Chimamanda y la diferencia como realidad de nuestro mundo

Karen Fowler Berenguer
9/1/2021

(…) pero pronto se dio cuenta de que, para Yemi, un libro no podía considerarse literatura a menos que contuviera palabras largas y párrafos incomprensibles. (…) A Obinze lo entristeció que Yemi fuera tan inculto y no supiera lo inculto que era.[1]

 

Durante siglos, la cultura africana ha padecido la violencia de un discurso según el cual hay un problema de inferioridad biológica, social, política, cultural y religiosa en África con respecto a lo que las potencias que colonizaron el continente han llamado el resto del mundo civilizado. La narradora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie es una de las mayores voces entre quienes, desde el continente africano, se oponen a la mirada colonial y en cambio ofrece un paisaje de lucha y superación donde la mujer ocupa un papel principal. Si no has oído antes el nombre de esta autora, no te sorprendas, ya que, a pesar de que en nuestro país hubo (entre los años 60 hasta finales de los 80 del siglo pasado) una sólida base de información sobre las literaturas contemporáneas africanas, es una triste realidad que en los últimos tiempos dicho conocimiento se ha debilitado en el público.

 

“La narradora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie es una de las mayores voces entre quienes, desde el continente africano, se oponen a la mirada colonial (…)”. Fotos: Internet
 

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Como sólo había leído libros con personajes extranjeros, me había convencido de que los libros, por naturaleza, debían estar protagonizados por extranjeros y tratar de cosas con las que no podía identificarme.[2]

Hace algunos meses, gracias a una querida amiga, llegó a mis manos una novela: Americanah, que ―según ella― me iba a encantar. Realmente me encontraba dudosa, puesto que, sin miedo ahora de confesar mis prejuicios como lectora, no me parecía que una autora de África fuera a decirme algo diferente a la hambruna, la violencia y la primitividad que me mostraban en cada documental sobre tribus que había visto o en cada película. Mi amiga se dio cuenta: Karen, ¿cuándo me he equivocado al recomendar?. La verdad es que su bola de cristal aún no ha cometido un error sobre qué voy a disfrutar; ya sea un libro, un audiovisual o una cafetería, ella siempre da en el blanco. Te digo que, por momentos, se siente como si estuviera hablando de cosas que se viven aquí”. Con esa frase me atrapó. ¿Cómo era posible que ella, tan cubana como es, se viera reflejada en una novela sobre dos realidades tan distantes: ser mujer en Nigeria y ser una estudiante nigeriana en los Estados Unidos? Esa duda me bastó para darle una oportunidad a Chimamanda y comenzar una historia de amor con todo lo que he encontrado de su obra hasta el día de hoy.

Chimamanda Ngozi Adichie (nacida en Nigeria en el año 1977) es una autora especial. A los 19 años se muda a Estados Unidos con una beca por dos años para estudiar Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad Drexel, Filadelfia. Posteriormente continuó sus estudios en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, en la que se graduó en 2001. Ha realizado asimismo estudios de escritura creativa en la Johns Hopkins, Baltimore, y una maestría de estudios africanos en Yale. Su obra está indiscutiblemente ligada a sus posiciones políticas, a su feminismo, su historia de vida y su realidad. En 2003, mientras se encontraba estudiando en Connecticut, publicó su primera novela, La flor púrpura (Purple Hibiscus), que fue muy bien recibida por la crítica y por la que recibió el Commonwealth Writer's Prize for Best First Book en 2005. Su escritura te alcanza y te llega al alma sin importar las millas y las diferencias culturales que te separen de su experiencia. Chimamanda logra esto porque escribe sobre lo cotidiano, lo que todos tenemos en común, y nos dice verdades acerca de cómo el pensamiento global necesita cambiar: el sexo, los estudios, las formas de vestir, las relaciones entre hermanos, las tradiciones y prejuicios, la racialidad, el amor, ser mujer, descubrirse como individuo, asumir una identidad cultural.

