Del encanto lezamiano y otros rumores

José Manuel Lapeira Casas
15/2/2020

Lejos de la luz cegadora de los focos mediáticos, concentrados por estos días en la Feria del Libro en la Cabaña, la actividad literaria continúa tierra adentro. Contrario a lo que pueden pensar la mayoría, la Feria lleva su propuesta cultural a varios sitios de la capital al unísono. Con motivo de cumplirse este año el aniversario 110 del natalicio de José Lezama Lima, la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC acogió un sencillo tributo a aquel nombre imprescindible de las letras cubanas del siglo XX.

Como una sede anónima de la mayor fiesta del libro de Cuba, en el homenaje también fueron presentados el poemario de Lezama Enemigo rumor, Para leer debajo de un sicomoro de Félix Guerra y Así hablaba Lezama Lima de Ciro Bianchi Ross, títulos reeditados por Colección Sur. Al ser parte de la generación del grupo Orígenes, Lezama asume una preocupación incesante por lo nacional. Los símbolos secretos y extrañas pulsaciones son los signos vitales que le permiten diagnosticar las identidades fragmentadas.

Eliseo Diego reconoció en Lezama dos condiciones esenciales en su personalidad: el genio descomunal venía acompañado del afán generoso de divulgar lo mejor de la literatura y la poesía entre el pueblo. No sería descabellado considerarlo como uno de los grandes maestros de la poesía cubana, capaz de apreciar la buena invención lírica donde quiera que apareciera. Lezama pertenece a esa estirpe de autores que no desaparecen en los archivos del olvido a pesar de su ausencia física.

Homenaje a José Lezama Lima en la sala Villena de la UNEAC.  Fotos: del autor
 

La tragedia familiar lo marcó desde pequeño con la muerte del padre, que provocó el derrumbe del niño y su eclosión sensitiva: la figura del padre difunto será un acompañamiento recurrente en su obra posterior. El cuartel de los bajos de Trocadero #162 refugió al más fino y demoníaco difusor cultural en la Cuba de su época. Su literatura transcurre fundamentalmente hacia la vertiente poética y todo lo demás está subordinado a merced de los caprichos líricos, en donde resulta casi imposible no referirse a su obra cumbre: Paradiso.

La cristalización del pensamiento lezamiano culmina en la integración de Orígenes y el creciente recelo y sus contraposiciones con las nuevas dinámicas que iniciaba la Revolución cubana. El panelista Enmanuel Tornés Reyes recuerda al hombre campechano, franco y abierto en el que abundan las respuestas inusitadas. Afirma además que: “asomarse a Lezama era descubrir otras culturas desconocidas hasta entonces”.

Libros presentados en el homenaje a José Lezama Lima. 
 

El sentido de lo explícito mezclado con la ambigüedad imaginativa y su constante misticismo, lo convirtió en uno de los nombres tabú del quinquenio gris. Sus escritos abordan los más diversos temas siempre desde la aproximación poética lo cual deriva en varias maneras de leer a Lezama. Para el intelectual Roberto Mestre: “Lezama es de esos vicios que pueden llegar a ser tóxicos, pero no dejan de tener sus encantos y sabores prohibidos”.

Delimitado por las superposiciones y las referencias obsesivas a los orígenes, sus confrontaciones históricas son insólitas, aunque los anacronismos no demeritan el texto, sino que crean arquetipos. La exploración del éxtasis dibuja los matices de la vida con sus placeres e imprevistos. Su carácter pletórico destaca las subjetividades del ser inatrapable que escapa por todas las aristas.

De acuerdo con el reconocido periodista Ciro Bianchi: “el anecdotario de Lezama bastaría para conformar varios libros. Un hombre que hablaba en ocasiones con la seriedad simpática de alguien que domina los silencios y el poder de la mirada”. A pesar de la profunda huella lírica, su cultura cimera está cargada de una impronta imaginativa teatral que atraviesa toda su obra.

La fastuosidad lezamiana confluye en una espiritualidad de aperturas que practica la devoción martiana, donde aún se esconden infinidad de temas a la espera de indagaciones mayores. Por su parte Félix Guerra lo ilustra de “un autor que viene del pasado pero que avanza hacia el futuro con pasos acelerados”.

En cuanto al Enemigo rumor tan amigo de la buena poesía, Lezama quiso comenzar con un tono alto, razón por la cual sacrificó los versos juveniles que nunca publicó en vida. Con préstamos notables de Góngora, el lenguaje suntuoso adquiere una autonomía tal que trasciende las estructuras formales. El escritor en formación se resiste a reconocer las influencias una vez alcanzada la madurez poética. No obstante, se aprecia el resultado de varias lecturas digeridas en la conformación del libro que no le restan originalidad.

La selección del título corresponde a la clave metapoética de cuando el poema abandona al individuo para conformarse nuevamente a partir de las interpretaciones del lector, quien persigue la palabra y el ritmo más allá de la combinación de sentidos. Enemigo rumor está plagado de metamorfosis y sucesiones de imágenes difíciles de definir. En este sentido estuvo acosado en primera instancia por la indiferencia de los textos fundacionales que abren camino a nuevos escenarios.

Contrario a las intenciones meramente descriptivas, plantea aproximaciones interiorizadas a las estéticas paisajísticas. En el libro se encuentra la pureza discursiva de un autor joven que conserva la fascinación y la frescura, a pesar de ser reeditado más de medio siglo después de su primera publicación.

En Así hablaba Lezama Lima, Ciro Bianchi mediante, explota la irrupción de Paradiso en el entorno cultural cubano mediante la entrevista de profundidad al intelectual. Su lectura resulta útil para comprender a Lezama y seguir de cerca su huella creativa inmensa. El poeta comparte sus conceptos del hermetismo del barroco, de los rasgos distintivos de la identidad, del tiempo y la eternidad. También establece un juego con la “habanidad” profunda presente en Paradiso y los paralelos que emergen, no solo de su figuración externa, sino de su representación interna.

Por último, Para leer debajo de un sicomoro reconstruye los acercamientos del autor como entrevistador a la grandilocuencia lezamiana. Por consiguiente, Roberto Manzano refiere:

El entrevistador y el entrevistado estaban sostenidos por la misma fe en la poesía (…) El legendario escritor produjo al entrevistador una impresión especial, descrita por este último con imágenes que captan la flotación cambiante de la charla del primero, su alto vuelo asociativo, bordador en la atmosfera del mágico serpenteo que fundan entre sí el conocimiento y la fantasía.

En todo ambiente intelectual se habla de Lezama con una deferencia que intimida. Más de uno ha dilatado largamente el terror de penetrar en Paradiso por su fama críptica e inentendible. Aunque escucho ocasionalmente al personaje de Diego —cuando visualizo nuevamente esa gran película que es Fresa y Chocolate— cómo reconoce con firmeza a Lezama con el adjetivo de maestro, considero que sería un acto de tremenda irreverencia equipararme a ese juicio. Todavía queda mucho por aprender del encanto lezamiano y otros tantos rumores que esperan por ser devorados en apasionadas lecturas a la luz de la aurora.