Por la lucidez de las ideas que expresa y la fluidez de su escritura, solicitamos permiso a Karel Cantelar publicar como artículo este comentario suyo al texto  Como las cartas llegan, y Andrómaca teme a la cólera de Aquiles, de Jorge Ángel Hernández.

Esta “bronquita” sobre un material audiovisual donde se ofende la sagrada memoria de Martí, ya me empieza a cansar un poco, pues pienso que se le ha dado demasiada importancia a un realizador que demostró cuando menos una inmadurez galopante a la hora de tocar algo así. Sobre Martí, recalcar lo mismo: es sagrado para los cubanos, Punto. Cuando se intenta construir una sociedad basada en principios de altruismo e igualdad, con toda la imperfección y meandros del camino, hay cosas que son sagradas y deben estar protegidas por los principios. El derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la cultura, el respeto a los símbolos patrios más sagrados, el respeto a nuestra Historia, cuyo heroísmo es más grande que el tamaño de nuestra Isla y nuestra población, el derecho a la libertad no sólo como individuos sino como colectividad y como país, que es el derecho a la soberanía.

Dijo Robespierre, y tenía una razón aplastante: “La libertad de cada uno termina allí donde comienza la del otro”, y es ahí donde radica el consenso. Consenso no es hacer lo que me da la gana, si afecta u ofende a cientos de miles, a millones de compatriotas. ¿Sentirá el realizador como compatriotas a los que defendemos a toda costa la soberanía de Cuba? Sería bueno preguntarle, aunque yo espero que sí. No quiero arremeter contra Yimit ni contra Arcos, ni contra nadie en específico, pero sí quiero destacar una idea que ya lancé en un comentario al texto de Jorge Ángel Hernández, sobre la censura de la derecha.

Expliqué, y parece que mucha gente lo pasa por alto, que en el capitalismo sí existe la censura, que está disfrazada de falsa libertad de expresión. En primer lugar, la libertad de expresión del capitalismo es la libertad de expresión de los dueños de medios, y los dueños reales de los medios son muy pocos. ¿Cuándo va a entender mucha gente que los dueños reales de los grandes medios capitalistas no son cientos ni miles, sino menos de cincuenta en total? Más aún, de esos 50, 8 ó 9, aproximadamente, son dueños de más del 90 % de esos medios. ¿Tengo que repetir cómo se llama eso? Se llama monopolización, y es lo más restrictivo de la libertad de expresión y de la libertad de empresa que existe, porque un monopolio es una mafia extendida sobre un rubro, sea de producción material o de producción cultural, o pseudocultural.


 

Pero hay más. ¿Saben que cosa es un cártel? Es cuando los monopolios, las grandes corporaciones, se unen en una entidad englobadora en la que establecen precios y líneas de conducta, para no tener que competir entre sí y establecer una tiranía contra el resto de los que intenten sobrevivir en un tipo de empresa. Pues bien, los medios no sólo están monopolizados hace mucho tiempo, sino que están cartelizados. Esas entidades cartelizadoras se llaman fondos de inversión, y el mayor de todos no sólo engloba los medios de comunicación, sino en general el gran poder financiero del mundo occidental. Se llama Fondo de Inversión Vanguard, y allí están, desde las transnacionales del petróleo hasta las grandes empresas del Complejo Militar Industrial estadounidense, como la Lockheed Martin, la Boeing y la nefasta Asociación Nacional del Rifle, esa que impone a Estados Unidos que sea legal andar con un fusil de asalto como si se estuviera en guerra. ¿Saben quiénes están también en Vanguard? Pues Comcast, Disney, Warner Bross y todos los grandes conglomerados mediáticos del planeta.

¿Necesitamos acaso algún ejemplo concreto para darnos cuenta de las pertenencias, de los dueños? Ahí va: Los periódicos El Nacional y la Ceja, de Venezuela, pertenecen al Grupo Cisneros, grupo mediático de Gustavo Cisneros, magnate venezolano que no sólo posee medios de comunicación, sino empresas importadoras de bienes de consumo. ¿Creen que el Grupo Cisneros es independiente? Nada de eso. Pertenece a Univisión. ¿Sabemos lo que es Univisión? Supongo que sí, es el canal hispanoparlante más rico del planeta, con sede en Miami, y que impone su visión a toda América Latina. ¿Univisión es independiente? Tampoco. Pertenece a Comcast, el más grande conglomerado mediático del planeta, parte integrante de ese cártel de todos los grandes poderes imperiales, que es el Fondo de Inversión Vanguard.

