En tiempos donde se habla de generación Y o Millennials, para referirse a las personas que nacidas desde la década de los 80 y 90 del pasado siglo —aunque hay quienes consideran a parte de los finales de los 70—, hasta la fecha se han adaptado rápidamente a la vorágine tecnológica de las últimas décadas; tal vez, para algunos, leer un libro en su forma convencional resulte una práctica que cae en desuso.

No se trata de que esa costumbre se haya perdido, pues aún existen muchos que todavía prefieren perderse horas enteras en esos instantes, casi mágicos, que nos brinda la lectura desde sus primeras líneas.
 

 Leer un libro en su forma convencional resulta una práctica que cae en desuso
Foto: James Pebook/Coaching-tecnologico
 

La pregunta es si más allá de los gustos y preferencias literarias personales, desde el punto de vista institucional, se incentiva a que la lectura continúe como hábito que sobrepase el mero hecho de ir a la biblioteca o librería porque se tienen que realizar los deberes escolares.

No es secreto que en su mayoría los más jóvenes acceden por la vía digital a numerosos textos sin necesidad de llegarse hasta esas entidades.

La digitalización de documentos es un proceso que en Cuba llevó algunos años dando sus primeros pasos, pero todavía falta bastante por recorrer en ese costoso procedimiento. Por tanto, mientras, sea válido reconocer a tantos soñadores que a lo largo y ancho de esta isla antillana jamás paran de crear y reinventar espacios para promover la lectura.

De peñas y empeñados por la literatura

Camagüey, a lo largo de la historia, ha sido conocida por ser tierra natal de grandes de las letras hispanas. Incluso cuna de la Literatura cubana porque aquí se escribió en 1608 el poema Espejo de Paciencia, texto considerado como la primera pieza literaria escrita en la Isla, por Silvestre de Balboa durante su estancia en la otrora Villa Santa María del Puerto del Príncipe.

Sobresale la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, la Tula, esa mujer que supo coronarse con su obra y constancia como una de las figuras cimeras de las letras hispanas del siglo XIX, aun a contracorriente de los rígidos cánones de la época en que le tocó vivir. Nicolás Guillén, Poeta Nacional, trascendió igualmente fronteras; y otros más.

Es una rica tradición que bien merece ser reverenciada a través de la promoción del hábito de leer, y que para suerte de las nuevas generaciones no deja decaer en esta tierra las iniciativas de numerosas instituciones del territorio con ese fin, entre ellas, con especial protagonismo, la editorial Ácana, las librerías del centro de la ciudad y la biblioteca provincial Julio Antonio Mella.
 

Paradiso café, al interior de la librería Antonio Suarez. Fotos: Liset Fernández Torres/Radio Cadena Agramonte
 

Según explicó Yenisleidis López Delgado, especialista en promoción de Ácana, en Camagüey existen 36 peñas literarias, de las cuales 12 se desarrollan para los más pequeños, principalmente en las escuelas y los fines de semana en la librería Antonio Suárez, ubicada en el paseo peatonal de la Calle Maceo del Centro histórico de la urbe, a la que se suma el talento artístico del Consejo de Artes Escénicas con la actuación de magos y payasos.

Entre las más antiguas están “Meñique” y “Tilintintín”, ambas en centros docentes y conducidas por la narradora oral Zaida Montels y el mago Cintras, respectivamente, por solo citar dos ejemplos de ese trabajo y de cómo logramos que se motive la pasión por la lectura de una manera diferente, agregó la interlocutora.

También en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, el escritor Yoan Pico realiza su peña “Expedición a Castalia” y en escuelas especiales donde se educan a niños autistas o con síndrome de Down, explicó la especialista.

De igual forma comentó sobre el “Sábado del Libro”, que se realiza el primer sábado del mes, una actividad que tiene como objetivo presentar textos bajo el sello de Ácana y otras publicaciones del sistema de ediciones territoriales, aunque los de la referida editorial disponen de mayor representatividad.

Nuestras actividades las insertamos también en otros espacios como la Asociación Hermanos Saíz, la Oficina del Historiador de la Ciudad y el Centro Provincial del Libro, precisó.

Otras son en la filial de la UNEAC, donde su presidente Sergio Morales hace el espacio “Poema de viernes”, y el escritor y crítico de arte Jorge Santos Caballero, su peña “Conversando en el Café” y “Pluralidades”, esta última devenida zona para reflexionar en torno a la literatura contemporánea, la política, las cuestiones
socioculturales y las proyecciones artísticas en el territorio agramontino, añadió.

Para todas las edades

La biblioteca provincial Julio Antonio Mella es otra institución que se suma a las actividades de promoción de la lectura y en especial destaca “Para Vivir”, principalmente para personas de la tercera edad, porque incluye, además de la lectura, la música clásica a cargo del Dúo A piacere con melodiosa combinación entre el piano y el contrabajo.

“Es gratificante ver cómo en cada encuentro son numerosos los ancianos que se suman a esta actividad, y en ocasiones también personas jóvenes, los que se unen a la lectura en colectivo, intercambian experiencias para mejorar la calidad de vida, y se crean nuevas amistades”, dijo Liang Joa Figuerol, especialista en comunicación de ese centro.

Agregó que mantienen estrechas relaciones con la Sociedad Cultural José Martí y realizan la peña “Lunes de La Liga”, dedicada a promover las acciones literarias de esa organización.

De igual manera tenemos en la Biblioteca actividades con las escuelas de toda la ciudad e incluso los círculos infantiles, comentó.

Desde la comunidad, los promotores culturales

William Emilio Agüero López es una de esas personas que en las mayores dificultades ve una meta a vencer si de actuar para mejorar la calidad de vida de las personas se trata.

Promotor cultural, en 2009 funda el proyecto comunitario de rescate de valores “Se hace camino al andar”, en el Consejo Popular La Belén, donde él habita y que está ubicado en la periferia de la ciudad de Camagüey.

“Cuando decidí crear mi proyecto lo que más deseaba era ver a mis vecinos y conocidos todos unidos desde la cultura, para así echar un poco al lado las dificultades que tenían algunas familias disfuncionales con problemas de alcoholismo, prostitución o las que habían cumplido sanción judicial. Ver que al cabo de los años he logrado resultados positivos con mi accionar me da mucha felicidad”.

Artes plásticas, danza, teatro y, por supuesto, la lectura mediante el intercambio de libros o lecturas en grupo, son actividades que con el apoyo de los instructores de arte han permitido que muchas sonrisas reaparezcan en los rostros de personas antes desorientadas por sus problemas sociales.

Un sí por la lectura

Si bien es cierto que en la era digital puede resultar mucho más cómodo adquirir cualquier información, el calor humano de actividades en grupo con ese fin hace mucho más placentera la entrega a una lectura, esa que nos hace vivir instantes casi reales.

Ya sea Millennials o Generación Y, por encima de todo debemos pensar que hay que explotar las capacidades que Cuba tiene para crear la oportunidad de simpatizar con todas las personas, más allá de las tecnologías, y justo al alcance está la vía perfecta para así lograrlo: la lectura y sus beneficios.