Ciro Benemelis Durán (1943-2016), fue un creador y estratega, con un liderazgo nato. Su visión para entender la libertad de creación dentro de la dinámica de los procesos sociales, y el papel de las instituciones en dichos procesos, hizo de su quehacer, al frente de diversas entidades culturales cubanas, un verdadero acto creador. Su obra magna, la Feria Internacional Cubadisco, cumple un cuarto de siglo en esta edición 2022.

Orígenes y formación profesional

Tenía alma de trovador, tradición que heredó de su familia. Su padre, Teodoro Benemelis, un juglar camagüeyano integrante del trío La Clave Azul, junto a Luis Raga y Eduardo Saborit, escribió bellas páginas guitarra en mano.

Desde muy temprana edad, Ciro le acompañaba con su voz de tenorcillo fresco. En ese ambiente tuvo la suerte de convivir con músicos que, como Teodoro, no gozaban de bondades materiales y apenas eran conocidos, no obstante engrosaron con su obra los catálogos trovadorescos de los años 50 del siglo anterior.

Tuvo la idea de dedicar el evento anualmente a una temática musical para dinamizar todos los campos de la creación. Sugirió la presencia permanente del tema “niños”. Foto: La Jiribilla

Benemelis era un hombre muy informado, leía mucho y escuchaba con atención la música. Recordaba los textos de canciones, sobre todo las de la trova tradicional, por la que sentía devota afición. Adoraba la Nueva Trova, especialmente la obra de Silvio, Pablo y Noel, por demás, sus grandes amigos. Se servía de ese arsenal trovero para recrear hermosos pensamientos sobre la vida; para reprender dañinas conductas negligentes, abusivas, irreflexivas; para halagar el buen hacer y, de la misma manera, cuando quería enseñarnos a hacer mejor las cosas, desde la máxima de preservar la “cultura del detalle”.

Ciro estudió en la Escuela de Instructores de Arte, se licenció en Historia en la Universidad de La Habana, alfabetizó, formó coros, tocó la guitarra, escribió poemas y dejó un hermoso epistolario. Creó boletines, periódicos, revistas, todo como testimonio del trabajo cultural para el futuro.

Su sensibilidad, personalidad hiperactiva y formación profesional le condujeron a un activismo permanente y le dieron herramientas para fundar. Dondequiera que estuvo insertado creó eventos, publicaciones y nuevas formas para la promoción del arte. Formó equipos consistentes y se ocupó del desarrollo profesional y espiritual de cada trabajador, pues creía que esa era la base de un efectivo desempeño laboral. Explorar su potencial e intereses, así como darles herramientas para que fueran a más, constituyó el otro gran reto del exitoso resultado.

Así logró, a partir del equilibrio entre la realización personal y los objetivos de la institución, desarrollar fórmulas de crecimiento mutuo, de acuerdo con las necesidades de la sociedad, especialmente de las industrias culturales cubanas que, dentro del sistema de la Música, fueron creadas por la Revolución. Esa fue su gran meta y compromiso, así como el principio fundacional de Cubadisco.

Desde su más temprana juventud, Ciro dirigió empresas, fue por un tiempo vicedecano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana, y siempre amigo de grandes intelectuales: Alfredo Guevara, Eusebio Leal, Leo Brouwer. No es casual que tantos grandes estuvieran a su lado, compartiendo ideas y batallas: Silvio, Pablo, Juan Blanco, Duchesne Cuzán, Fremez, Sara, Formell, los Vitier, Pablo Armando el poeta, Alicia, la prima ballerina assoluta… entre otros ilustres nombres de la cultura cubana. Tuvo cariño, respeto y apoyo de sus compañeros de trabajo, su familia, sus amigos, de trovadores, soneros, jazzistas, rumberos…

Era martiano y fidelista, y también un criollísimo cubano, con un humor de los que no se olvidan, todavía sonrío cuando recuerdo sus ocurrencias. A veces, también nos hizo llorar, no permitía fisura ni equivocación en el trabajo; pero cuando se daba cuenta de su rudeza, sin anunciarlo, abría su alma para dar el más tierno de los abrazos. Era un hombre muy humano, con defectos también, pero con una visión infinita y un amor real por Cuba y su gente, que marcaban la diferencia.

