Se suceden las Cartas abiertas por parte de la tendencia que prefiere magnificar los insultos a Martí, y a los símbolos patrios, antes que poner medianamente en peligro su nerviosa libertad de expresión. Paradójicamente, la primera conducta llama a limitar la libertad y el derecho legítimo de las instituciones, publicaciones y autores que no acepten sus puntos de vista sin el más mínimo condicionamiento. Tendenciosamente, por cierto, se obvian los hechos para dejar en el aire solo sus propias interpretaciones del asunto y se evaden, en evidente y cínico ejercicio selectivo, los motivos y el orden de las reacciones.


Captura del muro de Facebook de Dean Luis Reyes, donde fue compartida la carta.
El texto completo puede leerse al final de este artículo

 

Se revela sin más el objetivo de sacar del juego a quienes no se plieguen a sus perspectivas y osen preocupar siquiera los recintos de su casa tomada. Se ven a sí mismos como únicos pensantes posibles. Se absolutizan gremialmente y lanzan a priori toda conclusión. No hay uno que llame verdaderamente a diálogo y debate si no es a condición de aceptar sin condiciones su paquete de doxas.[1]

En todas y cada una de esas Cartas abiertas, y me refiero solo a las de quienes han alcanzado obra, reconocimiento y espacio en el propio entramado de la cultura desarrollada por el proceso revolucionario cubano, como Arcos, Reyes, Cid, Giroud o Vega, se advierte una furibunda campaña de fuerza que ha de negar a toda costa el proceder legítimo de la institución revolucionaria y, con ello, el legítimo derecho a la opinión de quienes, como yo, hemos sacado conclusiones distintas. Es curioso constatar cómo ninguno está dispuesto a aceptar que esta tendencia de opinión responda a las personas que así lo declaramos, sino a una norma de poder que dócilmente aceptamos. Los chascarrillos y denominaciones abundan en sus notas y las “perplejidades” nos cierran toda posibilidad. Ninguno, sin embargo, y en nombre del respeto a la obra y trayectoria, está dispuesto a respetar la mía, ni la de quienes no aceptamos su punto de vista: el solo hecho de contradecirlo, desbanca toda nuestra trayectoria.[2]

Y es además evidente que, si algo admiten de derecho para la institución, es aquello que linda con el corporativismo de la industria cultural que empodera el mercado liberal por mucho más tiempo y con muchos, muchos y muchos más ejemplos de arbitrariedades y censuras de lo que pueda reprocharse al socialismo, tanto en Europa de este, con el estalinismo incluido, como en Cuba. Por tanto, y sin más vueltas, al menos de mi parte, se trata de una conducta garante de las bases sistémicas del capitalismo. No salen a la calle, tal vez, pero sí a la Academia, a la cultura. Una conducta que, para más ver, se salta la opinión ajena y hace infantería en la guerra cultural de la que es objeto la revolución cubana. Ninguno, sin embargo, parece dispuesto a verse en ese plano, porque ninguno, desde luego, admite siquiera la posibilidad de estar equivocado en sus valoraciones. Son absolutistas y absolutos y solo el dogma de la negación a priori tendrá cabida en su especulación intelectual. Son autofágicos en la conceptualización asimilada y su alimento solo podrá proceder de ese, su propio cuerpo conceptual.

No soy el único, aunque acaso el hecho de haber publicado en La Jiribilla, donde he colaborado durante años, por cierto, ha provocado que se enfoquen en mi las alharacas de descrédito, ofensas y sucesivas reinterpretaciones y tergiversaciones espurias de lo escrito.[3] Los elementos del debate están, aun así, en blanco y negro. Y también el orden de los hechos, los trabajos, los días y las Cartas. Prefieren, eso sí, reconocer el derecho a auto magnificarse para una obra inexistente que denueste a Martí, antes que indagar en la obra de quienes no se le pliegan. Defenestran tildando al adversario de defenestrador, como pleiteros de barrio.[4] Devuelven lo que como amenaza interpretan, o sea, la opinión adversa, con amenazas mayores y juicios sumarísimos donde solo hace presencia el propio fiscal en que se erigen.[5]

Como las Cartas llegan, se suceden, se exaltan y “se etcéteran”, y mi pecado de ideólogo de la guerra (fría) cultural [6] me lleva a una picota de venganza y linchamiento (intelectual) masivo, o al menos gremial, dejo claro que saldría más allá de las murallas, a probar cuánto resisto al inmortal Aquiles, aunque Andrómaca sufra, sabiendo que el desafío de un mortal a una divinidad se paga no solo con la vida, sino con vejación sin límites, con la letra escarlata de quienes solo se sacian en su propio ombligo de dominación e intolerancia.

 

Carta abierta de Dean Luis Reyes
 

Notas:

[1] El primero fue Arcos, quien da por conclusivo e infalible su criterio, declarando incluso que nada más dirá, pero vuelve a la carga al descubrir que no se le obedece. Luego se exaltará Reyes, asumiendo en cada párrafo de su Carta abierta a La Jiribilla el método que dice criticar, y denostar. Le seguirá Cid, en ignorancia e irrespeto supinos, y sumará descarga Vega, en un intento por abrogarse, para sí y para su entorno gremial, el derecho revolucionario y martiano que ve de pronto cuestionado.
[2] Es de pensar que la mayoría ignore nuestra obra, centrados como están en magnificar sus propios cotos.
[3] Es cierto que Dean Luis Reyes interrumpe su despliegue de lugares comunes y reaccionarias diatribas para dedicarle un par de créditos de limitación a La Jiribilla y su director, Fernando León Jacomino, acaso preocupado por la coherencia del título de su Carta abierta.
[4] “Al menos en mi barrio tiene un nombre muy feo”, escribe Reyes, por ejemplo.
[5] Cid me niega la invaluable gloria de considerarme compañero y clama airado para dejar listo el escenario en el que deberé ser arrastrado ante las murallas de Troya, tras el carro de Aquiles.
[6] He publicado varios trabajos con este tema, lo que tal vez provoque la irritación de quienes fingen no saber que hacen de infantería en la guerra cultural, por ejemplo: Hay guerra cultural y es muy palpable en Cuba (http://www.lajiribilla.cu/articulo/hay-guerra-cultural-y-es-muy-palpable-en-cuba); Cuba y el paquete de guerra cultural (http://www.lajiribilla.cu/articulo/cuba-y-el-paquete-de-guerra-cultural); Especialización académica y guerra cultural en Cuba (http://www.lajiribilla.cu/articulo/especializacion-academica-y-guerra-cultural-en-cuba); Cae estrepitosamente intercambio cultural Cuba-Estados Unidos (http://www.lajiribilla.cu/articulo/cae-estrepitosamente-intercambio-cultural-cuba-estados-unidos). Trabajo en el tema desde antes, sin embargo, y Ciencias Sociales publicó mi ensayo Sentido intelectual en era de globalización mecánica, donde abordo teóricamente el fenómeno, entre otros temas.