Apenas reponiéndonos de las despedidas de Francisco Morín o Pepe Triana, nos llega la noticia del fallecimiento de Alicia Bustamante, a sus 83 años. Reconocida como una presencia siempre grata, afincada en su versatilidad, vis cómica y organicidad a prueba de balas, esta actriz, maestra y directora deja un halo de excelente recuerdo desde sus numerosas apariciones en el teatro, el cine y la televisión. Ligada durante buena parte de su vida al Teatro Musical de La Habana, interpretó una amplia gama de roles, pero quizá ninguno le fue tan a la medida como el que Héctor Quintero creó a su imagen y semejanza. Cuando ella se metía en la piel de Esperanza Mayor, protagonista de la comedia Sábado corto, no podía recibir sino premios, risas y elogios infinitos. Su imagen de esa cuarentona que encontraba el amor a lo largo de una jornada en la que su casa era visitada por los personajes más diversos le granjeó un nuevo impulso a una carrera ya respetada, que incluía apariciones en filmes como Tulipa; La muerte de un burócrata; o Un día en el solar.

Alicia Bustamente
Alicia Bustamente. Foto: Cortesía del autor

 

La Bustamante (ella era de esas pocas actrices que solía ser identificada de inmediato por su apellido de tanta resonancia), era una comediante de alto vuelo, que se vinculó al teatro a inicios de la década del 60 tras haber cursado estudios de pedagogía. Ascendió en compañías como el Conjunto Dramático Nacional, y La Rueda, antes de pasar a Teatro Estudio. Además cursó estudios musicales en el Conservatorio Amadeo Roldán, lo que le permitiría asumir el canto como parte de sus apariciones. Ya en los 70, sobrevive a la Parametración y se vincula, en 1978, al Teatro Musical de La Habana, donde gana el favor del auditorio apareciendo en sonados éxitos, como la revista Esto no tiene nombre, concebida por Héctor Quintero. El autor de Contigo pan y cebolla y El premio flaco añade a sus ya famosas protagonistas (Lala Fundora e Iluminada Pacheco), el nombre de Esperanza Mayor, en Sábado corto, y es ella quien lo asume. En alguna entrevista comentó que el día más feliz de su carrera fue el del ensayo general con público de esa obra costumbrista, donde pudo mostrar todas las escalas de su virtuosismo.

Paralelamente, volvió al cine, con apariciones de importancia en filmes como Cecilia; Plaff o demasiado miedo a la vida y Adorables mentiras, o dejándose ver en apariciones especiales en títulos como Clandestinos o en la serie televisiva La rebambaramba. A inicios de los años 90 se convierte en directora del Teatro Musical de La Habana y comienza su amistad con la célebre actriz alemana Hanna Schygulla, y ambas crearán espectáculos como Entre dos mundos. Bustamante fue profesora de actuación en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, e impartiría clases y conferencias en Europa. Formó parte del elenco de otras obras cinematográficas, como Contigo pan y cebolla y Esther en alguna parte.

Ganadora de premios y reconocimientos en Cuba y otras naciones, Alicia Bustamante sabía conquistar la simpatía del auditorio con solo entrar a escena, sin abusar nunca de sus dotes actorales. En el año 2009 se presentó durante el Festival Internacional de Cine de La Habana el documental que Hanna Schygulla grabó para retener momentos de la vida y el carácter de la actriz cubana. Con 105 minutos de duración, es el repaso que una cámara privilegiada hace sobre los recuerdos y vivencias de una mujer excepcional. Quedan esas imágenes para recordarla con nitidez. Tras años de idas y regresos de París a La Habana, la Bustamante regresó a la capital de la Isla y acá falleció. Deja un poderoso recuerdo como artista capaz de representar el espíritu de lo cubano en su cotidianidad y al mismo tiempo en sus contradicciones. Respetada por distintas generaciones, los mensajes que la despiden dan prueba de cuánto se le admiró, algo que ella ganó con su naturalidad incombustible, con su manera de ser, sobre las tablas y ante la cámara, tan cercana a nosotros.