Su pensamiento sobre la industria musical

Para Ciro el disco era eje esencial, como producto; pero concebido, además, como obra suprema de consolidación y trasmisión de conocimientos y emociones; un soporte de privilegio como portador de cultura. Recuerdo cómo repetía sin cansancio aquella frase de Silvio: “Un disco es la forma viva de pasar a la posteridad”, o algo que dijo Leo: “El sonido desaparece en el mismo momento en que se da (…. ), para acuñar la importancia de capturar esos registros sonoros, para preservar la historia de la música de una nación”.

Recuerdo que en la época fundacional de Artex hacíamos seminarios cada semana, estudiábamos mucho la obra de Armando Hart —entonces ministro de Cultura—, y cuyo pensamiento caló en su formación intelectual e influyó en su concepción del sistema de festivales, concursos y en la real función de las instituciones culturales.

Compartíamos sistemáticamente con un círculo de personas muy estudiosas del tema de la publicidad, como el propio Frémez, Fernando Uría y Jorge Oliver. Era inspiradora igualmente para él la obra de Graziella Pogolotti y el empeño de otras grandes mujeres del gremio artístico como Nisia Agüero, María Teresa Linares, Noemí Crossas, Zaida del Río, Isabel Bustos, Deysi Estable, Isabel Blanco, Flora Fong… y otras que, desde jóvenes, ya constituían parte de su mira, como Darsi Fernández. Creía mucho en el impulso y la dedicación que la mujer daba a los procesos, por eso siempre fuimos vitales en sus proyectos, y nos preparó para comandar y continuar obras valiosas del amplio arsenal de la cultura nacional.

En marzo de 1997 abrió sus puertas por primera vez la Feria Internacional Cubadisco, con un espacio ferial en el Pabellón Cuba, que tomó como escenario central la muestra del proyecto La Isla de la Música, y se alzó con la primera olimpiada musical del Son Cubano, auspiciada por el Instituto Cubano de la Música.

Era un estudioso de todo cuanto se hacía con un fundamento real. Más que reuniones de chequeo, las nuestras fueron, por años, momentos de aprendizaje y creación permanentes, con un rigor enorme; pero a su vez eran una fiesta porque leíamos poemas, escuchábamos música, estimulando nuestros sentidos y conocimientos, y entender así cómo trabajar con la música y sus actores. “Era irreverente”, a veces, como le decía cariñosamente Alicia Perea; pero con un carisma singular para contagiar y convocar a la gente a unirse tras metas profesionales.

De Artex a Cubadisco

Benemelis fue un hombre tan de su tiempo que siempre tuvo la mirada puesta en el futuro. Cada acción que asumía era una siembra, así dirigió varias instituciones culturales, como la Unidad Presupuestada de Música en los años 80, que integraba a la Agrupación Nacional de Conciertos y la Orquesta Sinfónica Nacional, entre otras instituciones, y qué decir de Artex, institución que lideró desde 1989, como presidente fundador.

En esa responsabilidad estrechó lazos con todo tipo de actores de la industria cultural cubana, y fue su momento clave en las relaciones con el mercado internacional. Desarrolló un sistema de trabajo que le permitió a esa entidad crecer, orgánicamente, desde dentro y hacia afuera, con solidez estructural y compromiso cultural. Se preció de aunar un capital humano de primer nivel, formados desde lo más bajo de la pirámide, para que pudieran desempeñarse con oficio y ética. Esto propició el desarrollo de lo que es hoy una de las redes más consistentes de la industria cultural en Cuba: Lauros, y con una casa discográfica respetada como Bis Music, cuya génesis fue precisamente el grupo Discos Artex, de los tiempos de Ciro en esa institución.

Ese sello editó por primera vez la música cubana en soportes digitales, presentando en los años 90 cientos de títulos en discos compactos. En su catálogo se fijó, también por vez primera, la voz de César Portillo de la Luz en un soporte sonoro, grabado en vivo en el Rincón del Filin. Se realizaron además varias producciones de importantes jóvenes que ya apuntaban a una exitosa carrera internacional, como Gonzalo Rubalcaba, cuyos primeros pasos con el sello Blue Note fueron acompañados por Artex.