¿Podemos entonces darnos cuenta de cómo funcionan las cosas? ¿Es que no somos capaces de darnos cuenta de cómo los titulares y los textos de las noticias falsas son idénticos en toda esa infame red de medios que responde a los intereses de un grupito reducidísimo de dueños que son exactamente los mismos monstruos de las casas financieras anglo norteamericanas? ¿No somos capaces de darnos cuenta de que existe una verdadera tiranía de los medios de Desinformación a nivel mundial?

Vea todos los textos de la polémica publicados en La Jiribilla 

El Fondo de Inversión Vanguard, donde se coaligan los poderes más espantosos del mundo, paga sus grupos de tanques pensantes para manipular la información e imponer una tiranía informacional y cultural al mundo entero, que incluso nos ha construido una Historia Contemporánea falsa, al gusto de sus intereses, para que repudiemos los intentos de construcción del socialismo, para que nos creamos horrores que nunca sucedieron y no veamos los que financiaron sus antecesores financieros, como la guerra de intervención contra la Rusia Soviética en 1918, la Alemania Nazi de Hitler, la Italia fascista de Mussolini y el fascismo español de Francisco Franco y Bahamonde.

Esos poderes coaligados en el Fondo de Inversión Vanguard son Fascistas, y tal y como advirtió Antonio Gramsci, han lanzado y en gran medida logrado una superestructura cultural de individualismo, de egoísmo a ultranza, de racismo, de fascismo cultural que creo que algunos no logran ver. ¿Alguien quiere un ejemplo de fascismo cultural o de información? Facilito: mírese todas las grandes agencias noticiosas, sus prioridades y sus términos. Guerra de Iraq, de la cual nosotros, los conscientes de lo que está pasando, diríamos ocupación fascista para saquearle el petróleo. Las noticias dicen: “Cinco soldados de la `coalición´ muertos en enfrentamiento al sur de Mosul”. Las comillas de coalición son mías. Se refieren, claro está, a la OTAN. Naturalmente, para medios que son poseídos por los grandes millonarios de Wall Street, donde están las transnacionales del petróleo que saquean Iraq, sólo importan los soldaditos invasores, que dicho sea de paso, son infeliz carne de cañón a los que engañan diciéndoles que van a “repartir libertad”, cuando van a repartir Muerte Masiva, Genocidio Y Devastación.

La nota informativa de los grandes medios masivos, y muchos medios menores en su red, ni siquiera menciona a los iraquíes muertos. Esos, que en su mayoría fueron civiles, porque la OTAN se especializa en ataques masivos, no cuentan, son muertos de cuarta o quinta categoría, son “daños colaterales”.

Del mismo modo, los medios lanzaron una campaña tremenda de solidaridad y nos espantaron con la noticia y las imágenes del ataque terrorista, sin sentido alguno en cuanto a objetivos políticos, que sucedió en París. Facebook puso su “filtrico” de la bandera francesa y todos acudieron presurosos a ponérselo en solidaridad. Fue más una moda estilo cultura pop que una solidaridad profunda por las víctimas. Pero... ¿alguien se puso la bandera del Líbano? Porque dos días antes de ese ataque, hubo otro en el Líbano, con más muertos que el de París. ¿Es que los libaneses que perdieron su vida, que se murieron sin remedio, valían menos que los europeos que estaban en el concierto en París? ¿Es que no tenían idénticamente familias, sueños, amigos y amores? Facebook ni siquiera mencionó el incidente, mucho menos poner un filtro con la bandera del Líbano. Eso no tiene otro nombre que fascismo cultural, racismo velado, pero patente y egoísmo rampante. Eso es lo que inculcan, de mil modos muy bien estudiados por sus tanques pensantes, los medios tiranizados por los conglomerados mediáticos, para mantenernos divididos, para que pensamos solamente como individuos egoístas y nunca como clase social ni como pueblo de un país.

