I

El pasado viernes 17 de junio, en pleno período pos-pandémico, en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, tuvo lugar la inauguración de la exposición Ñiko: imaginación del cartel, donde se puso de manifiesto la trayectoria de seis décadas de este esencial hacedor del cartel de vanguardia cubano. Para quienes hemos dedicado una parte importante de nuestra obra en dar a conocer la historia de esta manifestación emblemática de la cultura visual cubana, resulta todo un acontecimiento cultural la citada muestra. Mucho más, cuando es notorio que nuestro cartel se ha ganado un lugar en la historia del arte nacional e internacional, incluso, a veces, a contracorriente de ciertos criterios ya “casi” superados relacionados con la antañona división de las artes en “mayores” y “menores”.

“Nuestro cartel se ha ganado un lugar en la historia del arte nacional e internacional”.  

De hecho, en Cuba, siempre la gráfica anticipó a la plástica en los mensajes visuales de vanguardia. Así aconteció durante la Colonia con los álbumes grabados sobre nuestra geografía, tipos y costumbres. En la República, antes de la archiconocida exposición de pintura auspiciada por la Revista de Avance, en 1927, ya existía una vanguardia gráfica con más de dos décadas de existencia, tal y como se puso de manifiesto en las caricaturas e ilustraciones para los medios impresos de la autoría de creadores de la talla de Jaime Valls, Rafael Blanco, Conrado W. Massaguer y Enrique García Cabrera, entre los más notables. Con el triunfo de la Revolución cubana, una vez más, manifestaciones de nuestra gráfica de comunicación como la fotografía y el cartel, fueron las llamadas no solo a dar testimonio visual de la realidad sociopolítica por la que empezaba a transitar el país, sino hacerlo con un código visual en lo formal y conceptual realmente novedoso —en particular, el cartel—, cuyos mensajes visuales le dieron la vuelta al mundo.

En Cuba siempre la gráfica anticipó a la plástica en los mensajes visuales de vanguardia. Imágenes: Yuris Nórido/ Tomadas de Cubasí

II

El cartel Hasta la victoria siempre, es una época. Concebido por Antonio Pérez (Ñiko) en 1967 e impreso al año siguiente,es el primero de los excelentes carteles que la vanguardia gráfica cubana concibió en honor a un hombre hecho leyenda, el comandante guerrillero Ernesto Guevara de la Serna, más conocido por la interjección argentina con que quiso nombrarlo nuestro pueblo: Che. Asimismo, puede afirmarse que al igual que la imagen de José Martí, la del Che ha devenido un género dentro de la plástica y la gráfica cubanas de los últimos decenios.

“El cartel Hasta la victoria siempre, es una época”. Imagen: Internet

La exposición de Ñiko en Bellas Artes, que nos ha motivado estas líneas, curada por el diseñador José (Pepe) Menéndez, es una buena oportunidad para disfrutar y analizar una trayectoria estético-comunicativa personal de las más representativas de nuestro ámbito gráfico. La misma, iniciada durante el tránsito de las primeras agencias de publicidad intervenidas por el Estado revolucionario y la reinserción de sus diseñadores en el llamado Consolidado de Publicidad, tendrá dos etapas de desarrollo esenciales: la que comprendió su estadía en la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) y la del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (Icaic), organismo al que se trasladaría Ñiko en 1969. A la par de su obra correspondiente a ambas etapas, se exponen también aquellos otros carteles de su autoría relacionados con las consabidas colaboraciones, en particular, los realizados para la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL). De igual interés histórico y estético se presenta un número de carteles hasta el presente poco conocidos por nuestra población. Aunque es preciso destacar, que con independencia del mensaje a comunicar, fuera este político, social o cinematográfico, toda su obra está signada por una misma aptitud y apego hacia una codificación de amplio espectro abstracto y figurativo, según el criterio electivo dominante en la concepción de cada uno de sus carteles.

“Al igual que la imagen de José Martí, la del Che ha devenido un género dentro de la plástica y la gráfica cubanas de los últimos decenios”.

Cierra la exposición, si es que admite tal cierre, una muestra de lo hecho por Ñiko en México, donde se estableció desde la década del noventa, al reducirse ostensiblemente la importación de filmes y, por consiguiente, la producción de carteles del Icaic. Hoy por hoy, puede decirse que Ñiko se suma a la lista de creadores cubanos notables que, en diferentes épocas de nuestra historia, se asentaron profesionalmente en este país hermano, a saber: nuestro primer poeta nacional, José María Heredia; nuestro Héroe Nacional, José Martí, y la pionera del diseño industrial latinoamericano, Clara Porset Dumas. Por último, cabe hacer la siguiente observación, después de Eduardo Muñoz Bachs, Ñiko es el otro cartelista del Icaic en canalizar su veta humorística con verdadero acierto estético-comunicativo.  En cuanto a la despedida, la única posible para una obra como la reseñada, es decir: ¡Hasta la Gráfica Siempre!

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