Muchas veces, mientras conversaba con mis amigos en la barbería, o en el parque, yo veía pasar personas con un saco más extraño que el carajo al hombro; primero en un sentido, y luego en el contrario. A esas personas se les veía a la legua que iban reventadas, por el peso del matul. A mí aquello me tenía mal, pues no le encontraba explicación ni a jodía. Hasta que una mañana cojo y le pregunto a Minguí, que ese sí se las sabe todas, y me aclaró que el problema es que eran enfermos de escoliosis cargando “el salchichón del movimiento”, una medicina inventada por Iván Ferrate.


Foto: Cubierta del libro, premio Memoria 2007

 

¡Le zumba la carabina! Usted sabe que cuando una persona coge escoliosis se pone medio escorada, con un hombro más alto que el otro, y el remedio que Iván les mandaba a quienes lo iban a ver era el siguiente: les decía: “Mira, coge por ahí para allá, hasta casa de Cirilo Mederos, y dile que de parte mía te dé el salchichón del movimiento, entonces lo cargas en el hombro que no tienes tumbado y me lo traes hasta acá”. El famoso salchichón del movimiento no era otra cosa que un saco con diez ladrillos adentro y la boca amarrada, de una forma muy curiosa, que Cirilo preparaba y guardaba, pero que era de Iván. ¡Hay que tener mala entraña para mandar eso, porque Cirilo vive como a diez cuadras de casa de Iván! No, y lo peor es que cuando el infeliz enfermo llegaba adonde Iván, este le decía: “Ahora me coges el salchichón de nuevo, vas y se lo devuelves a Cirilo, de parte mía también”. Se caía de culo la bestia esa de Iván diciendo que así se les emparejaban los hombros a las personas, por el peso del salchichón, y también juraba por su madre que había curado a muchos. ¡Verdad que hay gente que no tiene gandinga!