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Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra precisamente cuando llegué a Estados Unidos.[3] 

Americanah, publicado en el 2013, es sin duda su libro más famoso y le valió el National Books Critics Cercle y el Chicago Tribune Heartland Prize. Esta novela ―que trata de migración, raza, amor e identidad― tiene como protagonista a Ifemelu, joven nigeriana que viaja a Estados Unidos para estudiar. Los acontecimientos de este viaje, lleno de continuos y numerosos detalles simbólicos, cambian completamente el mundo íntimo y amoroso de Ifemelu, pues entre la salida del país natal, la estancia en Estados Unidos y el regreso final a Nigeria, ella tiene relaciones amorosas con tres hombres que no solo son muy diferentes entre sí, sino que son pretexto para que Chimamanda nos muestre tres formas de entender los problemas de ser mujer y de la identidad africana; estos hombres son: Obinze, el gran amor de su vida, hombre negro, nigeriano y ascendiente igbo, como la misma Ifemelu;Curt,estadounidense blanco y de clase alta; y Blaine, afroamericano que es profesor en la Universidad de Yale. Al final de la novela, Ifemelu reinicia la relación con Obinze.

Cubierta del libro La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie.
 

Ejemplo de la habilidad con la que Chimamanda nos adentra en los conflictos de su personaje lo encontramos cuando Ifemelu va a un nuevo salón de belleza y, entre la conversación que mantiene con la peluquera y las cosas que al mismo tiempo va pensando, los lectores entendemos que el cabello, y lo que se haga con este, significa más que la imagen de un personaje; el cabello es usado para representar los estereotipos dominantes en las sociedades occidentales y algo tan simple como determinada forma de peinarse se convierte en un acto político y de ruptura contra un ciclo de auto-odio histórico o, por el contrario, la contribución a la perpetuación del mismo. Ese auto-odio está claramente ejemplificado en Emenike, personaje que sentía veneración por quienes iban al extranjero y se agacha para acariciar los zapatos de Kayode, recién regresada de Suiza, solo porque sus zapatos han pisado la nieve. Americanah es un libro que logra que el lector se detenga y se arme de valor para cuestionar todas las actitudes prejuiciosas que solemos tomar respecto a la migración, la raza y el género, y que podemos llegar a considerar normales. Como dijo en el libro Todos deberíamos ser feministas (2014): Si vemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. [4]

La manera en la que el matrimonio tiene un papel fundamental en el nivel que una mujer adquiere ante la sociedad es algo que vemos en Kosi, personaje que ha quedado en Nigeria y vive con un constante temor a perder su condición de casada, y con ello su estatus, su vida y su identidad dentro de su círculo íntimo; por tales motivos, las relaciones de Kosi con otras mujeres se ven permeadas de rivalidad y dice que su mejor amiga no puede visitar su casa a menos que esté casada, porque su esposo pudiera interesarse por alguien más. La mujer y su sexualidad es otro de los temas de esta novela que también expone las emociones de aquellos que se ven obligados ―o son engañados― a vender su cuerpo. La misma Ifemelu encarna, en más de una ocasión, las dificultades que sufren las mujeres cuando intentan abrirse paso laboralmente dentro de una cultura plagada de sexismos y acoso, como se ve en el siguiente fragmento:

¿Vienes por el puesto de ayudante? Puedes trabajar para mí de otras maneras. Luego de una sonrisa, sin que la expresión de lujuria abandonara su rostro en ningún momento, le dijo que el puesto ya estaba dado.[5]

El 30 de mayo de 1967, tras una guerra civil que acabó con la vida de miles de personas y dividió sin retorno alguno a muchas familias, la región nigeriana de Biafra logró independizarse del resto del país. Dicho conflicto es analizado en Medio sol amarillo mediante, fundamentalmente, tres personajes: Ugwu (el protagonista), un muchacho igbo que es empleado doméstico y protegido de un profesor universitario (Odenigbo). Al principio él se maravilla y admira mucho la educación y las posesiones de su protector. Ugwu posee una mente brillante y rápidamente se vuelve un estudiante excelente y un buen cocinero. Se encuentra en la pubertad y está constantemente fijandóse en varias muchachas, aunque usualmente se ve frustrado en sus incursiones románticas. Es reclutado a la fuerza en el ejército y casi muere. Mientras se desarrollaba la guerra participó en la violación grupal de una mujer igbo, algo de lo que se arrepentiría y que lo marcó permanentemente. Al final termina escribiendo la novela El mundo guardó silencio cuando morimos, que trata sobre la historia del conflicto de Biafra. Otro personaje clave es Olanna, una yoruba que es la esposa de dicho profesor, quien es muy hermosa y ha abandonado una vida de privilegios en Lagos por su amor a Odenigbo. Olanna tiene una hermana gemela, Kainene, que es descrita como la menos hermosa de las dos. Juntas representan a las dos caras de la moneda en términos de ser mujer. Son fuertes e independientes, pero también pueden ser presas de sus propias debilidades. Mujeres que no quieren comprometerse, como Kainene, que se ha llenado de barreras contra las emociones, mujeres que dejan su estabilidad por amor, como Olanna que abandona su vida por Odenigbo (quien a pesar de amarla la engaña con Amala y posiblemente con Alice). Simplemente mujeres que se están enfrentando a un mundo que no tiene creado un espacio para ellas. Olanna quiere una familia y ve como su sueño se desmorona a medida que Odenigbo, de quien le enamoró su confianza y su pasión por la política, se va dando a la bebida y se deprime mientras que la guerra avanza. Richard, que es la tercera voz de la novela, es un periodista y expatriado inglés enamorado de la misteriosa hermana gemela de Olanna. Originalmente llegó a Nigeria luego de quedar encantado con el arte antiguo de la localidad Igbo-Ukwu. Aunque se siente como un biafreño, termina dándose cuenta de que, como un hombre blanco al fin, siempre será ajeno al dolor de la etnia Igbo. Finalmente encuentra un propósito cuando comienza a usar su privilegio para reportar al mundo sobre la guerra en Biafra; sería gracias a esta labor que aprendería una de las verdades más duras de toda la novela:

