Ballet Folclórico Cutumba, o el valor de las tradiciones vivas


15/10/2019

Volver a ver al Ballet Folclórico Cutumba fue una fiesta. La compañía danzaria-musical subió al escenario de la sala Covarrubias, del Teatro Nacional, y las singulares maneras de bailar y cantar del oriente cubano celebraron los 500 años de La Habana.

El programa se concibió para mostrar al público habanero la fuerza vital de la agrupación santiaguera. Cada noche se presentó una obra diferente, hecho que lamentablemente no fue suficientemente promovido. El lado positivo fue que los espectadores asistentes a la primera jornada volvieron a las siguientes funciones, y eso generó una creciente ola interactiva entre los artistas y el público, que en la tarde del domingo se puso de pie a aplaudir y a bailar. Debo decir que la sala estaba llena, a pesar de las dificultades con el transporte, la asistencia fue muy notable.

Ballet Folclórico CutumbaFoto: Internet

Tres piezas del extenso repertorio de Cutumba fueron seleccionadas por su director, el bailarín, percusionista y coreógrafo Idalberto Bandera. El elegido de un sueño, coreografía de William Danger y Adrián Limonta, recreada a partir de una idea original y de la música de Ramón Márquez. También se vio el más reciente estreno, Siete mares, coreografía y puesta en escena de Danys Pérez Prades. Y la tarde del domingo, a la cual asistí, pusieron Tradiciones de Oriente, con coreografía de Roberto David Linares e Idalberto Bandera.

Lo primero que llamó mi atención fue el grupo musical de Cutumba. La calidad de sus intérpretes, vocalistas e instrumentistas, es una de sus marcas distintivas, y es una suerte que se haya sostenido al paso de los años. Acompañan a los bailarines, y entre ellos se produce un toma y daca que marca el ritmo de la representación, in crescendo cuando la coreografía lo exige. Son los músicos los responsables de las cortinas entre una escena y otra, en la cual expusieron todo su talento.

Otro aspecto que debo resaltar es el desempeño de los bailarines, hombres y mujeres, conscientes de sus roles en escena. Como solistas o en las formaciones de grupo, despliegan su virtuosismo. En dos momentos alcanzaron el clímax: uno fue el baile de las chancletas de palo, otro fue el del palo con las cintas. Con movimientos precisos, ejecutados limpiamente, en sintonía con la música, en diálogo con los compañeros, ataviados con trajes de colores brillantes, reflejos de los tonos del mar Caribe.

Foto: Youtube
 

No había programa de mano el domingo, entonces no es posible resaltar aquí el nombre de algunos intérpretes que sobresalieron en sus ejecuciones. Ni el de los percusionistas, ni el de los cantantes solistas. Por eso vuelvo a resaltar la calidad de los bailarines y del conjunto musical, merecedores de los aplausos que el público les prodigó. Qué pena que entre los espectadores no pudieran contarse los nombres de los colegas habaneros de Cutumba, salvo excepciones como la del maestro Johannes García.

De la danza folclórica cubana hoy

Comenzaré elogiando los esfuerzos del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y del Teatro Nacional, instituciones que han programado en la sala Covarrubias a varias agrupaciones provenientes del oriente del país: Codanza, de Holguín; el Conjunto Folclórico de Oriente, ahora Cutumba. A la sala Avellaneda subió Carmina Burana, protagonizada por Danza Contemporánea de Cuba, en puesta en escena de Miguel Iglesias y coreografía de George Céspedes, con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional, el Teatro Lírico y el Coro Diminuto. En el Teatro Mella, tradicional plaza fuerte para la danza, se presentaron la Compañía de Danzas Tradicionales y Populares JJ y la compañía del maestro Santiago Alfonso. También la compañía de Rosario Cárdenas celebró en la instalación de la calle Línea su 30 aniversario.

Es decir, la presencia de la danza en la cartelera habanera es notablemente visible en los últimos tiempos. Y esto ha sido favorable para el crecimiento de los bailarines y para la renovación de los públicos de la especialidad. Para el futuro, sugiero a los programadores propiciar encuentros entre las agrupaciones danzarias con la crítica, la prensa, los estudiantes y profesores de danza.

 Foto: Internet
 

Creo que las temporadas en La Habana de compañías de otras ciudades debieran ser aprovechadas en muchos sentidos. Sus directores pudieran impartir conferencias magistrales, pueden mostrar la clase o el entrenamiento. De esa manera se compartirán los saberes acumulados en las prácticas artísticas, y eso sería muy útil para todos los implicados. También será oportunidad para la prensa especializada, que podrá hacer entrevistas, reportajes, semblanzas sobre bailarines y coreógrafos, revelando tanto talento, desconocido para la inmensa mayoría, merecedor de reconocimiento.

Subrayo la presencia de la danza folclórica porque sus representantes habían quedado a la zaga en la realización de temporadas de presentación. Es necesario que suban a escena con mayor frecuencia, que mantengan vivo el repertorio y que estrenen cada año. Es la manera más certera de conquistar a los públicos más jóvenes y de alimentar la fidelidad de quienes ya siguen la especialidad.

Preservar las tradiciones músico-danzarias del país es una gran responsabilidad en estos tiempos de globalización. Cutumba investiga en las expresiones afro y franco-haitianas, que son típicas de la zona oriental de Cuba, y allí se mantienen vivas y en desarrollo, pues forman parte de la cotidianidad de los pobladores de esa región y están en permanente diálogo con su contexto socio-cultural.

De Cuba y de tumba toma su nombre el Ballet Folclórico Cutumba. Tumba es el nombre de un instrumento de percusión, clave en la música folclórica del país. Ojalá pronto regrese la agrupación a los escenarios habaneros, con su valiosa carga de música y danza, de belleza y tradiciones vivas.