El 23 de mayo del 2021 arribamos al aniversario 108 del natalicio de Carlos Rafael Rodríguez, quien se inició en el movimiento revolucionario en octubre de 1930. En las filas del Partido Socialista Popular resultó uno de sus más lúcidos dirigentes. Fue ministro sin cartera, junto con Juan Marinello, en el gobierno de coalición de 1940. En el segundo semestre de 1958 se incorporó a la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

“Carlos Rafael supo combinar, durante sus años como estudiante, el intenso bregar revolucionario con las responsabilidades docentes”. Foto: Tomada de Granma

El Comandante en Jefe, inmerso en el fragor de la última etapa de la gesta insurreccional, cuando las tropas rebeldes fueron capaces de derrotar el embate desenfrenado de la ofensiva enemiga, le escribió al prestigioso intelectual:

Sierra Maestra Nov. 2, 58. Estimado Carlos Rafael: […]. Me gustó el trabajo que hiciste sobre el combate del Cerro, lo único que ha obstaculizado su publicación es que yo estoy encargado en estos días de la propaganda, y como aparezco representado elogiosamente (por lo que te doy las gracias) no me parece correcto incluirlo en los programas que estoy confeccionando […]. A mí realmente me impresionó ver estas cosas convertidas en temas literarios y comprendí cuántos asuntos de interés humano pudieran ser recogidos en poesías y obras como esa […]. Saludos a todos ¡Y ahorren víveres, que con el bloqueo va a escasear todo! Recomiendo sembrar hortalizas. Fidel.[1]

Al comentarle al compañero Fidel el hecho de que los comunistas estuvieron en el gobierno de Batista, el líder de la Revolución Cubana respondió:

Esa era la orden emanada de la Internacional, donde no existía una dirección colectiva real. Eran, sin embargo, ya le digo, magnífica gente. Algunos de ellos, como Carlos Rafael Rodríguez —hombre honestísimo, a quien recuerdo con gran cariño y estuvo conmigo en la Sierra Maestra cuando la tiranía lanzó su última ofensiva—, ocuparon cargos de ministros y otras responsabilidades como miembros disciplinados de un partido que estaba compelido casi sin remedio a cumplir las consignas de la Internacional.[2]      

Luego del triunfo de la revolución se desempeñó como miembro de la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), así como presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Al constituirse el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en 1965, integró el mismo formando parte de su Secretariado, responsabilidad que desempeñó hasta 1976. Desde el Primero hasta el Cuarto Congreso del Partido fue elegido miembro del Buró Político.

“Fue galardonado en múltiples países. Entre ellas figuran varias de naciones del otrora campo socialista, y otras como el Grado de Comendador de las Artes y las Letras de Francia, y el Premio Especial Raúl Prebish, de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe”.

En el momento de su fallecimiento, el 8 de diciembre de 1997, era, además, Vicepresidente del Consejo de Ministros, a cargo de las relaciones exteriores. Ejerció, de igual manera, como representante permanente de nuestro país ante el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y como Vicepresidente del Consejo de Estado. Además de las distinciones recibidas en Cuba, fue galardonado en múltiples países. Entre ellas figuran varias de naciones del otrora campo socialista, y otras como el Grado de Comendador de las Artes y las Letras de Francia, y el Premio Especial Raúl Prebish, de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe.

Carlos Rafael supo combinar, durante sus años como estudiante, el intenso bregar revolucionario con las responsabilidades docentes. Esa destreza en las aulas garantizó que culminara en cuatro cursos los estudios de Derecho y de Ciencias Políticas, Sociales y Económicas. El gigantesco esfuerzo se vio coronado con 30 calificaciones de sobresaliente, de igual cantidad de asignaturas examinadas; 31 premios ordinarios y cuatro extraordinarios, y la distinción nacional de mejor estudiante de Derecho. Al abordar el talento de este intelectual, Ricardo Alarcón refirió lo siguiente, en su despedida de duelo:

En la Cuba prerrevolucionaria no fueron pocos los reaccionarios que tuvieron que reconocer sus méritos como hombre de cultura. Alguna vez dijeron que un hombre del talento de Carlos hubiera podido ser lo que hubiese querido. Y tenían razón. Carlos Rafael ha sido y es lo que quiso ser: un militante, un comunista, un revolucionario ejemplar.[3]

En su trabajo “Dialéctica”, de marzo-abril de 1943, realizó un análisis sobre diversas distorsiones que sufrió el uso del instrumental marxista en el terreno de la interpretación histórica. 

