Tal vez haya sido una ingenuidad. Lo pongo en duda. Pero que el viernes 28 de octubre un minúsculo grupo de jóvenes haya irrumpido por la concurrida esquina de las calles Martí y Manduley (Libertad) en horas de la noche con vestimentas que imitaban las del execrable Ku Klux Klan, es merecedor no solo de la más sancionadora crítica, sino además del absoluto rechazo de quienes estamos en contra de que en nuestra sociedad supervivan y se alimenten manifestaciones racistas.

Solo bromistas de pésimo gusto —si lo miramos sarcásticamente— pueden prestarse a ¿celebrar? una Noche de Brujas en el contexto cubano, donde resulta más que un acto importado, una aberración a la que añaden la presencia de las tres K.

Este hecho es merecedor no solo de la más sancionadora crítica, sino además del absoluto rechazo de quienes estamos en contra de que en nuestra sociedad supervivan y se alimenten manifestaciones racistas.

Conocemos que en esta ciudad, en otros años, en sitios y espacios de recreación se han utilizado referencias al Halloween para atraer clientes.

Obviamente, nuestra filial rechaza todo tipo de manifestación discriminatoria, desde las sutiles formas que sabemos subsisten y aún más con expresiones burdas, copiadas e influidas para perjudicar sentimientos y realizar acciones que denigren la unidad étnica del pueblo cubano.

Tomado del sitio web de la Uneac

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