Ese mismo sello ejecutó el primer licenciamiento de música de otros artistas cubanos con discográficas norteamericanas, lo que permitió el lanzamiento de varios títulos y compilatorios editados por Emi Capitol y Luaka Bop en los años 90 y principios del 2000. Este hecho constituyó una apertura importante para la música cubana, creada a partir de 1959, en el mercado de Estados Unidos.

En Artex Ciro no solo dirigió la implementación de importantes normas jurídicas ministeriales que permitieron mayor flexibilidad y efectividad para mover el producto cultural cubano en el mercado internacional, sino que con él, esa megaempresa nació y creció con una vocación expresa de servir al arte, acercando a creadores de todos los ámbitos.

Además, formó innumerables jóvenes que están hoy insertados en diferentes áreas de la industria musical, tanto en Cuba como en el extranjero. Así mismo logró una relación fructífera con múltiples empresarios, productores fonográficos y eventos de la industria como el Midem, el Popkom y Womex, que luego participaron por muchos años en las Ferias Internacionales Cubadisco.

Cubadisco, su mayor creación

En cada institución o misión que tuvo Ciro, se destacó por su creatividad, pero, sin duda alguna, su obra bandera fue la Feria Internacional Cubadisco, fundada en 1997, cuando ya laboraba en el Instituto Cubano de la Música, después de un período junto a Pablo Milanés, en el proyecto cultural PM Records.

Como en cada uno de sus pasos anteriores, Ciro estableció en Cubadisco las jerarquías institucionales a partir de las jerarquías artísticas y éticas, ocupándose de la promoción y comunicación para garantizar la trascendencia del trabajo cultural. La atención al artista y su música seguía siendo primordial, pero esta vez ya tenía incorporado un universo de experiencias en el ejercicio comercial y una visión más completa del mágico mundo de la discografía.

Aprendía conversando con todo tipo de persona y con los artistas, sin distinción de géneros, procedencia o edades. Recuerdo tanto sus conversaciones con Luis Carbonell, Harold, Rosillo, Pancho Amat, Pimienta, Papillo, cuando se dedicó la edición al Repentismo; con Tin Cremata cuando fueron los niños el centro del certámen, con Digna siempre; Adalberto Álvarez, Joaquín Betancourt, Martínez Furé, Alfredo Muñoz y tantos más, fueron voces a las que continuamente acudió y reverenció.

En el catálogo de Discos Artex, bajo la conducción de Ciro, se fijó, también por vez primera, la voz de César Portillo de la Luz en un soporte sonoro, grabado en vivo en el Rincón del Filin. Foto: Tomada de Cubahora

Nunca escatimó recursos o halagos, ideas ni facilidades para que los músicos crearan sus fantasías. Y cómo les estimuló para la innovación y la superación constantes. Baste recordar la idea que concibió con Leo Brouwer cuando se presentó la edición Cuba, la Isla de la Rumba. En el concierto de apertura se enlazó la obra Carmina Burana, de Carl Orff, interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional y dirigida por Leo, con una rumba de Yoruba Andabo. En otra de las ediciones en que se homenajeó al son, se unieron el Grupo de Compay Segundo con el ensemble de música antigua Ars Longa, bajo la dirección de Teresita Paz.

Las galas Cubadisco que armó con René Arencibia primero, y por casi dos décadas después con Orlando Cruzata, fueron ideas impactantes para la escena musical cubana de ese momento, y quedaron como marca singular de producción artística en muchos de los espectáculos cubanos asociados a eventos.

