Cuando llegó a Nueva York en 1999 con la certeza de que allí quería residir a partir de ese momento, Yosvany Terry tuvo que empezar de cero. Tenía su saxofón, su talento, la preparación al egresar de las escuelas de arte cubanas y sobre todo, el convencimiento de que iba a trabajar muy duro, todo cuanto fuese necesario para desarrollar sus inquietudes y desplegar sus ideas.

 
Yosvany TerryCuando llegó a Nueva York, Yosvany Terry tuvo que empezar de cero.
Fotos: Facebook

 

Cuando se quiere saber a qué se dedica en la actualidad, corre el riesgo quien pregunta de no ser capaz de imaginar la inmensa capacidad de este músico cubano para trabajar, y corre el riesgo él también al querer ser modesto.

“Donde primero trabajé en Estados Unidos fue en la Universidad New Schoolen su departamento de Jazz y Música Contemporánea. Aproveché esa oportunidad para tomar clases de dirección de orquesta, de orquestación, de composición, contrapunto, lectura de partituras, entre otros contenidos.

“Desde hace tres años además enseño en la Universidad de Harvard, en Boston. En el Departamento de Música soy conferencista y dirijo La Jazz Banda de ese centro de estudios. En junio estuvimos aquí durante una semana, fuimos a la ENA y a Amadeo Roldán, hicimos un concierto en Casa de las Américas, y pude mostrarles parte del legado cultural de Cuba en Matanzas. En esta provincia el grupo Afrocuba les preparó un recibimiento maravilloso. Llevé a La Jazz Banda a Güines, donde nació Tata Güines y donde vivió Arsenio Rodríguez, y pudieron contactar con un proyecto comunitario que empodera a las nuevas generaciones.

“El paso por las escuelas de arte cubanas fue muy valioso para mí y lo es, supongo, para cualquier músico que se prepara aquí. La preparación es increíble y lo confirmas cuando estás fuera de Cuba. Por eso es importante para mí devolverle a las escuelas de arte en mi país lo aprendido, y ahora, con los músicos de mi quinteto visitaré la ENA y los Conservatorios Amadeo Roldán y Guillermo Tomás, para impartirle clases a los estudiantes y realizar talleres”.

¿El quinteto llegará para el concierto del día 18 en Fábrica de Arte Cubano?

Sí, y estaremos además el sábado 20 en el Teatro Mella. Somos Osmani Paredes en el piano, Maikel Rodríguez en la trompeta, Yunior Terry en el contrabajo, Obed Calvaireen la batería y yo en el saxofón.

Tu quinteto no es el único proyecto, no es el único formato en el que te presentas…

No, tengo Bohemian Trío, con el pianista santaclareño Osvaldo Alonso, quien hizo sus estudios de maestría en Manhattan, y el chelista Yves Dharamraj. Con este trío hemos rescatado la música de cámara, enfocándonos en la música contemporánea con influencias de las músicas de las Américas. El proyecto es casi clásico y nos interesa incorporar la improvisación, que se había perdido un poco en este tipo de música. Un nuevo disco con este trío se presentó el año pasado.

Memorias ancestrales es un proyecto que hice con el pianista Baptiste Trotignon, uno de los grandes pianistas y compositores de Francia en la música contemporánea. Ganamos un premio para crear este proyecto, a través de la que promueve el intercambio cultural entre jazzistas de Francia y Estados Unidos.

Nosotros investigamos las tradiciones culturales surgidas en las antiguas colonias francesas, incluyendo a Guadalupe, Haití, Martinica y Cuba, por el gran flujo de migrantes que recibió de Haití. Decidimos componer cada uno algunos temas después de discutir algunas ideas. Es un proyecto atípico que refleja estas tradiciones culturales desde la composición, manteniendo la estética musical que a cada uno nos identifica.

Noche de parranda se basa en la investigación que hice durante tres años de las Parrandas de Remedios a las que le dediqué una suite. Además, está el proyecto New Throned King, dedicado al legado de la cultura arará, a partir de la investigación que hice durante siete años en Matanzas, específicamente en el cabildo sabalú, y otros cabildos en Jovellanos. Hace dos años este disco fue nominado a los Grammy”.
 

“El paso por las escuelas de arte cubanas fue muy valioso para mí.”
 

¿Cuáles serán tus pasos en este 2018?

Empecé bien al estar en Cuba ahora, ¿no? Hace mucho tiempo que no se escuchaba mi música en vivo aquí. Las cosas no se planifican, pero quiero hacer varias cosas. Una de ellas es hacer un disco con mi cuarteto, aún estoy por definir cómo lo voy a hacer. Quisiera terminar un trabajo para coro con textos de autores afrocubanos, y un poema sinfónico.

Quiero hacer una misa que represente mi devoción por la cultura arará. Ya yo escribí una ópera titulada Mackandal, quiero escribir otra. Y seguir dando clases, aprendiendo y aprovechando todas las oportunidades que se me presenten de conocer nuevos músicos, de investigar, de trabajar.

Cuando decidí vivir en Nueva York comencé desde cero y siempre he tenido el interés de armar mi grupo y con mi música conquistar al público en Estados Unidos y conectarme con el de otros países. No es fácil, pero confío en lo que estudié, en lo que aprendí, y en mi voluntad”.