 "Facebook puso su “filtrico” de la bandera francesa y todos acudieron presurosos a ponérselo en solidaridad"
 

Vivimos una época muy oscura a nivel de información, y por suerte, la red de redes, aunque también tiranizada en parte (la misma Wikipedia tampoco es libre y responde a esos mismos poderes y sus ramificaciones), nos da un espacio (que necesitamos ampliar en Cuba, ¿qué duda cabe?) para una batalla ideológica en la que somos apenas una roca límpida dentro de un mar de aguas albañales. Tenemos valores a defender, valores puros que no podemos abandonar por nada, ni por casas financieras o fondos Vanguard por un lado, ni por funcionarios anquilosados que pudieran olvidar su función de facilitadores de la cultura por el otro. El que esto escribe gusta de la música clásica, la Nueva Trova y el heavy metal y sabe distinguir entre la enorme calidad interpretativa de Iron Maiden y la posición ultra reaccionaria de sus miembros, en particular del genial como vocalista, pero ultraderechista Bruce Dickinson, por sólo poner un ejemplo.

Sé muy bien de las censuras injustas y las políticas de aislamiento que tuvieron en una época pasada las autoridades culturales en Cuba. Durante años tuve que soportar la insolencia intolerante de policías cuasi analfabetos funcionales que me detenían todos los días de la vida por tener el pelo largo, y lo sigo teniendo largo, porque me da la gana. Por suerte eso cambió. Creo que ciertos cambios a nivel ministerial fueron muy positivos y que el enfoque dinámico y gramsciano que ha tenido por mucho tiempo ha sido una suerte para todos los cubanos.

Es necesario abrirse al debate, pero no podemos admitir la injuria y el ataque a cosas que son sagradas para los cubanos. Desmitificar no es ofender. Sabemos todos que Martí era hombre de flores y agudeza en el verbo, ante el cual las barreras femeninas caían deshechas por todas partes, al tiempo que aglutinaba hombres y voluntades para la lucha por la independencia. Era buen gourmet y en una fiesta siempre sacaba a bailar primero a la menos agraciada, lo cual le acercaba las voluntades de la gente noble, que es la gente que vale. Eso es desmitificar, ver al hombre de carne y hueso, al tipo bajito y enjuto, casi con más frente que tórax, que había perdido un testículo por una orquitis causada por el presidio a los 16 años, y que con una mochila que pesaba casi más que él, atravesó los firmes de la Sierra Maestra siguiendo el ritmo de hombres más acostumbrados que él a la manigua, hasta llegar a La Mejorana.

Otra cosa muy distinta es pretender rebajarlo, ofenderlo, como no es admisible rebajar ni ofender a nadie que tenga el espíritu y la voluntad de arriesgar el pellejo por dar una batalla a favor de los humildes, de manera pura y entregada. Antes de lanzar una invectiva contra tales hombres y mujeres, tenemos que pensar quiénes somos y qué hemos hecho por los demás y por el ambiente que compartimos, y si tenemos la moral para ello. ¡Y nunca hay moral para injuriar la grandeza! porque se pierde toda en el intento. Repito algo que ya dije: hubo censura, sí, ¿y qué? Estamos en una guerra, dura e implacable, de las ideas y de los valores que tenemos que defender al precio de la propia vida.

Pensemos un poco más en todo esto, en lugar de concentrarnos en esta guerrita de invectivas y desacreditaciones, que sólo favorece a los que desde la otra orilla y pagados como mercenarios de los poderes más oscuros de la actualidad, tratan de dividirnos. Y digo más, digo que necesitamos el debate al duro, sobre cuestiones básicas de las ideologías y del actual orden mundial, tiránico e injusto en su mayor parte. Poner el Pare a los que quieren minarnos la resistencia, es parte de nuestros derechos también, es otro derecho, el de defender valores y soberanía. Es nuestro derecho a defender nuestra libertad colectiva como pueblo y como nación. Si alguien quiere pasarse a las filas del mercenarismo, que lo haga de manera evidente, sin refugiarse en supuestas libertades de expresión para destruir la solidez que necesitamos, para que nuestra roca limpia no se erosione con tantas aguas albañales.