Dos de la tarde del sábado. Casi una hora antes, el público abarrotaba la entrada del teatro Astral. Casi una hora antes se escuchaban los gritos: “la 9, la 13, la 15”, en torno a sus parejas de baile preferidas. Finalmente, los presentadores Camila Arteche, Marlón Pijuán y Carlos Solar daban la bienvenida a quienes, afortunados, ocupaban los asientos, a quienes desde su casa serían testigos, un día después, del dúo ganador de Bailando en Cuba II, programa dirigido por Manuel Ortega para RTV Comercial.

Era una tarde llena de realismo mágico. Yo podía sentir las pulsaciones del público tatuadas en las paredes del Astral. Me había imaginado una escena así, pues Bailando en Cuba II figuraba como uno de los programas con más teleaudiencia en lo que a productos televisivos de este corte se refiere. Pero cuando me senté en las gradas y vi aquella multitud febril, aquel set con luces y escenografía que parecían hablarte, entendí que superaban cualquier ficción anterior.


La pareja 9, integrada por Daniela  Rojas O´Farril y Gleyner Jesús Delgado Nápoles,
fue la ganadora de Bailando en Cuba 2. Foto: Bailandoencuba.icrt.cu

 

“Elegancia, fuerza y perfección” era el slogan presentado en pantalla. Los matices lumínicos evidenciaban el concepto de espectáculo y por qué no, el carácter competitivo del show. A los lados, las gradas, excelente espacio para vislumbrar de manera más nítida los movimientos de los danzantes, como una suerte de zoom óptico. En la platea se ubicaba el grueso mayor del público: niños, jóvenes adultos e incluso adultos mayores que parecían danzar inquietos en sus asientos. Arriba, las cámaras o, dicho de otra manera, el ojo del espectador que, ora en su casa, ora en una cafetería —u otro sitio alternativo—, agradecería ser también un participante más. Y yo allí, inmerso en mis apuntes, de vez en vez miraba impaciente a mi compañera de al lado.

Hasta que se hizo la danza sin más preámbulos. Daniela Rojas O´Farril y Gleyner Jesús Delgado Nápoles, Zaida Liz Aymerich Medina y Jorge Luis Calvaire Cuba, Maydelis J. Martínez Romero y Eduard Zaldívar Valdés, parejas 9, 13 y 15, respectivamente, desbordaban la escena. Más tarde, el sonido de la conga subía la temperatura mediante la compañía danzaria Ballet Revolution, del coreógrafo cubano Roclan González Chávez. Plumas, ramas, pañuelos, colores emblemáticos de nuestra identidad como el blanco o el rojo… Alguien que no pudo contenerse los elogiaba así: “gracia a Revolution por hacer de la belleza su camino, y del gesto su palabra.”  

El primer baile competitivo era personificado por la pareja 9. Un tema de Alain Pérez servía como pretexto para darle un aire de cabaret (más aún) y un carácter teatral a la escena. Así lo corroboraban los sombreros, bastones y sillas que se movían casi solos en los cuerpos de Daniela y Gleyner. Los pasos de salsa llegaban tras una coreografía compleja, con reiterados giros y cargadas. Sin embargo, se notó sobre todo en la muchacha inseguridad, malograda terminación de los movimientos.

La pareja 15 viajaría desde Guanajay, Artemisa. “Conga pa´ cerrar”, ya no solo era el tema de Alexander Abreu y Havana D´ Primera, también la coreografía de Carol y Reinier para Eduard y Maydelis. Esta última fue todo fuego en escena: parecía que en cualquier momento su vestido naranja se quebraría como las cortinas del templo de Jesús tras potentes movimientos. Su ejecución no fue perfecta debido a algunos tropiezos; sin embargo, de todas maneras, Maydelis era vida, era esa “conga pa´ cerrar”. A Eduard… le quedó grande el listón. Su baile aceptable, pero pobre en sus transiciones, sin picos rítmicos.