Era como tener a alguien echando sal en su herida: miles de biafreños estaban muertos, y este hombre quería saber si había algo nuevo acerca de un hombre blanco muerto. Richard escribiría sobre esto, la regla del periodismo occidental: cien personas negras muertas equivalen a una persona blanca muerta.[6]

 

En este libro Chimamanda, al igual que hizo en Americanah, da saltos entre el pasado y el futuro de forma que nos muestra desde el inicio del conflicto hasta la mayor desolación dentro de la guerra. Lo mejor, en mi opinión, que tiene la novela es contar con gente tan normal como protagonistas. Nos permite ver la historia desde tres experiencias diferentes y válidas. Todos sus personajes (un grupo muy diverso compuesto por profesores, escritores, empleados domésticos y gente de dinero) se ven sacudidos por la guerra y deben adaptarse a la restructuración de un país. Han pasado solo 50 años desde la reunificación de Biafra con Nigeria. Este libro nos pone en perspectiva: cuando este conflicto comenzó, mis padres tenían 7 y 4 años, todo esto es parte de una historia reciente que no conocemos y por la cual Nigeria sigue sufriendo. A través de temas recurrentes en la narrativa de la escritora, como el feminismo, la identidad, el amor, la política o los efectos de las potencias extranjeras en la África postcolonial, esta novela narra cómo los conflictos bélicos sacan a relucir lo peor de las personas, acaban con la vida en determinadas regiones e imponen ese ambiente de horror como una normalidad de la que luego cuesta separarse. Esta obra, que le hizo ganadora del Premio Orange de Ficción 2007 y recientemente ha sido votada como el mejor libro (Winner of Winners) en ganar dicho premio en sus 25 años de existencia como concurso, es una forma inteligente de la autora de mostrar los episodios ignorados de la historia de su propio país, de un continente y del mundo.

Los relatos de Algo alrededor de tu cuello, son Adichie en su más pura manera. Doce cuentos en los que ―con hermanos presos injustamente, dudas sobre la identidad propia, mujeres que llevan luchas titánicas en su vida privada o familias rotas― se busca erradicar prejuicios y dar a conocer los diferentes motivos en la vida de unos nigerianos que desean alcanzar “el sueño americano”. Si no se usaran nombres locales o se mencionaran locaciones como Nigeria o Estados Unidos, dudo que alguien pudiera pensar que no son relatos de Cuba o Francia o Japón. Pero son los relatos de una autora africana que ―con una prosa sencilla y sin maquillaje― nos confirma que, en África, a pesar de las guerras, los cambios y los conflictos, la gente ―lejos de dejarse a la miseria y la pobreza― vive, quiere y sueña con una existencia mejor. Estos personajes, alejados social y culturalmente de nuestra posición, poseen identidades similares a las nuestras porque comparten la universalidad de nuestros estados personales y emocionales, la naturalidad de la condición humana independientemente de en qué punto del hemisferio estés. Tomar conciencia sobre lo unidas que están la cultura y las emociones es el mejor regalo ―y quizás el sentido― de este libro.

Aunque es la última en esta lista (y también la última que he leído) las historias de Algo alrededor de tu cuello son, en mi opinión, la manera perfecta de comenzar a explorar el mundo de esta escritora.

