Con el avance de las medidas de recuperación de la crisis política que ha emprendido la Revolución bolivariana en Venezuela, se ha acrecentado el entreguismo anexionista de la llamada oposición. Las opciones de golpe directo se han ido estrechando a pesar de que se insiste en la violencia artificialmente fomentada. Las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amenazando con intervenir militarmente el país, sirven como anuncio de complicidad para desarrollar tal estrategia entreguista. Se acude al argumento viciado de la ineficiencia gubernamental y lo peor es que pretenden hacer creer, mediante una propaganda que articula como dictadura al gobierno legítimo del Presidente Nicolás Maduro, que existe un consenso en la población venezolana para aceptar la intervención extranjera.


 “Se avecina en Venezuela una confrontación importante entre la legalidad
constituyente y el descrédito forzoso y falsificado”. Foto: Liliam Lee

 

Por lo pronto, han empezado a comparar el arsenal militar estadounidense con el venezolano, intentando que sectores de la población comiencen a ser presa del temor al exterminio, por la superioridad logística de los norteamericanos. El verdadero objetivo de este sofisma es conducir a la opinión hacia la aceptación de “el mal menor”, o sea, la intervención estadounidense. Es importante establecer esta matriz en la esfera de los patrones de juicio de la furibunda oposición, para arrastrar una parte del sector votante opositor que, en otras circunstancias, rechazaría el intervencionismo. De este modo, lo opositores, forzados por la circunstancia y acaso entusiasmados por la complicidad, dejan ver claramente sus verdaderos intereses: no les importa el país, sino el poder que abriría de par en par las puertas al incremento del enriquecimiento personal.

La privatización de las gestiones que el chavismo ha puesto al servicio de la población, como intentó hacerlo Julio Borges con la Misión Vivienda desde la Asamblea Nacional, espera a la vuelta de la esquina del intervencionismo.

La búsqueda de “la salida” aceptando la posibilidad de una intervención militar en Venezuela no solo revela el carácter entreguista de la oposición, sino las rutas que el socialismo bolivariano ha conseguido cortar con la Constituyente. La creación de normas legales para defender los logros de la revolución no debe depender del entramado legal tradicional, de la democracia de partidos políticos, que encubre en la falsa pluralidad la hegemonía de una élite.

Por el momento, se avecina en Venezuela una confrontación importante entre la legalidad constituyente y el descrédito forzoso y falsificado al que tantos organismos internacionales se prestan, incluidos los que se ubican en el supuesto grupo de “amigos naturales”. Es, como lo he dicho antes, el reto mayor de la Constituyente en su desarrollo al interior de la nación, en su búsqueda del verdadero equilibrio ciudadano y, sobre todo, en las garantías de paz que permitan a la Revolución bolivariana un balance autocrítico, libre de presiones de tufo electoral. Un balance consciente y revolucionario que cercene el error y apunte sin temores al objetivo alto: continuar radicalizando el tránsito hacia el socialismo.

Así esperamos que sea posible saltar este peligro intervencionista que ahora se ciñe sobre la tan vilipendiada —y gloriosa— Venezuela chavista.