Cierto que muchos “marxistas” —aún en vida de Marx y Engels— pretendieron hacer pasar como marxismo estrechas elucubraciones de esta índole […]. Nada de eso es una aplicación acertada del marxismo y fueron precisamente Marx y Engels los primeros en protestar con firmeza y acritud contra una mecanización tal de su riquísima concepción de la Historia.[4]   

Su mente fogosa evaluó, en el caso cubano, el período previo a la asimilación del marxismo por nuestra historiografía:

Todas estas aportaciones tienen una innegable significación en el esfuerzo por escribir la nueva Historia de Cuba. Pero la mayor parte de ellos, sin embargo, fracasan por falta de un método adecuado y certero de abordar los problemas históricos.[5] 

La capacidad de Carlos Rafael de realizar exámenes integrales de la realidad en la que vivió —no solo de Cuba sino de Latinoamérica y del Tercer Mundo en general, no en balde después de la victoria de 1959 uno de los frentes donde desarrolló mayores aportaciones fue en el de las relaciones internacionales—, impresionaba a sus coetáneos, y continúa concitando en la actualidad la admiración de quienes proseguimos en la lucha.

“Según Luis Toledo Sande uno de los rasgos esenciales de Carlos Rafael fue su profundo conocimiento acerca de nuestro Héroe Nacional”. Foto: Mireya Ojeda / Tomada de Radio Rebelde

Considero oportuno traer a colación apenas como ínfimo botón de muestra de sus numerosas batallas en la arena exterior, dos fragmentos de igual número de intervenciones suyas en foros internacionales. En ambos se nos revela en toda su estatura:

El golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Salvador Allende y la Unidad Popular (según lo ha admitido el propio presidente de Estados Unidos) fue promovido, preparado a la práctica por el imperialismo norteamericano a través de su Agencia Central de Inteligencia. Otra vez la historia misma nos ayudaba a esclarecer así, contra quien debía dirigirse el filo central de nuestra lucha. Cuba se ufana en haber promovido, junto a otros miembros del Buró de Coordinación, la decisión de impedir a los representantes de la Junta fascista ocupar el sitio que en nuestro movimiento solo le corresponde al pueblo chileno.[6]

El segundo de estos fragmentos expone conceptos de absoluta vigencia:

No tiene dudas nuestro país de que la tarea más apremiante y urgente del momento, como lo sostienen en su proyecto de declaración la mayoría de los países aquí presentes, consiste en eliminar la amenaza de una guerra mundial […]. De ahí lo insólito de que persista la carrera armamentista y con ella el incremento de los presupuestos militares. La urgencia del desarme constituye hoy un clamor.[7]

“La capacidad de Carlos Rafael de realizar exámenes integrales de la realidad en la que vivió (…) impresionaba a sus coetáneos, y continúa concitando en la actualidad la admiración de quienes proseguimos en la lucha”.

En ocasión de pronunciar las palabras de elogio, en el acto oficial de entrega del Título de Doctor Honoris Causa, por la Universidad de La Habana, al Presidente de la República Unida de Tanzania, Julios Nyerere, el 30 de septiembre de 1985, ratifica su convicción tercermundista:

Como representante de esos pueblos, como voz de su África y de su Tanzania, honramos hoy a quien, desde la pequeña tribu sanaki en que nació, ascendió a las cimas brumosas del Kilimanjaro para poner allí una antorcha que en los días del porvenir iluminará, como él lo soñara, llevando la esperanza donde hay discordias, amor donde hay odio y dignidad donde antes hubo humillación.[8]

Uno de eso ejemplos donde, desde la historia, demuestra un enfoque marxista resultó su intervención en el 110 aniversario del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Ante un nutrido grupo de intelectuales afirmó:

La Revolución de Martí tuvo que esperar más de medio siglo para realizarse […]. Tuvo el pueblo a un hombre que no había surgido de la clase obrera, que no había surgido siquiera de la pequeña burguesía, pero que viniendo él de la clase de los terratenientes era capaz de realizar, como Carlos Manuel y los suyos, la hazaña de ponerle fuego a su propia riqueza, porque era necesario para lograr la independencia de su pueblo. Tuvo Cuba a Fidel.[9]

En otra ocasión volvió a reflexionar sobre el liderazgo del Comandante en Jefe. Esa vez escribió:

