Ocurre que en la barriada habanera de El Vedado estaban situados tres de los cabarets más importantes de la ciudad y, por qué no decirlo, del país y se alojaban en salones de los hoteles más emblemáticos. El hotel Nacional se preciaba del Parisien; el Capri del Salón Rojo y el Riviera el Copa Room. Había otros cabarets en hoteles como el Tritón, el Copacabana, el Vedado y el Saint Johns. En este último se reunían en su azotea los seguidores, cultores y amantes del filin.

Cada uno de estos espacios poseía su cuerpo de baile, sus coreógrafos y su talento musical, todo de excelente factura y que para nada envidiaba a quienes gozaban de amplia popularidad. Al contrario, aquellos artistas populares se refugiaban en el cabaret para completar tanto su carrera como su economía.

Tras la muerte del Benny, el 19 febrero de 1963, más de un cantante cubano se arriesgó a asumir temas de su repertorio con mayor o menor fortuna. Lo que más primó en cada uno de esos intentos fue el tratar de alcanzar el registro o la capacidad histriónica del Benny al asumir sus canciones, boleros, sones, rumbas y mambos. Tal vez el mayor imitador del ídolo de Santa Isabel de las Lajas fue el cantante Benny Santos, cuyo registro vocal se acercaba para imitar algunos de sus giros vocales. Pero no pasó de un acercamiento mimético que a muchos logró convencer.

“Tras la muerte del Benny, el 19 febrero de 1963, más de un cantante cubano se arriesgó a asumir temas de su repertorio con mayor o menor fortuna”.

Estaba, igualmente, el riesgo que corrió el cantante Héctor Téllez al hacer algunas versiones de boleros emblemáticos de su repertorio; en especial “Cómo fue” y “Conocí la paz”, que provocó un profundo sisma entre sus seguidores y los entendidos en la música del Benny.

Para nadie es un secreto que el showman Bobby Carcassés es también uno de los más grandes devotos, seguidores y admiradores de la personalidad y la obra de Benny Moré. Lo ha sido desde siempre y lo será hasta el fin de sus días. Como parte de su repertorio, más allá del que interpretaba en el Teatro Musical de La Habana, había compuesto un tema en homenaje a su figura, solo que alejado de todo intento de repetir su música, sus giros vocales y hasta su vestuario. Bobby presentó a todos su visión del hombre de música desde una perspectiva distinta: el jazz, una de las grandes pasiones musicales del Benny.

Con estos antecedentes los ejecutivos del cabaret Copa Room decidieron conformar un espectáculo en homenaje a tan importante figura y diseñaron una propuesta en la que brillaba la figura de Bobby como eje principal. Para ello aprovecharon su experiencia en el musical y su versatilidad ejecutando varios instrumentos. Y no se equivocaron.

Coincidentemente en estos mismos años ochenta, el cine cubano decidió abordar la figura del Benny en un filme dirigido por Rapi Diego, que no fue bien acogido tanto por el público como por la crítica, y es que en nuestro caso particular abordar al Benny exige una alta dosis de fidelidad —al menos desde nuestra visión de los mitos populares. Aún no estábamos aptos para aceptar otros puntos de vista u otras lecturas acerca de nuestros propios fantasmas culturales. Solo que este era un fantasma vivo, latente y del que cada cubano que lo conoció o le vio sobre un escenario (que eran parte importante de la población) tenía su propia imagen.

“El showman Bobby Carcassés es también uno de los más grandes devotos, seguidores y admiradores de la personalidad y la obra de Benny Moré”. Imagen: Tomada de L´Ostia Latin Jazz

La propuesta, que para muchos se tituló Cómo fue, se convirtió en todo un suceso dentro de la programación de los cabarets habaneros. Acusaba una sobriedad escénica y una acertada visión del Benny, su música y su personalidad sin ser imitativa o grandilocuente en la interpretación de cada tema seleccionado; que dicho sea de paso se ajustó a las cualidades vocales de cada uno de los involucrados. Y en el centro, la visión del Benny de Carcassés, más allá del mito personal.

Se cuenta que hubo personas que fueron a verla más de una vez y que siempre salían satisfechas. Otros descubrieron los encantos del cabaret, sentados en las mesas del Copa Room, fascinados por la cuidada propuesta, pero sobre todo aceptando que Bobby Carcassés no imitaba o simplemente trataba de suplir al más grande todos, al Bárbaro del ritmo. Simplemente era una mirada despojada de todo mimetismo, era un gran divertimento que Benny hubiera aprobado.

Y como el mundo del cabaret es un constante riesgo, Bobby se atrevió a buscar y proponer un suplente de su trabajo para esos días en que tenía compromisos obligados, lo mismo con su grupo Afrojazz o que en el Teatro Musical. La propuesta, que sorprendió a muchos, era un joven mulato, delgado e hijo de una de las mujeres más míticas del cabaret y el espectáculo cubano; se trató de Isaac Delgado, que por aquel entonces había dejado de ser cantante de los grupos Proyecto, dirigido por el pianista Gonzalo Rubalcaba, y de Galaxia.

Isaac, asumió con modestia esta labor pero tras su propuesta estaban las vivencias de sus padres —su padre había sido uno de los sastres que vistió a Benny en los años cincuenta y sesenta, y ambos compartían una buena amistad— y los consejos de otras importantes figuras del mundo del espectáculo cubano, como Santiago Alfonso.

Aunque parezca increíble este show se mantuvo en cartelera por más de cinco años a lleno completo y fue plataforma de lanzamiento de muchos artistas que soñaban con llegar a Tropicana. Mientras tanto Bobby Carcassés se permitió el lujo de llevar la figura del Benny a una dimensión inimaginable y este sería el último de los grandes shows que se presentarían en el cabaret Copa Room, que a partir de la siguiente década tendría otro destino dentro del universo musical cubano.

La visión del Benny en el mundo del espectáculo cubano solo fue superada en popularidad por el filme que años después dirigiera José Luis Sánchez.

Pero allí llegaremos en algún momento.

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