Decir René Fernández, Rubén Darío Salazar y Zenén Calero entre nosotros, equivale a trazar una línea de continuidad que va desde los padres fundadores del teatro con títeres y retablos hasta el presente del arte escénico en la Isla. Inoculado para siempre por la tenacidad y el rigor de los Hermanos Camejo y Pepe Carril y autor de un corpus dramático sin parangón dentro del género en Cuba, René supo mantener viva una tradición que germinó y se esparció por el mundo gracias a la labor de sus discípulos Rubén y Zenén, fundadores y puntales del Teatro de Las Estaciones y animadores culturales de una ciudad que, a las puertas de sus 325 primaveras, no puede vivir ya sin la inquieta y peculiar impronta de su quehacer titiritero.

El Taller se celebrará del 24 al 29 de abril de 2018, en la foto, sus tres artistas fundadores. Foto: Julio C
 

¿En qué se parece y en qué se diferencia esta nueva edición del TITIM a aquellos primeros intentos por sistematizar el encuentro?

René: Sin dudas desde el primer taller su naciente pensamiento fue, ¡podemos!  En todas sus ediciones y en esta, por mil razones, la caracterizará esa energía de voluntades. No podemos quedarnos paralizados. Cuando presentimos que ha llegado la hora de cambiar, comenzamos, inconscientemente a variarlo todo.  Se ha transformado porque esa ley es necesaria para crecer. La experiencia de cada taller nos enseña a encontrar el camino que nos permite seguir adelante.  Hoy la vida transita en momentos de cambiante modelo económico, que modifica habituales sistemas administrativos y creativos, y ese iniciático pensamiento sigue firme y ondeando en nuestros retablos. La vida está llena de misiones y en la de los titiriteros lo más significativo es que el títere viva. Son años sobre años y talleres sobre talleres, tirando lúcidas cartas y ganando méritos para los títeres cubanos. Siempre con honroso respeto a nuestro legado. Este 13 Taller se puede y no parecerse a otros, es difícil desprenderse de buenas historias, de prestigiosos maestros, de amistades cultivadas, del asombro de ingeniosos espectáculos, que después de muchas primaveras continúan revisitando nuestra memoria y dando el brillo a este significativo taller Matancero y de todos.

¿Se articula esta edición del Taller en torno a un eje temático específico? ¿Qué espectáculos no debería perderse el espectador matancero?

Rubén: No habrá un eje temático específico; nuestro evento es bienal, por lo tanto, estira cada vez más sus fronteras creativas en vez de achicarlas. Este año el país invitado es la hermana isla de Puerto Rico, una tierra por la que siempre los cubanos hemos sentido inmenso cariño. El Guiñol de Remedios Fidel Galbán, celebrará en el 13 TITIM sus primeros 50 años. Vendrán con un estreno (El agüita de todos) y un clásico de su repertorio (Raulín y las flores), ambos montajes con textos de quien fuera el líder de la agrupación que ahora lleva merecidamente su nombre. Tendremos cuatro segmentos en el programa muy bien delimitados, los talleres pedagógicos para profesionales y aficionados; el programa de espectáculos; los eventos especiales (exposiciones, conferencias, conciertos, hermanamientos, publicaciones, reuniones y entrega de premios) y el proyecto Zona en progreso: nuevos rostros del títere cubano, 6 directores jóvenes que expondrán sus trabajos en proceso ante un panel de especialistas nacionales e internacionales del arte titiritero.

Como curador y responsable de todo lo que podrá ser apreciado de Cuba y del mundo debo ser respetuoso, solo quiero reconocer públicamente que tendremos montajes y propuestas de calidad para todos los gustos, así que coloco las preferencias personales aparte, en mi propia selección de esta selección.

¿Crees que se aprovecha lo suficiente en Cuba la sabiduría de nuestros maestros titiriteros, incluida la experiencia y el prestigio del Teatro de las Estaciones?

Zenén: Me gustaría mucho decir que sí, pero no es verdad, y es una afirmación que hago con no poco dolor. La sabiduría también se anquilosa cuando no interactúa con otras sabidurías, sean estas pequeñas o gigantes. No tenemos una política de promoción, desarrollo y utilización de estas sabidurías en favor de todos. El TITIM apuesta por eso, también otros eventos en nuestro territorio, pero habría que hacer algo más desde las instituciones pertinentes, yo creo que es muy necesario.

¿Tendrá alguno de los grupos invitados presentaciones en otras provincias? ¿Gracias a quién o por qué no?

Rubén: Un evento, si quiere ser vital, tiene que tener los oídos bien abiertos, además de la vista y otros sentidos. Llegar hasta otros lares del país fue un reclamo de la edición anterior, donde solo tuvimos presencia en La Habana, aparte de Matanzas. Este año, además de la capital llegaremos hasta Villa Clara y Sancti Spíritus, Cienfuegos estuvo también entre nuestros proyectos, pero no pudo ser por razones ajenas a nuestra voluntad. Agradecemos en este empeño la aceptación de extender su visita a otras provincias del país a los colectivos y personalidades invitadas, y a los grupos y consejos provinciales de artes escénicas y direcciones de cultura de las regiones correspondientes.

¿Qué novedades trae Teatro Papalote a esta nueva edición de TITIM?

