvo una modificación: la ley que sumó a los músicos y los actores que no son independientes, pero que pueden contribuir a su seguridad social de manera libre escogiendo un salario convencional y dando nada más el 8% del mismo. Esa ley, donde quiera lo digo, es la que refleja la relación de un estado socialista con sus creadores cuando ya estos no están en capacidad de dar todo, por motivo de en una invalidez temporal, total, por edad, maternidad, muerte prematura porque los familiares quedan beneficiados. Y realmente se hizo con mucho detalle, con mucho amor por parte de los compañeros del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Preguntaban: “¿y qué pasa si esta actriz sale embarazada?”. “No, eso no puede ser. Hay que legislar para que ella tenga protección”. Y lo que se ha logrado ahora mismo es que todo el mundo esté protegido. En el congreso pasado este era un tema que preocupaba a muchos artistas. En este momento todos están protegidos excepto los audiovisuales que en cuanto se apruebe el decreto-ley que reconoce la condición laboral de sus realizadores como independientes, serán beneficiarios de la ley porque hay una disposición transitoria en ella que dice que en cuanto esto se reconozca, los audiovisuales también quedarán resguardados. Es decir, todo el mundo va a estar protegido y eso me parece excelente, al tiempo que crea un cordón umbilical de los creadores con la institución, con el estado. Eso en términos ideológicos es muy importante para un estado socialista. En el exterior al estado no le interesa qué pasa con el artista: si tiene éxito, si no tiene, si se muere de hambre. Clásicamente son aquellos pintores muriéndose de hambre en una buhardilla, la imagen que uno tiene de la época del romanticismo. Cuando tú hablas con artistas foráneos, ellos comentan: “pero a nosotros nadie nos protege. Si no tienes éxito estás embarcado”. Aquí no puede ser así porque esto es socialismo y el hombre es el centro de la preocupación de todo el sistema. Por tanto el artista, que es un ser humano igual, tiene además que tener toda la protección del estado y esta ley lo garantiza.

He visto en toda esta iniciativa, una preocupación desbordada hacia adentro, que me parece legítima, muy meditada sobre la base de que tenemos que cambiar un panorama y una vida interiores del artista para luego, convocar a ese otro mercado que está afuera y que también traerá ingresos y oxígeno a la economía desde la cultura. Esta comisión que has presidido, ¿cómo pensó la proyección internacional del arte y artista cubanos?

Los que más avanzados están en eso son los artistas de la plástica porque llevan mucho tiempo de ejercicio como independientes y sí han ido creando una relación de mercado porque además, lo que pasa con ellos es que su mercado interno es casi inexistente. Es decir, quién tiene dinero para comprarse un Vicente Hernández u otro de los grandes. Entonces existía el coleccionismo institucional para evitar que esas obras salieran del país. Eso se ha visto reducido. En realidad el mercado de ellos está en el exterior y se ha hecho a través de ferias, etc. Ahí hubo un fenómeno que se llama regresar la comercialización a la UNEAC a través, en el caso de los plásticos, de la galería Villa Manuela, un espacio de gran prestigio. Y ahí hemos tenido dificultades. Después del congreso nos pusimos a analizar y dijimos: “bueno, vamos a empezar con cautela”. Con miedos a que esto se prostituyera y se convirtiera en algo que no es lo que tiene que ver con la UNEAC. Entonces se creó una comisión que estableció la plataforma para comercializar artes plásticas. Y hemos chocado con el objeto social, con mecanismos que son puramente burocráticos. Por suerte, ya tenemos detectado todo eso y creo que se deben tomar medidas después del congreso para borrar esas trabas y que se pueda comercializar —por supuesto a nivel internacional—desde la UNEAC. No solo aquí en La Habana, sino también extenderlo hacia las demás provincias que casi todas tienen galerías, casi todas tienen posibilidades porque también los extranjeros visitan el país completo y se interesan en la obra de nuestros artistas de la plástica. Las mismas obras que se exponen en la galería Villa Manuela, pueden llevarse a ferias o a otros lugares donde puedan venderse. Ahí se ha avanzado mucho. En el resto se hace a veces de forma espontánea.

El Instituto Cubano de la Música comercializa de alguna manera a sus valores, a los que tienen mayor demanda en el exterior, pero creo que ahí hay que avanzar más. A partir sobre todo de estas reflexiones que tenemos que hacer de arte-mercado, el mercado internacional tiene que entrar como un tema importante porque —efectivamente— en ocasiones aquí el mercado interno no resuelve todas las necesidades que tienen los artistas y que tiene también el estado, en el sentido de que la cultura debe ser un renglón importante a la hora de obtener ingresos. Vamos a ver si en las conversaciones avanzamos en ese sentido porque realmente en la esfera de las artes plásticas es donde más claro está cómo hacerlo, pero todavía tenemos trabas.

Y a mí me parece –desde luego- que hay que lograr una sinergia inter-institucional para que esto fluya de la manera más voluntariosa posible. Estaba pensando entonces qué instituciones, sobre todo, debería la UNEAC pulsar en su relación a fin de destrabar determinadas válvulas que andan obstruidas.

