Hacía un buen frío y llegó inesperadamente un amigo (1). Sin apenas saludarme me dijo, “Vístete que vamos a un lugar”. Me puse cualquier ropa y le pregunté: “¿Adónde vamos?”. “Cerca de aquí, en el mismo Vedado”. En el trayecto dijo: “Me voy a ʻlimpiarʾ contigo”, y sonrió socarronamente. Hacía tiempo que no hablamos ni por teléfono, estaba en sus enredos habituales de crear y desarrollar proyectos.

A unas cuatro o cinco cuadras de mi casa, en el número 707 de la calle 11, paró el carro. Nos detuvimos y yo pregunté: “¿Vamos a entrar ahí?”. Conocía el edificio, sabía que ese lugar estaba destinado al estudio de la vida y la obra de Fidel. Había pasado por la acera muchas veces, pero nunca entré. También conocía que Eusebio Leal había escogido la casa que alguna vez perteneció a un capitán de la Guerra de 1895.

Aquella tarde lo recorrí completo. Me paré frente al carro que usó mi Comandante, admiré la maravillosa construcción de las paredes, y mi amigo me iba explicando. Guarda plantas y piedras de la Sierra Maestra, se dice que hay más de 161 especies y 11 000 plantas de toda Cuba y proyectos agroecológicos de los que Fidel emprendió antes de su partida.

“Vi varias ropas de Fidel (…)”. Foto: Cortesía de la autora

Vi varias ropas de Fidel, un podio. Me maravillé con un mapa interactivo: si seleccionas a Holguín, por ejemplo, se te dirá cuándo y dónde estuvo el líder de Cuba. Vi la biblioteca, salones para debates, todo con instalaciones apropiadas, equipos idóneos y el confort necesario para investigar.

“(…) me maravillé con un mapa interactivo (…)”.

La biblioteca totalmente virtual —que “se parece a la de Hogwarts en Harry Potter”, según pidieron los niños consultados en el proceso constructivo del Centro— debe ser lugar de visita de los más jóvenes, a ellos está dedicado.

Están textos singulares como: el libro Drácula que Gabriel García Márquez le regaló a Fidel y Por quién doblan las campanas, de Hemingway, que le ayudó a trazar tácticas en su época de guerrillero.

“La biblioteca totalmente virtual (…) debe ser lugar de visita de los más jóvenes, a ellos está dedicado”.
Foto: Tomada de la cuenta de Twitter del Centro Fidel Castro Ruz

Hay una puerta tallada en madera que anuncia lo que exhibe la biblioteca. Se han digitalizado más de 40 000 imágenes. Cuenta con nueve salas expositivas, algunas interactivas, desde 1926 a la fecha, con más de 40 juegos didácticos.

Biblioteca del Centro Fidel Castro Ruz. Foto: Tomada del periódico Guerrillero

Mi amigo me contó que los techos en forma de rombos se hicieron por los grados de Fidel. Hay paredes que se encienden (yo no las vi) con pensamientos de Martí y de mi Comandante, también “armas, mochila, y prismáticos originales que usó en la Sierra y una copia de las botas hechas por el mismo zapatero que originalmente las confeccionó; su gorra, sus grados y un uniforme de pelotero, entre otras pertenencias”. (2)

Fidel es Fidel, es una sala que reproduce cápsulas de videos de distintas personalidades del mundo como la de Hugo Chávez: “Yo para eso no tengo complejos, ¡padre te llamo delante de todo el mundo!”. Tiene una imprenta, que se dedicará a libros y publicaciones, pero además “se confeccionarán con tecnología 3D, réplicas en miniatura de la Plaza de la Revolución y de bustos de héroes de las luchas de independencia, que podrán ser adquiridos por visitantes. Cumpliendo su voluntad, no habrá bustos de Fidel”. (2)

“Fidel es Fidel”.

Él no quería que su nombre lo llevara ninguna institución, pero la Ley 123 aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 27 de diciembre de 2016 “Sobre el uso del nombre y la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz” refrendó, con carácter excepcional, la creación de una institución que llevaría su nombre, destinada al estudio y la difusión de su pensamiento y obra.

“Es el gigante que merece un lugar para que se estudie su obra”.

Guardo las fotos de aquella visita de casi un año atrás, y este 25, cuando se cumplieron los cinco años del tránsito de Fidel a otra dimensión, quedó inaugurado el centro en el que se perpetuarán estudios e investigaciones del hombre más grande del siglo XX en el planeta Tierra.

En el acto transmitido por la televisión, vi emocionarse a Raúl, a Díaz Canel y a Maduro con la actuación de La Colmenita en el espectáculo “Fidel, habla. Te necesito”, en el anfiteatro Turquino, un espacio para actuaciones infantiles y conciertos. Allí se entrelazaron los cantos y actuaciones de los niños, con los de algunos adultos, para un final espléndido en el que entraron al escenario los Cinco Héroes —con Gerardo saltando y Gema enroscada en su cuello— y los héroes de la batalla contra el bicharraco conocido como SARS-CoV-2, entre ellos el querido Dr. Durán y los hacedores de Soberana y Abdala, esos hombres y mujeres que reconocen como primer impulsor de la ciencia en Cuba a Fidel.

Son ellos los que permiten que hoy yo esté escribiendo estas líneas y usted leyéndolas, sin que tengamos grandes riesgos de contagiarnos (aunque hay que seguirse cuidando). Ese es un logro del hombre que creó las instalaciones donde floreció la Biotecnología, el Instituto Finlay y otras instituciones que permiten a Cuba, no solo controlar la pandemia, sino ayudar a otros pueblos. Es el gigante que merece un lugar para que se estudie su obra, por eso agradezco la visita iniciática y la inauguración de ese centro, que volveré a visitar en cuanto lo necesite.

(1) Iván Barreto, director de Cinesoft, empresa que tiene una sala en el Centro Fidel Castro Ruz.
(2) Dinella García Acosta, Cubadebate

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