Llegar a una edad avanzada es un triunfo. El triunfo se convierte en cetro cuando se ha vivido con intensidad y a la vida le hemos dado un sentido. El cetro se convierte en aureola, si nuestros sueños salen de la intimidad de nuestro hogar y se posan en otras almas, si nuestro jardín se transforma en llovizna que alimenta otros jardines.

Entre vejez y ancianidad hay una notable diferencia. La vejez es mera acumulación de los años; la ancianidad, sabiduría acumulada a lo largo de los años. Sin embargo, para que una persona alcance la sabiduría, no puede faltarle la juventud de espíritu. No basta con que tenga conocimiento  inteligencia y experiencia, si no asume la vida con vitalidad, si carece de energía juvenil para entender el presente; es decir, un maestro retrógrado e intolerante que en vez de enseñar a sus alumnos, les hace la vida imposible, como aquel  Profesor Basura, personaje de la novela homónima de Heinrich Mann.


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Hoy cumple 95 años una reina con cetro y aureola; una maestra con sabiduría que aún nos enseña y nos incita al atrevimiento; una mujer que trascendió su tiempo y nos muestra cómo trascender el que ahora vivimos: Carilda Oliver Labra, hija ilustre de Matanzas, Cuba y Latino América.

Su poesía es conocida en todo nuestro continente y más allá de su geografía, no solo por poetas, críticos, artistas e intelectuales, sino también por la gente de pueblo. Me han dicho en paradas, terminales, listas de espera, ómnibus, trenes, casas, centros de trabajo: “Así que vives  en Matanzas y eres poeta. ¿Conoces a Carilda? Cómo me gustaría conocer a esa mujer. Me encanta su poesía”.

 La poesía de Carilda ha llegado al pueblo porque sin ceder en calidad y excelencia, sin llegar a ser simplista y populista, y mucho menos ligeramente versificada, es una poesía que ha logrado un alto nivel de comunicación.

Desde Al Sur de mi garganta hasta sus últimos poemas hay una frescura en el lenguaje, una fluidez exquisita, un agua cristalina que aunque pase por los más amargos temas, no se contamina, una musicalidad que emerge de un ritmo particularmente femenino. Poeta que mezcla con autenticidad el neoromanticismo, el lirismo y el coloquialismo, los cuales trasciende para crear su estilo propio. Si bien es cierto que encontramos una zona de contenido amoroso y erótico, uno de los aspectos más significativos en toda su obra es la erotización del lenguaje lograda con maestría, a través de la cual la autora establece una relación que, según Severo Sarduy, no tiene que ser necesariamente sexual, sino una relación de seducción-posesión entre texto y lector.


 

No obstante, Oliver Labra no se limita a los temas mencionados. Se preocupa por su entorno, por su patria, por su historia, por el mundo. Canta a su ciudad, a los mártires, a Fidel. Se preocupa por todo, pues una poeta como ella sabe que la poesía está en todas los momentos, una poeta como ella sabe que en cada realidad hay una dimensión especial que se llama poesía. Así ha logrado un universo admirable, pero a mí entender lo más admirable de ese universo es el desenfado, el desprejuicio, la valentía; lo más admirable es saber que la poesía es más que palabras, más que escritura, más que preocupación estilística, pues aunque una obra como la suya ha requerido de herramientas certeras, su logro ha estado precisamente en una actitud poética ante la vida.

Hoy Carilda Oliver Labra cumple 95 años y recibe un regalo especial: la Orden Félix Varela de Primer Grado. Sabemos muy bien cuánto significa Varela para nuestra cultura y cuánto significa la condecoración para quienes la reciben; pero también sabemos que el mejor premio que ha recibido Carilda es el de su propia obra, el de sus lectores.

En su poema Hallazgo de la vida, César Vallejo habla de la capacidad del poeta para no dejar de sorprenderse. Creo que Carilda nunca ha perdido tal capacidad. En este texto Vallejo termina diciendo: “Dejadme, la vida me ha dado en toda mi muerte”. En nombre de Carilda Oliver Labra y de todos aquellos que como ella iluminan el firmamento, yo digo: “La vida me ha dado en toda mi vida”.

 

Palabras de elogio a Carilda Oliver Labra en su 95 cumpleaños, momento en que recibió la Orden Félix Varela de Primer Grado.