Si Martí, en los albores del socialismo, había sido capaz de apreciar la riqueza humana y social de Carlos Marx, para la que estaban aún ciegos tantos dirigentes políticos e intelectuales en los fines del pasado siglo; si Mella comprueba en la jefatura del movimiento estudiantil la necesidad de buscar en el proletariado una base de acción cada vez más sólida; Fidel Castro, hijo de terrateniente, discípulo de los jesuitas, pero imbuido de un sentido de justicia que se expresa ya, como él ha narrado, en la órbita familiar infantil, y crece a medida que la escena se le va agrandando, tenía que descubrir tempranamente el filo revolucionario y el sentido humano y social de la teoría de Marx.[10]

Luis Toledo Sande autor, entre otros trabajos, de la excelente biografía sobre el apóstol Cesto de llamas, expone, como uno de los rasgos esenciales de Carlos Rafael, su profundo conocimiento acerca de nuestro Héroe Nacional:

Entre los textos donde lo trató destacan los reunidos en José Martí, guía y compañero (1979). En la Nota del autor el agudo ensayista aprobó el título propuesto por los editores: con él se quiso “subrayar las tres características que como hilo conductor de estos análisis hago resaltar en José Martí: la de guía y las de contemporáneo y compañero”.[11] 


Notas, citas y referencias bibliográficas:
[1]Fidel Castro Ruz: La Contraofensiva Estratégica. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2010, pp. 151-152. 
[2] Ignacio Ramonet: Cien Horas con Fidel, Tercera Edición, Incluye varias de las preguntas hechas por Ramonet para la edición francesa, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006,p. 127. Un colectivo de prestigiosos investigadores opina, corroborando esta idea, que: “El Partido Comunista, la Confederación Nacional Obrera de Cuba, y las restantes organizaciones vinculadas con el PCC, combatieron al gobierno provisional con todos los medios a su alcance […]. El partido marxista leninista no supo distinguir entre las corrientes políticas antagónicas que pugnaban en el seno de la administración, y la enfrentó como si esta fuese un cuerpo político homogéneo […]. En esta actitud se reflejaban tanto la línea de ‘clase contra clase’ propugnada durante varios años por la Internacional Comunista, como el saldo de experiencias históricas negativas y la falta de visión de algunos dirigentes comunistas cubanos”. Carlos Rafael Rodríguez ha apuntado que: “Cuando en 1934 la I. C. (Internacional Comunista) recomendó a los comunistas distinguir entre el ‘nacional-reformista’ Grau San Martín y el ‘nacional-revolucionario’ Guiteras, tenía razón y solo un sectarismo —originado también en la política mantenida por la I: C. hasta poco tiempo antes— había llevado a los comunistas cubanos a no apreciar las evidentes diferencias”. Sin una comprensión de la nueva coyuntura creada a partir del 4 de septiembre, el PCC mantuvo su llamado a combatir por la revolución agraria y antiimperialista, y desarrolló acciones que desestabilizaron al nuevo gobierno. Colectivo de autores: Historia de Cuba. La Neocolonia. Organización y Crisis. Desde 1899 hasta 1940, Instituto de Historia de Cuba, Editora Política, La Habana, 1998, pp. 310-311.     
[3] Granma, 9 de diciembre de 1997, p. 3.
[4] Carlos Rafael Rodríguez: Letra con filo, Ediciones Unión, La Habana, T. 3, 1987, pp. 31-32.
[5] Ibidem, pp. 27-28.
[6]Carlos Rafael Rodríguez: “Es la calidad del Movimiento de No Alineación y no el número lo que debe importarnos”, (Discurso pronunciado por el viceprimer ministro de la República de Cuba en sesión plenaria de la V Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, 10 de agosto de 1976). Ver en: La política exterior de la Cuba Socialista, Editorial Progreso, Moscú, 1982, p. 282.
[7] Carlos Rafael Rodríguez: “Cuba desea la paz”, (Discurso pronunciado por el vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros de la República de Cuba, en la sesión extraordinaria de la Asamblea General de Naciones Unidas, 30 de mayo de 1978), en: Ibidem, pp. 371-372.
[8] Arnaldo Rivero Verdecia: Honoris Causa. 1926-1996, Editorial Félix Varela, La Habana, 1996, pp. 338-339.
[9] Carlos Rafael Rodríguez: Discurso pronunciado en la UNEAC en el 110 Aniversario del nacimiento del Apóstol, Transcripción del Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario, La Habana, 1990, p. 17.
[10] Carlos Rafael Rodríguez: Cuba en el tránsito al socialismo 1959-9163, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1979, pp. 98-109.
[11] Luis Toledo Sande: “Luchador que honró a José Martí”, en: Bohemia, 31 de mayo de 2013, año 105, No. 11, pp. 6-7.