Alejo Carpentier, al igual que Gabriel García Márquez, fue uno de los fervientes defensores del mambo de Pérez Prado en el gran momento en que estallaba en medio mundo. El mambo de Pérez Prado explota en 1949 con dos cañonazos: ¡Qué rico mambo! y Mambo No. 5.

Como toda música que conquista el mundo, tiene a su vez detractores, escondidos detrás de las columnas. El mambo no fue la excepción. Fue catalogado como un baile inmoral, indigno de ser bailado por una señorita recatada. 

Pérez Prado fue catalogado como una verdadera encarnación del diablo que va incendiando al mundo. El cubano se atrevió a interpretar una música parodiando al Himno Nacional de México. El mambo fue prohibido por algunos medios eclesiásticos, sobre todo la obra Patricia, grabada con un órgano de iglesia. Después la llevaron como banda sonora de la película La dulce vida de Federico Fellini, un verdadero escándalo internacional.
 

Dámaso de Jesús Pérez y Prado
La música del Rey del Mambo la denominaron “frenética”, “primitiva”, “estrepitosa” y “desquiciada”
 

Carpentier se atrevió a defender esa música en 1951. Siempre fue un defensor de las músicas de pueblo, decía:

“Amigo mío, el público no se equivoca nunca. Y la prueba de ellos está en que las obras que ha consagrado desde el principio han perdurado y se han hecho inmortales…Además, los jóvenes se equivocan en lo que niegan, pero nunca en lo que afirman”.

Estas tesis de Carpentier fueron publicadas en el periódico El Nacional de Caracas, del 24 de febrero de 1951 donde escribió resueltamente:

“Soy partidario del mambo, en cuanto este género nuevo actuará sobre la música bailable cubana como un revulsivo (medicamento), obligándola a tomar nuevos caminos. Creo además, como esos mambistas convencidos, que son Sergiu Celibidache, Tony DeBlois, Abel Vallmitjans y otros, que el mambo presenta algunos rasgos muy dignos de ser tomados en consideración”.

El musicólogo habanero expuso tres puntos en defensa del mambo:

1-Es la primera vez que un género de música bailable se vale de procedimientos armónicos que eran, hasta hace poco, el monopolio de los compositores calificados de “modernos” y que, por lo mismo, asustaban a un gran sector público.

2-Hay mambos detestables, pero los hay de una invención extraordinaria, tanto desde el punto de vista instrumental como desde el punto de vista melódico.

3-Pérez Prado, como pianista de baile, tiene un raro sentido de la variación, rompiendo con esto el aburrido mecanismo de repeticiones y estribillos que tanto contribuyó a encartonar ciertos géneros bailables de este tiempo.

Del 8 al 11 de diciembre, organizado por el investigador y  dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, se celebrará en Matanzas un soberano homenaje en grande a Pérez Prado en su centenario. Propondrán un amplio programa de presentaciones de libros relacionados con el mambo y Pérez Prado y una serie de conferencias de Sergio Santana, Rosa Marquetti, Radamés Giro, Gloria Torres y este redactor.

Matanzas es la provincia creadora del danzón (madre de muchos ritmos cubanos) y junto a La Habana trajeron al mundo la rumba (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad). En la tierra yumurina nació Pérez Prado, Rey del mambo; se creó el más famoso conjunto del mundo La Sonora  Matancera y nació uno de los arquitectos del son moderno, Arsenio Rodríguez.

La música popular cubana hay que protegerla porque es el alma de la cultura cubana, según dijo el intelectual Guillermo Rodríguez Rivera.