Chimamanda es, a mi parecer, una lectura altamente recomendada para barrer estereotipos y revisar nuestras vidas; después de leer sus obras no hay forma de quedar indiferente ante lo que nos rodeaba antes de este viaje en el que se tiene el privilegio de descubrir lo global de sus relatos o lo africano de nuestras vidas, que es lo mismo. Aunque podría terminar en este punto, creo que nada me puede ayudar a mostrar la esencia del pensamiento de la autora mejor que los siguientes fragmentos de Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo:

(…) Me comentó entonces que la gente decía que mi novela era feminista, y que el consejo que me daba y me lo dijo negando tristemente con la cabeza era que no me presentara nunca como feminista, porque las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido. Así que decidí presentarme como feminista feliz. () Por supuesto, gran parte de todo esto era irónico, pero lo que demuestra es que la palabra feminista está sobrecargada de connotaciones, connotaciones negativas. Odias a los hombres, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estás enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante. () He decidido no volver a avergonzarme de mi feminidad. Y quiero que me respeten siendo tan femenina como soy. Porque lo merezco. Me gusta la política y la Historia, y cuando más feliz soy es cuando estoy teniendo una buena discusión intelectual. Soy femenina. Felizmente femenina. Me gustan los tacones altos y probar pintalabios. Es agradable que te hagan cumplidos, tanto los hombres como las mujeres (aunque si tengo que ser sincera, prefiero los cumplidos que vienen de mujeres elegantes), pero a menudo llevo ropa que a los hombres no les gusta, o bien no la entienden. La llevo porque me gusta y porque me siento bien con ella. La mirada masculina, a la hora de dar forma a mis decisiones vitales, es bastante anecdótica.(…)[7]

 

La naturaleza femenina y feminista de su pensamiento es la esencia de su voz y su mirada como autora.

() una amiga de la infancia que se ha convertido en una mujer brillante, amable y fuerte me preguntó cómo criar a su hija para que fuera feminista, lo primero que pensé fue que no lo sabía. () Tu premisa feminista debería ser: Yo importo. Importo igual. No “en caso de”. No “siempre y cuando”. Importo equitativamente. Punto. () Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella. Sé una persona plena. () Enséñale a tu hija que los “roles de género” son una solemne tontería. No le digas nunca que debe hacer algo o dejar de hacerlo “porque es una niña”. “Porque eres una niña” nunca es una razón para nada. Nunca. (…) Ser feminista es como estar embarazada. Lo estás o no lo estás. O crees en la plena igualdad entre hombres y mujeres o no. () Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Pero para enseñárselo tendrás que cuestionar tu lenguaje. () Consigue que crezca considerándose, entre otras cosas, una igbo orgullosa. Y debes ser selectiva: enséñale a aceptar las partes de la cultura igbo que son bellas y enséñale a rechazar las que no lo son. () Llegará el amor, así que asúmelo. () Enséñale que amor no es solo dar, sino también recibir. () Al enseñarle sobre la opresión, ten cuidado de no convertir a los oprimidos en santos. La santidad no es prerrequisito de la dignidad. La gente mentirosa y cruel también son seres humanos, y también merecen ser tratados con dignidad. Por ejemplo, los derechos de propiedad para las mujeres de la Nigeria rural es una reivindicación feminista fundamental, y las mujeres no tienen por qué ser buenas y angelicales para que se les reconozcan tales derechos. () Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. Enséñale a que valore la diferencia. Y no es para que sea justa o buena, sino simplemente para que sea humana y práctica. Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. (…)[8]

 
Notas:
[1] Ngozi Adichie , Chimamanda. Americanah.2013. Alfred A. Knopf
[2] Ngozi Adichie, Chimamanda. El peligro de una historia única. TedTalk 2009
[3] Ngozi Adichie, Chimamanda. Americanah, Alfred A. Knopf, 2013.
[4] Ngozi Adichie, Chimamanda. Todos deberiamos ser feministas, Harper Collins, 2014.
[5] Ngozi Adichie, Chimamanda. Americanah, Alfred A. Knopf, 2013.
[6] Ngozi Adichie, Chimamanda. Medio Sol amarillo, Mondadori, 2007.
[7] Ngozi Adichie, Chimamanda. Todos deberíamos ser feministas, HarperCollins, 2014.
[8] Ngozi Adichie, Chimamanda. Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo, Editor digital: Titivillus, 2016.