Para culminar este primer cuadro, Zaida y Jorge Luis, vestidos de morado como aeromoza y capitán de un avión, respectivamente.  llegaban con uno de los temas icónicos de Juan Formell y los Van Van: “Mi mimi”, coreografiado por Espinola y El Chiqui. Gracias al baile elegante, bien logrado, audaz, daba la impresiòn de que los músicos de la aclamada orquesta estaban presentes en el escenario. Quienes vimos a esta pareja en la “zona caliente”, premiamos con aplausos la evolución de ambos.

Después de este primer acto solo quedaba esperar qué nos depararía el segundo y final de la competencia. Para ese entonces ya había dejado de escribir. Mi compañera de al lado sonreía entre nervios, parecía que disfrutaba bastante los números.   

“La televisión cubana necesita espacios con una mirada más abocada al espectáculo, al mundo del show, porque el cubano lo quiere, le gusta y lo disfruta”, dijo para los medios Susana Pous.

Ciertamente, Bailando en Cuba II era desde la primera temporada todo un espectáculo (con sus aciertos y desaciertos, que no son el objetivo de esta crónica). Y es por ello que cientos de personas se habían acumulado allí y gritaban desaforados: “la 9, la 13, la 15”. Parecía que eran ellos quienes obtendrían el lauro. Tal era la conexión con las parejas.

En pantalla se proyectaba ahora un collage de escenas vividas por el equipo de Bailando en Cuba II, en sus recorridos por múltiples lugares del país. Las actividades comunitarias con niños y abuelos, la visita a la escuela “Solidaridad con Panamá” creada por Fidel a fín de educar a niños con discapacidad mental y física… El auditorio se calmó un poco y quedó embelesado con las visitas de Roclan González a provincia, para conocer y registrar bailes tradicionales cubanos y grupos portadores de manifestaciones como la Tajona o el Changüí; o la clase magistral de Laura Alonso, quien no solo enseñó las posturas y partes técnicas del ballet, sino a nombrar los términos; o el recorrido guiado al Capitolio para descubrir parte de nuestra historia acumulada en sus recintos.


El teatro Astral contó con un gran número de espectadores durante cada edición del programa.
Foto: Periódico Victoria

 

Silencio. Los presentadores anunciaban el segundo acto final con la indicación de que el jurado ya podría dar sus criterios. Antes, se mostraron a todo brío las compañías dirigidas por cada uno de los jurados: Lizt Alfonso Dance Cuba, DanzAbierta, Santiago Alfonso.

Sobre una escenografía de azul y rojo, salía al escenario la pareja 15. La dramaturgia danzaria brotaba gracias a la música de David Blanco. Lourdes Ulacia, miembro del jurado, comentaba: "la cargada es importante, sobre todo la bajada". A decir verdad, el bailarín era incapaz de sostener el cuerpo de su partenaire. Amén de ello, tuvieron una linda interpretación, emotiva.

La pareja 13 gastó su última presentación en Bailando en Cuba II con una coreografía orientada hacia el universo de lo estrictamente teatral. Contaron la historia de dos personas que se aman y ven su sentimiento en peligro, ante una enfermedad mortal. El grito de Jorge Luis ante la pérdida sacudió a no pocos en el Astral. Fue un intento verdaderamente arriesgado, más aún cuando los intérpres desconocen los códigos teatrales, a lo cual se suma, en este caso, la complejidad de combinar el baile con el lenguaje del drama. La canción “La culpa” de Buena Fe, coreografiada por Espinola junto al Chiqui, los ayudó en la interpretación y ejecución de su rutina danzaria.  

