Seré breve. La vida se aligera y el lector agradece —en internet— lo que puede leer en dos minutos. Acabo de leer la carta abierta de Dean Luis a la Jiribilla. No me gustó el lenguaje. Está escrito con saña, con rencor, como si cada palabra intentara ser un golpe. No se escribe con golpes.

Voy a los ejemplos:

1.-“La dentellada inicial de Pérez” (no me gusta “dentellada”. Y no me gusta que utilice el apellido Pérez ¡15 veces! ¿Por qué no dice Jorge Ángel? ). La intención es clarísima.

 2.- “Los teóricos de la guerra fría cultural de La Jiribilla”. (Me resulta irónico e irrespetuoso, totalmente desmedido en “una carta abierta”).

3.- “Que su cargo de hermeneuta titular”. (Es la irreverencia constante, es la ironía que, como telón de fondo, persiste a lo largo de casi todo el texto).

4.- “Este sujeto…”. (Otra referencia que peca contra la altura intelectual de quien contiende).

5.-“Ya quisiera La Jiribilla contar con la autoridad moral o intelectual necesaria para emprender una vindicación de esa naturaleza”. (Otro error. ¿Si no tiene La Jiribilla autoridad moral o intelectual por qué emplear tanto tiempo y tantos párrafos en una respuesta?).

6.- “Un intelectual que reúne más méritos que todos los comisarios de La Jiribilla juntos”. (Otra vez incisivo, áspero, insultante).

7.- “Infantilismo intelectual”. (Más de lo mismo. Falta altura en la carta, falta exquisitez, concepto).

8.- “Asalariados dóciles al pensamiento oficial”, (Ya se hace reiterativo…, aún más ofensivo).

9.- “Como suelen hacerlo cada vez que conviene a sus amos”. (Otra vez el pecado del concepto, de la no elegancia, de la carencia de distinción artística).

10.- “Y ya que Pérez y La Jiribilla demuestran una ignorancia inmensa…” (o sea: además de todo lo dicho hasta aquí, ahora también son ignorantes, que sin embargo merecen largos párrafos de una respuesta).

No me parece seria la carta de Dean Luis. Tuve algunas esperanzas cuando leí en su texto que “Donald Trump, que tanto preocupa a Pérez, debe estar muy feliz por ver cómo nos arrancamos las tiras del pellejo por cuestiones que, definitivamente, deberíamos resolver con un diálogo comprometido”. Pero en la carta de Dean Luis no hay diálogo comprometido, ni siquiera diálogo. Es un texto irrespetuoso, grosero, totalmente descortés, y así no se construyen puentes.

No entiendo por qué Dean Luís menciona ¡15 veces! el apellido Pérez y hace una casi esquiva referencia a Martí: sólo tres veces… ¿No es José Martí el origen de todo este intercambio? Lo cierto es que no respiré en el texto de Dean Luís ese diálogo sereno y comprometido al que hace referencia. Respiré lo contrario.

Por cierto, las pocas veces que menciona a Martí, tampoco utiliza su nombre. En fin, que le falta altura. Si yo fuera árbitro —ya que Dean Luis insiste en contender, no lo dudaría—. Levanto la mano de La Jiribilla. Fue la Jiribilla quien tuvo la altura —moral, ética— de publicar el diálogo de la película. Ese —y no otro— es el origen de todo este “diálogo comprometido” que propone (a la vez que impide) Dean Luís.