René: Teatro Papalote atrapa los recuerdos en Sobrevolando la creación, al presentar una exposición de memorables puestas en escenas de René Fernández Santana, diseñadas por Zenén Calero Medina, las cuales constituyen símbolos del colectivo en la significativa etapa de indagación de nuestra identidad cultural afrocubana. Será emocionante volverlas a apreciar en su expresivo conjunto armonioso de religiosidad y arte titiritero. También habrá el reestreno de un espectáculo distintivo de esa cosecha Los Ibeyis y el Diablo, en homenaje a los 25 años de estrenada, en esta ocasión interpretada por algunos de los titiriteros que la estrenaron en el año 1992 del pasado siglo. Y la reescritura de Ikú y Eleggua, hoy Se durmió en los laureles, fusión de clown y títeres que rejuvenece los paródicos mitos y leyendas de la muerte y la vida. Habrá también una contundente Calle de los Títeres, que es un presente simbólico de aquel 1er Taller Internacional de Títeres de Matanzas, en 1994.

Después de varias ediciones del TITIM, en las que participan cada vez más artistas de toda Cuba, ¿en qué medida sientes que ha irradiado su impronta al movimiento teatral cubano?

Rubén: Es un evento esperado, admirado y respetado por todos. Después de 24 años, que agrupaciones de una estética tan particular, por ejemplo, como La isla secreta, de La Habana, reconozca en nuestra programación afinidades con el arte que ellos cultivan, es realmente un regalo, y así nos pasa con escultores, diseñadores gráficos, cineastas, fotógrafos, bailarines y músicos, con una producción aparentemente distante al arte de los retablos. Irradiar es también llamar la atención sobre una profesión o un género artístico para dignificarlo y promocionarlo, creo que hemos logrado un positivo avance en ese sentido.

¿Cómo se articula el relevo generacional para el diseño titiritero en Matanzas? ¿Cuántos Zenén Calero pujan por imponerse, hoy que existe la carrera de diseño en el ISA y se han abierto caminos para la gestión con los cuales ni siquiera se podía soñar en tus años de principiante?

Zenén: Hay un problema con eso, todos los posibles relevos generacionales que yo he conocido, que no son muchos, quieren llegar a la cima de manera directa, sin pasar por los caminos, puentes y pasadizos de esta especialidad, y eso es totalmente imposible. Estudiar diseño en la Universidad de las Artes, es tan solo el inicio de la carrera, que se completa con la práctica artística, haciendo una obra entre aciertos y errores.

¿Cuál pudiera ser la causa de que la inmensa mayoría de las agrupaciones de títeres y para niños de Cuba no logra sostener un elevado nivel artístico?

Rubén: Es una pregunta que en su cuestionamiento lleva implícita una calificación, entonces creo que es una apreciación que se sale de los lindes del teatro de títeres y para niños, que bien podría valer también para el teatro con actores dedicado a los adultos, las compañías de danza o los conjuntos musicales. Sostener un elevado nivel artístico es una tarea ingente, un reto para cualquier manifestación artística, y la causa de la dificultad en su logro nunca será una, pues hacer teatro depende casi siempre de múltiples voces y acciones. En esa batalla estamos buena parte de los titiriteros cubanos, y las palabras exactas para alcanzar la victoria tienen que ver con nutrir, resistir y mantener, en ese orden.

¿Cómo vislumbras el futuro del títere en Matanzas y en Cuba, ahora que tus discípulos más cercanos brillan junto a su maestro en lo más alto del retablo nacional?

René: Siempre nos hacemos esas preguntas acerca del futuro de nuestro arte y para tranquilidad lo pronosticamos esperanzador.  Es difícil hacer evaluaciones sin caer en la subjetividad. Para los que hemos vivido su historia sabemos que el paisaje titiritero nunca ha sido el mismo y eso es bueno para su mejora y progreso.  Hemos tenido una trayectoria muy accidentada y esas encrucijadas nos han hecho encontrar nuevos sentidos a su existencia. Ya no están con nosotros muchos de nuestros originarios y continuadores maestros, ni se aprecia vitalidad en los grupos iniciáticos, existen proyectos inestables y se mantienen sólidas agrupaciones significativas. Nuestro movimiento ha crecido en sueños, eventos y acciones titiriteras de marcada significación instructiva. Lo que no se ha hecho realidad es la necesaria escuela de formación titiritera, y no voy a ir atrás porque me obstaculiza mirar el presente. Siempre la mirada a Matanzas en el mundo de los títeres ha sido y es, aguda y representativa, en ella se conjugan muchos valores fundacionales, a veces enigmáticos, pero también de basamentos técnicos y artísticos en la formación del creador y por qué no, del artista de nuestro arte.  En esta ciudad siempre hemos hecho un títere con el ardor de su geografía natural, con la pasión de lo creativo en su gramática literaria y anatomía visual. Si vamos a su memoria y actualidad tenemos mucho que relatar, para mí lo más significativo es la persistencia de ese arte en manos de nuestros maestros, continuadores y seguidores, donde la sucesión de generaciones y las diversas e innovadoras miradas trasgresoras de ese arte han conformado una legítima obra para la Cultura Cubana. La herencia sigue viva y se carga de acciones transformadoras que marcan el nuevo ideario creador titiritero.  Considerando un ejemplo de ello, en esta edición está el espacio creador Zona en progreso: nuevos rostros del títere cubano.