La pareja 9 entraba a escena vestida de blanco, por sobre las risas que provocara la pérdida de la suela del zapato de Santiago Alfonso. Con el tema “Mi historia crecerá”, de Moncada y coreografía de Obdebil y Lilian, Daniela y Gleyner empezaban con una primera imprecisión debido a la caída y el paso en falso de la fémina.  Por lo demás, muy buena energía y comunicación danzaria, tras un número con alto nivel de complejidad. Al respecto, Lizt Alfonso acotó: “Nos arriesgamos cada día que salimos a un escenario, me alegro que te hayas levantado y seguido.” Susana Pous, por su parte, señaló: “cuando bailan, parece que son uno solo.”

Llegaba así el momento esperado por cientos de espectadores, el veredicto final. Mi compañera, a mi lado, me decía que su favorita era la pareja 9… Yo revisaba mis notas antes de apresurarme a elegir un ganador. Pero enseguida fui interrumpido por los gritos ya habituales: “La 9, la 13, la 15. La 13. La 15. La 9…” Y un sinfín de lemas y dichos de quienes apoyaban a sus simpatizantes. Yo ya tenía en mente una posible pareja ganadora, pero ante los ojos cuestionadores de mi acompañante, callé. De todas maneras, el jurado aún no se decidía. ¡A improvisar!, se escuchó el grito. 

Un popurrí de bailes tradicionales cubanos era la última oportunidad que tenían los bailarines para subir “las escaleras al cielo”. Porque detrás lo que había era eso, el nirvana de los campeones: las cámaras fijas, los anuncios, los premios, registrarse en el libro de los afortunados, quizás agenciarse una carrera, a partir de este resultado… Aunque, como la propia Susana Pous expresra: “Bailando en Cuba es para aprender y abrirles puertas para un futuro. La vida de un bailarín no es de tres meses, sino de muchísimos años. Yo misma necesito superarme, porque un bailarín no puede tener fin”.

A decir verdad, hubo de todo en ese popurrí; hubo de todo en aquellas parejas desde el punto de vista dancístico (hasta acrobático)… Y entonces cuando la música dejó de ser protagonista, cuando el baile ya no ocupó un lugar… se hizo poco a poco el silencio y Santiago Alfonso se dispuso a leer el dictamen del jurado: “Consideramos que la pareja ganadora, por el alto nivel técnico, calidad interpretativa y estética, más el gran trabajo que han hecho, es…”

Estallaban los gritos antes de que pudiera hablar: “La 9, la 13, la 15”.

“(…) La pareja número 9”, sentenciaba al fin el maestro Santiago.

Mi compañera de al lado, en un acto de euforia, cogió mis apuntes y los lanzó hacia el escenario. Llovían globos en escena. Gritos. Risas. Llanto. Las modelos de la compañía Egos, de Gysleda de la Barca, le entregaron a la pareja 9 un trofeo y cuadro de Javier Dávalos. Fueron reconocidos asimismo con medallas. Por último, la Crea Dance Fundation, de Barcelona, España, los invitó a formar parte del elenco de la coreografía Carmina Burana, de María Robina, en julio próximo.

Yo no sabía qué decir. Aunque creo que mi tristeza se volvió felicidad cuando la pareja 13, compuesta por Zaida y Jorge Luis, recibió el premio de la popularidad. "Bendita sea la elegancia que te atrapa y define", así los caracterizaba un aficionado, vía redes sociales. Ellos fueron también condecorados con la participación en el Festival de Salsa, de Cancún.

Cerraba así, con globos, risas, tristezas y mis apuntes sobre la escena, la segunda temporada de Bailando en Cuba, programa que, so pretexto del baile, estuvo dedicado a otras manifestaciones como la poesía o el deporte, con mayor o menor tino en términos de dramaturgia. Acercarse al mundo danzario, conocer de nuestras tradiciones concernientes al baile y a otras expresiones, pero sobre todo repartir alegrías a los televidentes de aquí y de allá, fue siempre su imtención.

Cerraba también sus puertas el teatro Astral y yo ponía punto final a esta crónica, pero todavía a la salida del teatro podía escuchar aquellos gritos: “La 9, la 13, la 15”.