Trabajando en el Instituto Cubano de la Música, y a partir de la efervescencia del medio musical en los 90, vio la importancia de agrupar a los distintos productores discográficos cubanos y a sellos extranjeros como Magic Music y Caribe Productions; estos últimos ya irrumpían en el mercado cubano con gran fuerza, a pesar de la imposibilidad de la industria local,debido a la crítica situación económica que caracterizó al Período Especial de la economía cubana. No obstante, su sentido visionario le permitió considerar la presencia de estos sellos foráneos como una fortaleza, y buscó entonces alianzas con músicos de la talla de Juan Formell, siempre a mano, con batuta segura, para realizar una estrategia en la búsqueda de consensos y equilibrios, en función del desarrollo de la música y la sociedad cubanas. De esa manera se lanzó a la creación de una Feria para el Disco cubano que —tomando también la experiencia del Premio Egrem— aportara un diseño general y más ecuménico para todas las industrias musicales en Cuba.

En marzo de 1997 abrió sus puertas por primera vez la Feria Internacional Cubadisco, con un espacio ferial en el Pabellón Cuba, que tomó como escenario central la muestra del proyecto La Isla de la Música, y se alzó con la primera olimpiada musical del Son Cubano, auspiciada por el Instituto Cubano de la Música: El son más largo del mundo, producción que contó con la especial colaboración de la compañía Cosmopolitan Caribbean Music, presentó más de cien horas ininterrumpidas de son en La Tropical, el salón de baile más caliente de Cuba.

Con Cubadisco, Ciro logró canalizar un caudal de acciones en pos de un destino favorable para la industria cubana. Se convirtió una vez más en cómplice de los artistas, estimuló el diálogo con los productores extranjeros desde una condición de respeto, como muro de decantación/contención, que dejó pasar lo más útil de esas presencias y convertirlas en nuevas energías y caminos para facilitar el crecimiento de la buena música cubana, así como aprovechar ese catálogo poderoso que se produjo a partir de esos sellos, y donde el songo, la timba y la salsa cubana dejaron profundos testimonios discográficos.

El Premio y otras áreas de atención de Cubadisco

El Premio Cubadisco fue otorgado en la primera edición del evento solo para los expositores; pero muy pronto Ciro y sus más allegados colaboradores, entre los que se encontraban, además de los músicos, el musicólogo Jesús Gómez Cairo (primer presidente del Comité del Premio), el investigador Pepe Reyes, el periodista Pedro de la Hoz y otros destacados intelectuales cubanos como Guillermo Vilar y Jorge Gómez, decidieron implementar el Premio Cubadisco para la producción musical realizada en la Isla. Sus presidentes, después de Gómez Cairo, fueron Roberto Valera, Nerys González Bello, Jorge Gómez y, en la actualidad, René Baños.

El Premio Cubadisco y todo el evento han sido escenario de los grandes logros de la música en la mayor isla antillana. La calidad creciente de las producciones fonográficas, la programación de lujo ofrecida en cada edición, las exposiciones temáticas organizadas por el Museo Nacional de la Música, los simposios con el Centro de Documentación Odilio Urfé, o el Museo, o el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, se convirtieron en acontecimientos imprescindibles en los eventos de la música cubana, alentados a partir de las experiencias de Cubadisco.

Dentro de los objetivos del Premio Cubadisco estaban: promocionar las producciones más populares y potenciar las zonas más débiles de la fonografía nacional de aquellos años, como la música de cámara, la coral, la sinfónica, la folclórica, la cancionística; igualmente se proponía financiar la fabricación de productos en mejores y más económicos espacios, para lograr mayor accesibilidad de esos productos al comercio nacional.

Se creó un Comité del Premio Cubadisco amplio e integrado por los más prestigiosos creadores, de todas las ramas musicales, las casas discográficas y de la industria del entretenimiento. Este Comité llegó a sesionar con cientos de avezados especialistas de la música, los medios y profesionales de la industria musical.

Con Cubadisco, Ciro logró canalizar un caudal de acciones en pos de un destino favorable para la industria cubana. Se convirtió una vez más en cómplice de los artistas, estimuló el diálogo con los productores extranjeros desde una condición de respeto, como muro de decantación/contención, que dejó pasar lo más útil de esas presencias y convertirlas en nuevas energías y caminos para facilitar el crecimiento de la buena música cubana.

