La Habana, 8 de junio de 2018

“Año 60 de la Revolución”

 

Querido maestro Roberto:

Aunque ya no tan cerca, como en un tiempo de enorme aprendizaje, a la vera de una de tus grandes construcciones, la revista Casa, me enorgullezco de tenerlo presente en un mismo tiempo histórico. Si he devenido editor, al frente de una particular aventura editorial, también, en buena parte, se lo debo.


 

Usted encarna para mí un modelo de verdadero intelectual, aun sabiéndolo ajeno a establecer modelos con su persona. Atento a todas las aristas de tu tiempo —difícil como todos, según me enseñaste que espetaba Borges a los suyos—, profundo conocedor de cómo los vericuetos del pasado iluminan las complejidades del presente, objetivo y optimista con el futuro. Y, sobre todo, comprometido; sabedor del peso incontrolable de la palabra pública y privada.

Perdóneme el tuteo: también por tu sólido, culto, universal dominio de los instrumentos específicos y tareas correspondientes del cultivo de la lengua para la poesía y el pensamiento. Tus poemas y ensayos, sencillamente, me acompañan. Y a veces, he tenido la dicha de escuchar tus versos en la hondura de tu voz magnífica —ah, aquella velada de poesía y música con Silvio en la sala Che Guevara de la Casa—. Asimismo, extraño tu finísimo humor y las conversaciones sobre la pelota.

Quiso el azar y "las precisas leyes" que compartiera junto a ti, y los colegas de Casa de las Américas, el mediodía del 17 de diciembre en que Raúl anunció la vuelta de los 5 y el camino hacia el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos. Me emocionó que alguien como tú, con tu recia y simbólica figura intelectual en Nuestra América, viviera ese momento, como un triunfo al fin de la batalla, entre tantos orgánicos peleadores vivos, y estuviéramos, además, en la Casa de Haydeé, la Casa de tantas anunciaciones que has ayudado a hacer y sostener.

Te felicito por tus 88, lúcidos y merecidos para una vida de plenitud en medio del combate.

Un fuerte y largo abrazo,

Omar Valiño