Anoche Dee Dee Bridgwater terminó su concierto entre el público. Antes había cantado “La música es la magia”, de Abbey Lincoln, con una energía que condujo a quienes la escuchaban a otro planeta. No era solo su voz, sino aquella forma de contorsionarse mientras pasaban por su cuerpo las ondas del trompetista Theo Croker y el Dvrk Funk, lo que iba controlando esos sonidos, como dándoles el toque final de un encantamiento.

Sin palabras, solo un aplauso prolongado y el estatismo de estar en otro mundo, hizo que la diva del jazz volviera al escenario de la Sala Avellanada del Teatro Nacional para una última canción. Bajó. Se dejó arropar entre quienes la saludaron. Y poco a poco, mientras se alejaba, una parecía retornar a tierra, y de uno de los momentos más espléndidos hasta hoy del Festival Jazz Plaza.

Desde su inauguración el pasado martes, el evento ha sido “un suceso tras otro”. La magia de estos días ha estado en la música que ha venido de muchas partes, desde los Estados Unidos —donde fue gestándose el género, aquel sonido de Nueva Orleans, con el que, como se ha reconocido en coloquios e intercambios en las jornadas del jazz, también contribuyeron varios músicos cubanos—, pasando por Puerto Rico, Italia, España, México hasta Isla Mauricio.  La música tiene una cartografía propia, elocuente y ancha.

El concierto de Bobby Carcassés en el Teatro Nacional junto al multinstrumentista norteamericano David Amram significó el momento de apertura del festival, al que le sucedieron otros acontecimientos  sublimes. Entre ellos, puede destacarse la presentación de Chucho Valdés “En familia y con amigos”. El pianista, que en el centenario de Bebo Valdés (1918-2013) ha culminado junto a Arturo O´Farrill el disco Familia: Tributo a Bebo y Chico, reunió en La Habana a músicos bien cercanos que poseen las mismas raíces, que comparten el mismo legado dentro del jazz. Por allí pasaron grandes exponentes del género, como Joe Lovano, quien regaló la pieza de otro referente para la memoria jazzística. Fue “Monk´s Mode”, de Thelonious Monk.

Fábrica de Arte, que suele ser un espacio más callado a la luz del sol, también se ha llenado de sonido durante las conferencias magistrales que se han sucedido allí. Aunque breve, fue  otra vez espectacular la aparición sobre ese escenario de Daymé Arocena. Después de un fragmento de “Elegguá”, siguió con “La rumba me llamo yo” y “Cómo” —que ella considera un tema pop dentro de los colores del jazz—, ambos de Cubafonía, y “Don´t unplug my body”, perteneciente a Nueva Era (2015).

La clase de Joe Lovano resultó un viaje espiritual a su vida, a sus influencias en el mundo del jazz y más allá de este, y a su estilo, del que varios han hablado a partir de sus interpretaciones y sus discos (Symphonica, Bird Songs, Classic. Live at Newport, Compassion: The Music of John Coltrane, por solo mencionar algunos de los últimos años), aunque él refirió que su definición musical es parte de una búsqueda que todavía no termina. “Siempre me aportan los músicos a los que me he unido a lo largo de mi existencia, aquellos del bebop y también los nuevos”.

Otros conciertos y diálogos podrían mencionarse. Con seguridad, cuando se haga una valoración de lo que ha sido el evento, lo que aún está por acontecer podrá incluirse. El festival está a medio camino.


 

Entre sábado y domingo, otros momentos aportarán su magia a estos días. El programa académico continuará en la Fábrica de Arte con intervenciones como la de Danay Suárez, quien ofrecerá sus Palabras Manuales (sábado, al mediodía) y dará paso a Ted Nash y César López en una clase magistral sobre el saxofón en el jazz. Luego, tocará el turno a Roberto Fonseca, quien como mismo lo ha experimentado en su carrera cruzará las sinuosidades entre el jazz y la electrónica.

En el ámbito de los recitales y jam session la ciudad será un hervidero. El sábado, a las 6:30 pm, en el Teatro Nacional (Sala Covarrubias) habrá otra oportunidad para acercarse al actual trabajo del pianista Aruán Ortiz, en el que continúa la síntesis de sonidos tradicionales de la Isla y de muchos lugares del mundo, dando muestra de la translocalidad del jazz hecho por cubanos. Quien ha tocado con leyendas de viejos y nuevos tiempos como Greg Osby, Esperanza Spalding y Cindy Blackman, viene junto a Mark Helias y el drummer norteamericano Gerald Cleaver. Ese mismo escenario recibirá luego al saxofonista Ted Nash.

Habría que buscar espacio para asistir al concierto de Marc Quiñones y Bobby Allen con 8 y Más el domingo 21, a las 9 de la noche en el Teatro Mella; a la presentación de Thomas and The Mo Zar Jazz, en las afueras de Cine Yara, ese mismo día, a las 6 de la tarde, sobre todo para quienes  quieran descubrir las conexiones entre el sega y el jazz, provenientes de Mauricio.

Los espacios sedes del festival no pararán en estas jornadas. La Casa de Cultura de Plaza, en las noches; el Pabellón Cuba, desde las 4:00 pm; la Fábrica de Arte y otros sitios como el Bulebar 66 y la Zorra y el Cuervo, serán todos dueños del jazz. La clausura reunirá el día 20, a las 9:00 pm, en la Sala Avellanada del Teatro Nacional a quienes han seguido estos sonidos. Tendrá el temperamento de Roberto Fonseca junto a X Alfonso.