Las sesiones del Premio eran foros de debate y aprendizaje. Ciro insistía, continuamente, en la necesidad de escuchar cada disco y analizarlo detalladamente desde los repertorios, con respeto hacia sus autores, validando la calidad del sonido y las notas discográficas, prestando especial atención a que el diseño se correspondiera debidamente con los contenidos, que la propuesta artística tomara en cuenta el mercado, para que pudiera realizarse adecuadamente como producto, sin dejar de ser un hecho cultural de calidad.

La creación del Premio Internacional y los Premios de Honor, fueron otras acciones que permitieron que el evento se expandiera dentro de Cuba y trascendiera nuestras fronteras. Así fueron galardonados con el Premio Cubadisco artistas de la talla de Armando Manzanero, Sting, Kool and the Gang, entre otros íconos de la música internacional.

Realizar Cubadiscos provinciales fue la mejor manera de mostrar los logros de cada territorio, así mismo, considerar el trabajo con la enseñanza artística, propiciar alternativas para el arte joven y dejar registros gráficos de calidad para la historia del evento y las memorias de la discografía en Cuba, fueron otras metas a cumplir con Cubadisco.

La idea de dedicar cada año el certamen a un país o región diferente, atrajo a la Isla a figuras de gran relieve como Juan Manuel Serrat, Chico Buarque, Ivan Linz y muchos otros brasileros; Danny Rivera, Calle 13, Mapeye y múltiples artistas puertorriqueños; y otros como Rosario y Lolita Flores, La oreja de Van Gogh, Ojos de Brujo, de España, dejaron su impronta en el certámen.

Ciro alcanzó gran prestigio en la arena internacional y estableció alianzas no solo con las ferias internacionales tradicionales, sino también participó en proyectos del Alba Cultural y en coproducciones con muchos artistas de la región, en tanto atribuyó marcada importancia a la unidad de los productores latinoamericanos para resguardar y potenciar el patrimonio de nuestras naciones y, al mismo tiempo, establecer formas propias de promoción y presencia en los mercados, siempre basadas en la dignidad y la soberanía.

Como buen promotor cultural, para Ciro era muy importante que Cubadisco, además de feria o encuentro empresarial, fuera un entorno propicio para la investigación, especialmente para la Musicología. Trabajó estrechamente, desde los inicios del certamen, con distinguidos musicólogos e investigadores. A los ya mencionados debemos añadir la imprescindible colaboración de los musicólogos doctores Olavo Alén y Danilo Orozco, María Elena Vinueza, Laura Vilar y casi todas las generaciones de musicólogos que ellos han formado.

En lo personal, todas nuestras complicidades profesionales partían, esencialmente, de mi condición de musicóloga y mi formación bajo la tutela de Argeliers León, Odilio Urfé y María Teresa Linares.

El análisis multidisciplinario como base para crear las estrategias de conducción de la política cultural del país resultaba imprescindible para él. Así presentó con su equipo la idea y fundamentación para el nacimiento de Producciones Colibrí, de la Oficina Nacional Fonográfica, el proyecto de la Fonoteca Familiar (la música que cada familia cubana debía tener en su casa), el Foro sobre tecnología y producción musical, y todos los proyectos nacionales que acompañaban cada Cubadisco, como El son más largo, La rumba más larga, El Campeonato de Pie Forzado, y muchos más que recorrieron el país de un extremo a otro, siempre asesorados por especialistas del tema.

La creación del Premio Internacional y los Premios de Honor, fueron otras acciones que permitieron que el evento se expandiera dentro de Cuba y trascendiera nuestras fronteras.

Tuvo la idea de dedicar el evento anualmente a una temática musical para dinamizar todos los campos de la creación, y se ocupó directamente de la atención y el respeto por los medios. Sugirió la presencia permanente del tema “niños”, y la “relación con las comunidades”. Él insistía en que Cubadisco no fuera solo un proyecto concentrado en la capital ni para los profesionales. Por años viajó para conversar personalmente con los artistas y ejecutivos de cada territorio, y por esa vía compartir ideas que potenciaran el evento desde la perspectiva de cada lugar. Esos intercambios propiciaron la celebración de una edición de Cubadisco en Santiago de Cuba, y gestaron la declaratoria del “Tres como patrimonio de la nación cubana”. Esa experiencia sería realizada indistintamente en cada territorio para propiciar el desarrollo de las industrias culturales en todas las provincias. En cada localidad lo dirigirían los músicos y autoridades más destacadas y de mayor conocimiento, con el acompañamiento del pueblo, cuya experiencia de vida constantemente debía aportar.

