Dicen que los extremos se tocan, y en Cuba nada fue más parecido a un liberal que un conservador. Sí, pero ello no era óbice para que ambas banderías intercambiasen, de vez en cuando, su tirito bobo. En 1916 Cuba se polariza entre dos figuras de la vida pública. Por un lado, el conservador Mario García Menocal, hombre huérfano de adornos personales, en buen cubiche, el clásico e intransitable pesa’o. En la otra esquina, el liberal José Miguel Gómez, quien anticipaba al mandón pecuario garciamarqueano; ese del cual se espera que las vacas vaguen por su despacho. Tenía fama de arrestado —bien ganada en la manigua—, la cual le aseguraba una imagen pública de “macho a todas”, muy del gusto de amplios sectores del electorado.

Un corrupto con pasado respetable

En  1916 estaban de moda “Si llego a besarte”, de Luis Casas Romero, y “Quiéreme mucho”, de Gonzalo Roig. Sin embargo, los liberales necesitaban algo menos lírico y más pachangoso. No en vano se ha dicho que eran “los políticos más divertidos”. De ahí nacería “La chambelona”.

Los liberales arrollaban al ritmo de “La chambelona”. Foto: Cortesía del autor

Llevaban los liberales como mascarón de proa, en la campaña de aquel año, al escritor, lexicógrafo y orador Alfredo Zayas, El Chino, quien tenía un pasado glorioso como conspirador y recluso en la tétrica prisión colonial de Ceuta. Con el tiempo se evidenciaría como el más inteligente y corrupto de los mandatarios republicanos.

A su sombra se impone “La chambelona”, que Helio Orovio definió como inspirada en “una vieja cancioncilla española, mezclada con elementos rítmicos de origen congo”.

Cómo nació “La chambelona”

Durante la campaña electoral de 1916, donde se enfrentan Mario García Menocal, El Mayoral, y Alfredo Zayas, el cinismo personificado, un tren atiborrado de liberales arriba a la estación capitalina. Los aguerridos zayistas traen consigo un arma ultrasecreta, que no es precisamente el pavoroso forifái —o sea, 45—, cuyo bulto se adivina bajo la guayabera.

El novísimo armamento es invención del músico Rigoberto Leyva, y consiste en una conga-himno titulada “La chambelona”. La tropa liberal, tan pronto desciende del tren, se organiza en una comparsa que enfila hacia la habanera calle Morro, donde reside Zayas. Van contoneándose —o ripiándose, como dice el pueblo—, mientras tararean el estribillo: “Aé, aé, aé la chambelona”.

“El novísimo armamento es invención del músico Rigoberto Leyva, y consiste en una conga-himno titulada ‘La chambelona’”.

Donde las dan, las toman

En el trayecto hacia la casa de Alfredo Zayas, la policía intenta detener a los congueros liberales y aduce que iban cantando “cosas de la negrá”. Por muy racistas que fuesen las autoridades, ese no era el principal motivo de escándalo, sino que la gente había alterado la letra original de “La chambelona” con un texto que ponía en entredicho la decencia de la esposa de Menocal, la primera dama. Pero donde las dan, las toman. Lo que no podían predecir los zayistas era que, con el pasar del tiempo, su candidato se elevaría hasta la silla presidencial, y entonces el pueblo iba a recordar que a la encumbrada señora Zayas se le conocía en su juventud como “María Centén”, pues esa era la moneda que abonaban sus marchantes para que ella dispensase sus favores amatorios.

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