Cualquier diálogo, ningún chantaje

Jorge Fuentes
6/12/2020
 

La revolución está obligada al diálogo y al consenso, pero la revolución también tiene que defenderse, ese es su derecho.

Confundir complot con libertades inalienables, es de tontos. Para aquellos que quieren el regreso al capitalismo las cosas son más fáciles. Nada les vendrá bien mientras no logren su objetivo. Para los que creen que nuestro socialismo lleno de defectos y errores, que no ha logrado una economía que lo sostenga sin zozobras, no es perfectible, se trata de un temor insuperable, por oportunista.

El asunto no es solo resistir el bloqueo. Nunca el imperio norteamericano va a favorecer a la revolución. Así como la construcción económica debe tener en cuenta que estamos condenados a sufrir los embates de los ciclones, debemos entender también que no nos van a ayudar a hacer el socialismo.

De Trump no había que esperar nada, pero de los que vengan tampoco. No somos asiáticos. ¿Entonces no tiene que haber cambios? Sí, pero unilaterales. Por Cuba, por el bien de todos. Cambios en la economía y en la sociedad y por desarticular a la burocracia parasitaria que tiene nichos en todos los niveles de dirección. La burocracia no tiene estructura, está en las estructuras. No es solo obtener la libertad de expresión, también se trata de construirla. ¿Acaso es la que hemos conocido en el capitalismo? En el socialismo deberá haber más libertad de expresión, porque el socialismo la necesita más. Sin embargo, a veces no lo parece. El socialismo ha permitido esta confusión. Pues bien, luchemos entre nosotros, por esa libertad, movilicemos todo el pensamiento martiano y marxista, recordando que sin marxismo no hay socialismo y que con la retórica de nuestra prensa que se extiende a las reuniones, asambleas y consignas, tampoco.

Para lograr lo que queremos es necesario mayor democracia para los revolucionarios. Pensamiento libre y propio en las reuniones de los revolucionarios. La nación también debe entender que aunque no hay pluripartidismo, la base social con diversos criterios ideológicos y políticos existe. No existen los partidos, pero la base social está ahí. Estamos obligados a tener en cuenta esa diversidad de pensamiento y vivir en la diversidad. Muchos ciudadanos no van a apoyar a la revolución, porque no son revolucionarios. No obstante, el estado revolucionario es también de ellos, en tanto que ciudadanos. Van a seguir a la revolución si demuestra eficiencia y seguridad en construir un país que satisfaga sus anhelos de progreso.

El Estado no es solo de los revolucionarios, es de los ciudadanos. El Estado es revolucionario, porque lo son la mayoría de sus miembros y de sus líderes. Es en ese contexto que hay que continuar con el factor de unidad que lleva ya varios siglos con nosotros: la patria.

En la patria está la unidad. Ahora la patria socialista, descolonizadora y anticolonial, solidaria e internacionalista. La patria de pensamiento diverso que se une en sus propias entrañas. Puede ser divino el proyecto, pero sin chantaje.