También participó en proyectos del Alba Cultural y en coproducciones con muchos artistas de la región, en tanto atribuyó marcada importancia a la unidad de los productores latinoamericanos para resguardar y potenciar el patrimonio de nuestras naciones y, al mismo tiempo, establecer formas propias de promoción y presencia en los mercados, siempre basadas en la dignidad y la soberanía.

Un pensamiento muy abierto le permitía escuchar con mucha atención las propuestas, tanto de otros colegas, como de los jóvenes, a fin de garantizar una oxigenación de Cubadisco en cada edición. Para eso se trabajaba con mucho tiempo. En la última jornada del evento en curso, ya se daban las generales del próximo, a partir de la dedicatoria que se preveía realizar.

Siempre se rodeó de un fuerte equipo de trabajo, de sólida estructura y sentido de pertenencia que aún hoy constituye su mayor fortaleza; a él pertenecieron muchos especialistas de valioso desempeño. Los que por más tiempo trabajaron directamente a su lado y pudieron compartir sus enseñanzas son Yadel Peláez, Maydonis Rittoles, Lourdes Martínez, Iliana Ríos (aunque ya nos falta), y una servidora.

Sus equipos fueron siempre muy inclusivos, en ellos se integraron todos los expertos del Comité del Premio, las discográficas e instituciones del sistema de la Música. Directores de programas radiales y televisivos formaban parte de nuestros andares, así como directores artísticos, técnicos, productores. Esa es la fuerza que ha mantenido en pie a Cubadisco.

La mejor manera de mantener vivo su pensamiento y ser consecuente con ello es repasando su obra y cuestionando cada paso dado por nosotros mismos. No es aferrarse a sus ideas por fanatismo, pero, sin dudas, el crecimiento a partir de una concepción bien sembrada permite dar continuidad a lo que ha funcionado y saltar a otras formas de desarrollo. El equipo actual de Cubadisco, liderado por Jorge Gómez, está enfrascado en ese crecimiento del evento, a partir de las nuevas condiciones en las que se realiza.

Cada una de las acciones de Ciro estaba llena de pretextos, siempre decía que “Cubadisco es solo un pretexto para mover otras cosas, de la sociedad, del pensamiento; hay que provocar las acciones para lograr el desarrollo, Cubadisco es una provocación cultural”.

Siempre Ciro

Ciro es de esos seres irrepetibles por su esencia, sentimientos y obra trascendental para la música cubana. Todo en Cubadisco tiene aún su huella. Ahí están sus escritos, memorias, las que sería importante revisitar porque revelan cuánto sembró una obra que se impuso por su prestigio, aun cuando no llegara a toda su plenitud en vida de Ciro, por falta de comprensión y apoyos imprescindibles que, en ciertos momentos, no tuvo.

Cada una de las acciones de Ciro estaba llena de pretextos, siempre decía que “Cubadisco es solo un pretexto para mover otras cosas, de la sociedad, del pensamiento; hay que provocar las acciones para lograr el desarrollo, Cubadisco es una provocación cultural”.

El 26 de junio de 2016, fuera de su amada Cuba, murió nuestro Benemelis. Su cuerpo fue siempre muy frágil para las tantas vidas que necesitó vivir. Muy poco se habló de su desaparición física, quizás así lo hubiera preferido. Un hombre como él no necesita medallas ni discursos, un creador como él vive y crecerá permanentemente en lo cotidiano, cada vez que nos cuestionemos si estamos haciéndolo bien, cada vez que recordemos sus bromas y sabias anécdotas, en cada verso de sus canciones preferidas.

Ciro amó esta nación y peleó mucho por ella. Crear Cubadisco fue su gran legado a nuestra cultura, eso estará siempre por encima de todo.

Su bendición, Ciro.

Salud Cubadisco, en tus 25 años.