Comenzaré hablando de las Artes Plásticas, porque entiendo que como experiencia estética refleja muy bien lo que quisiéramos poner en un primer plano para toda la población. La exposición montada en los altos del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso —colección del Consejo Nacional de las Artes Plásticas donde más de 50 artistas se han estado reportando en estos días—, es un esfuerzo que hace la institución por adquirir estas obras para que no solo contribuyan al patrimonio del artista, sino también estén puestas en circulación. Esas obras pueden ser apreciadas y disfrutadas, promoviendo otro tipo de experiencia estética de las más enaltecedoras: la de disfrutar de una buena obra de arte. Es lo que decía Miguel Barnet, no solo es defender el patrimonio, es ponerlo al alcance del pueblo. Está también la exposición Sin Máscara en el Museo Nacional de Bellas Artes, muestra extraordinaria de artistas cubanos sobre la huella africana en nuestra cultura.

En general, ha sido un verano con una mayor presencia de las artes plásticas, donde se han sucedido varias exposiciones. Asistimos a una de ellas en Granma; se mencionó la apertura de la galería en Sancti Spíritus y se abrió la de Mayabeque. Quedan también actividades muy importantes, como Arte en la Rampa con conciertos de importantes figuras como David Blanco, Frank Delgado, Roberto Fonseca, un encuentro con Gerardo Alfonso, presentaciones de libros y películas.

foto de Fernando Rojas
Fernando Rojas, viceministro del Mincult de Cuba. Foto: Cubadebate

 

La Colmenita estuvo en Santiago de Cuba. Se ha presentado el programa La Colmena TV, del que somos muy asiduos y tiene mucho que ver con el tipo de programa de participación que tenemos que estimular, libre de cualquier estereotipo o por lo menos propendiendo a ser libre de cualquier estereotipo y de copias de esquemas foráneos innecesarios; no por ninguna razón xenófoba o chauvinista, sino porque esa autenticidad de la que Barnet nos hablaba es esencial.

Estamos analizando un grupo de dificultades, como por ejemplo: las actividades para adolescentes no fueron suficientes; en determinado momento de las giras, incluso con agrupaciones de mucho nivel, hubo escasez de público en algunos lugares.  Creo —ojalá me estén viendo los compañeros del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello—que hay comportamientos de los públicos que debemos estudiar, porque no tiene mucho sentido que después de un gran esfuerzo con una agrupación se quede vacía una plaza; que se programe una actividad y después, porque no llega el transporte o no se programó bien, se suspenda sin informar a tiempo, y deja una gran insatisfacción.

Los talleres también hay que divulgarlos mejor porque es una opción muy enriquecedora.

Creo que una de las dialécticas más complejas de los esfuerzos en la programación cultural es ofrecer una programación variada, diversa y de calidad. Es lo que yo creo que hemos tratado de hacer, y al mismo tiempo hay que tratar de no molestar a la gente; aquí mismo tengo yo una queja de una fiesta popular —de esas 56 que Alexis mencionaba—, donde la persona se queja de que le pusieron al lado de la casa un quiosco con una música muy alta. Son cosas que vamos a analizar, a evaluar.

Me quedé admirado con el habitante del pequeño pueblo de Villa Clara que hablaba con tanta autenticidad y entusiasmo de la oferta que recibió, y al mismo tiempo me preguntaba: ¿Seremos lo suficientemente sistemáticos para mantener esa oferta? ¿Sucederá que al día siguiente allí no haya nada? Esa es la gran pregunta que tenemos que hacernos siempre. La existencia de insatisfacciones quiere decir también que a la gente le interesa la cultura. Eso es algo que forjó la Revolución en nosotros, eso no tiene vuelta de hoja. Entonces, si esa insatisfacción existe, tenemos que sentirnos más comprometidos y resolver ese problema. Hay que tener en cuenta lo que Morlote mencionaba de instituciones que se equivocan promoviendo algo de baja calidad, e insistir en eso que decía Miguel de reforzar el apego a las raíces, el rescate a la memoria, pero no el rescate frío, sino como él decía, de algo que se pone al alcance de la gente.

En ese esfuerzo por establecer jerarquías, hay que subrayar la contribución de los medios. Se trabajó la promoción más en sistema y han funcionado las carteleras, aunque todavía no tenemos carteleras como en nuestros años mozos, que recogían de manera más general la programación, eso es un defecto de nuestra programación; hay ejercicios como el de La Papeleta que están atenuando el problema, pero falta mucho por hacer.

Sabemos que hay adolescentes y jóvenes insatisfechos. Está este problema de a qué lugar voy con mi novia, que sea un lugar tranquilo, agradable, donde no me molesten, donde pueda disfrutar de una bebida y que sea asequible a mi salario, a mis ingresos; ese es el sentido de la apertura de instalaciones nuevas, pero tampoco estamos satisfechos. Creemos que los precios siguen siendo altos y tenemos que trabajar en bajarlos; pero también tenemos que resolver carencias culturales importantes con la educación, como dijo Morlote, sin prohibiciones, proponiendo ofertas más atractivas y promoviéndolas mejor porque a veces en ese mismo lugar agradable ese hipotético joven quisiera disfrutar de un producto musical o audiovisual de baja calidad, lo cual es un retroceso en la apreciación artística.

 Tenemos que trabajar al unísono en un mayor acceso a determinado tipo de instalaciones, seguir abriendo estas instalaciones, y lograr que tengan precios asequibles y ofertas de calidad que sea del agrado de nuestra gente y en particular de los más jóvenes. Vamos a seguir discutiendo estos temas. Hoy en el portal Cubarte se está abriendo un foro de discusión sobre esto para que las personas den su opinión. Pueden escribir también al Noticiero Cultural, al mismo correo electrónico que usa el noticiero para el intercambio contrapunteonc@cubarte.cult.cu. Vamos a seguir discutiendo estos temas y en próximos días (ya ha estado saliendo un spot), después de esta primera etapa de debates sobre el verano, vamos a abrir una discusión más general sobre la programación cultural, la vida cultural en cada comunidad del país y los niveles de satisfacción de nuestra gente. Nuestra obligación como representantes de las instituciones de la cultura es seguir atendiendo cada preocupación, cada inquietud; que las mejores tendencias de esta programación, más variada, más diversa, de más cantidad y también de más calidad, puedan convertirse en la tendencia, y que las insatisfacciones múltiples, reales y correctas que existen puedan ser atendidas y resueltas.

Transcripción: Ana Laura Martínez Almaguer