El Ministerio de Cultura es nuestro hermanito o nuestro primo hermano cercano y él está haciendo en cada Instituto y cada Consejo propuestas interesantes para transformarse. Creo que tenemos que estar cerquísima de esas transformaciones porque los destinatarios somos nosotros. Pero además con todo esto que ha pasado se ha logrado buen diálogo con los ministerios de Finanzas y Precios, de Trabajo y Seguridad Social y de Economía y Planificación, esos son los tres que de alguna manera definen el tema económico con el arte. Con ellos son con los que hemos compartido —en un  principio no nos entendíamos—, la voluntad y la comprensión de trabajar en los temas de la cultura de manera estrecha, combinada, para que todas esas cosas que son obstáculos o que pueden obstruir el desempeño de los procesos culturales o artísticos se resuelvan.

Ahora mismo todo el mundo comenta: “hay que discutir”. Pero hay que tener los espacios para sentarse a las mesas de negociación. Creo que es un momento favorable porque el estado en los lineamientos está pidiendo que busquemos esas estrategias, esas vías y tenemos que hacerlo de manera conjunta. No lo puede hacer la UNEAC sola. No lo puede hacer el Ministerio de Cultura solo. No lo pueden hacer tampoco en solitario los tres ministerios que antes te mencioné. Tenemos que hacerlo de conjunto y buscar lo que acomoda para cada manifestación, para cada actividad, para cada estrategia sobre incluir el mercado dentro de las prácticas culturales, sin que haya pérdida de la política cultural, sin que eso sea un trauma o una cosa lesiva. Y al contrario, convertirlo en una fortaleza porque si tenemos más ingresos vamos a poder hacer más cultura. Lo que pasa es que estos ingresos no pueden de alguna manera lesionar la calidad, el concepto y jerarquías culturales porque ahí es donde corremos peligro. Por eso hay que hacerlo con mucho cuidado, muy pensado y entre todos.

Y con la cultura congresista que reúnes —porque me has mencionado varios cónclaves en los que has intervenido— ¿qué distingue a este congreso de momentos anteriores, además de la temática que ya bien dices estrenada? ¿Qué otros aspectos por la novedad que revisten o por la justicia que se les hace en este minuto valdría la pena mencionar?

Lo que tiene de especial este congreso es que se hace en un país en tránsito, en transición, cambiante, donde estamos casi —yo lo veo así— al inicio de un camino en el que se prueban cosas. Va a ser polémico, porque realmente es un momento difícil para todo el mundo. Creo que el congreso puede ayudar muchísimo a aclarar estos caminos. Es decir, no se puede esperar del congreso que todo quede perfecto, que haya unanimidad en todo. No. Creo que ahora mismo, lo que lo distingue de otros es que se celebrará en un momento del país muy especial. Tan especial que podría decirse que nunca en 55 años de Revolución —después de todos esos cambios que trajo el 59— hemos tenido una etapa como esta, de cambios decisivos por la supervivencia de nuestro sistema. Entonces es el mejor momento creo al que puede aspirar nuestro congreso, en el sentido de que nos puede ayudar mucho porque nos ha obligado a reflexionar, a pensar, a discutir… y por eso siento que está bien.

En Educación, por ejemplo, que no es mi comisión, pero sé que han trabajado muy duro, ha sido decisivo porque —efectivamente— hay una comprensión de que de la educación parte todo. Y además hay pérdida de valores. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir por esa cuesta hacia abajo? No. Hay que parar. Hay que reflexionar. Nada más pensar en las reformas a los planes de estudio y que en esos planes participen nuestros artistas e intelectuales, eso es genial. Esa ahora mismo es la estrategia. Eso se está discutiendo en este momento y son cosas fundamentales que se propuso el Congreso del Partido en el 2010. Vamos a buscar un país mejor: próspero y sostenible. Lo que encierra esas dos palabras tiene que ver con todo lo que pueda desear un ser humano y es lo que se está haciendo. Y el congreso es el único espacio donde los artistas y los escritores podemos aportar a ese proceso que está viviendo el país. Por tanto, creo que es un congreso especial por el momento en que nos tocó. En realidad no se hizo al quinto año cuando nos correspondía —fue al sexto—, pero nos tocó en el momento realmente en que todo se está moviendo. Qué bien que también movamos el pensamiento, reestructuremos cosas, pensemos otra vez y reformulemos maneras de hacer.

Y la estrategia de la UNEAC… porque el poblador común puede entenderla ciertamente elitista, ¿cómo la UNEAC ha podido desacralizarse un poco por las vías de la consulta popular y ajustar mejor ese servicio cultural que presta como gremio a un pueblo?

Nosotros tenemos una dirección de cultura comunitaria. Y el trabajo que ha hecho esa dirección —no es que exista una Comisión de Cultura Comunitaria pero ha estado dentro de la que atiende Cultura, Educación y Sociedad— creo que es importantísimo porque ahí es donde tú te das cuenta que no es la cultura que se queda en la Sala Villena, sino es la que va al niño que vive en Boquerón, Niquero, lugares apartados donde de pronto ves a un niño que se está ocupando de la filatelia o de aprender a tocar guitarra o está dibujando o haciendo cerámica, aunque después no vaya a ser un gran artista, sí va a ser mejor ser humano si está vinculado a las prácticas culturales desde la infancia. No solo puedo hablar de los niños, sino de las personas de edad avanzada que no habían tenido la oportunidad de acercarse a la cultura y son los viejitos que están haciendo por primera vez en su vida una coreografía o cantando en un coro. Ya eso a mí me parece genial. Nunca van a cantar a lo mejor en el García Lorca o en el Carlos Marx, pero van a ser mucho más felices porque la cultura tiene esa gracia, tiene esa magia que es tocar dentro del espíritu lo mejor del ser humano. Siempre pongo el ejemplo de mi familia. Nosotros somos tres: una bióloga, otra es economista y yo que me dediqué a esta parte, como dicen, “culturosa”, pero sé que mi hermana bióloga es mejor profesional porque desde chiquita dio clases de ballet, dimos clases de piano. Hoy no es ni pianista, ni bailarina, pero eso la acercó a una manifestación cultural y la hizo mejor persona. La hizo más culta, y una bióloga culta no es igual que una inculta. Una economista culta no es igual que una inculta. Mi casa siempre estuvo llena de libros. Si leyeron más, entonces son mejores en sus profesiones, aunque no tengan que ver directamente con la cultura. Eso me parece buenísimo y creo que la UNEAC ha hecho un gran trabajo en este sentido. La gente entiende más. Ahora cuando vean los resultados del congreso, esos que están vinculados a la cultura comunitaria, van a entender más de lo que se hable. Considero que el congreso sí puede llegar a todos y de alguna manera ayudar a todos.

¿Cómo este proceso ha aguzado los sentidos, la mirada profesional de Magda González? También, ¿de qué te ha valido la pertenencia a un gremio, a una unión que desborda el marco puntual de un congreso?

Pregunta difícil más en este momento que me estoy yendo de la UNEAC. Me estoy yendo no por algo con la organización. Me acuerdo cuando me dieron este trabajo, fue Sergio Corrieri, que era el presidente de la comisión del congreso anterior, no entendí nada. “¿Qué hago yo como filóloga, realizadora de televisión, de cine, de audiovisuales, con la economía?”. Yo que detesto la matemática. Mis peores notas siempre fueron las de matemática. Le repliqué: “Sergio, ¿por qué?” y me dijo: “hace falta, Magda” y eso de “hace falta” yo entendí que era una misión y me lo tomé en serio. Como en serio me tomo casi todo. Ahora la gente me comenta: “estás hecha una especialista en leyes y en economía”. Yo detesto el lenguaje árido de las leyes. Soy filóloga. A mí me gusta el lenguaje poético, el lenguaje florido, ese que es fértil. El otro a mí me parece árido totalmente. Pero entendí a Corrieri cuando me dijo: “hace falta”. No sé, quizá él pensó: “esta se va a meter de cabeza en estos temas que nadie quiere”. Porque cada vez que me encuentro un músico me dice: “no, yo no quiero leer leyes. Quiero leer partituras”. Le respondo: “yo también quiero leer guiones. Quiero ver películas. Quiero leer libros, pero esto hay que hacerlo”. Y así lo he hecho en estos seis años y, aunque ahora ceso en mi función, estamos terminando una etapa y voy a seguir cerca del tema. Pero sí tengo que alejarme porque me toma mucho tiempo. Como no soy economista, ni soy jurista, me cuesta más trabajo eso que dicen “porque tú estás hecha una jurista”. Sí, pero son muchas horas de tratar de entender y de que me expliquen por aquí y por allá. Realmente he estudiado. Casi que he hecho un máster, yo diría de economía y legislación, cuando no es mi interés, ni me resulta atractivo. Lo he cogido como una misión, única y exclusivamente. Entonces necesito descansar porque ya tengo 58 años —acabo de cumplir— y quiero hacer cosas. Deseo hacer guiones, películas. Me encanta contar historias: es lo que más disfruto en mi vida. Me encanta dirigir actores. Necesito tiempo para hacer esas cosas. Y ya te digo, no voy a estar lejos. Estoy aquí. Además, lo que he acumulado en saberes lo pongo —se lo dije a Miguel Barnet cuando le comenté que no continuaba— a disposición de la Unión porque siento que ella tiene un papel muy importante en todos estos cambios y tiene que seguir siendo la representante principal de los creadores y los artistas. Lo que pueda hacer por eso, por supuesto lo haré porque tengo sentido de pertenencia, no solo con la Unión, sino con mi país. Creo que todo lo que podamos hacer va a ayudar a Cuba y al sistema socialista. Quiero que mis nietos se críen en el socialismo. Por tanto, yo también estoy por un socialismo más próspero y sostenible. Es por ahí. Me da un poco de tristeza porque es como un cierre, pero sé que va a ser un cierre para bien. Ya te digo, voy a seguir colaborando muchísimo en esto. Y veo caminos. Logramos abrir caminos, relaciones con todas estas instituciones. Confío mucho en lo que vaya a pasar.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato