Intensamente grave, sólido, noble, con un timbre sombrío, pero con cualidades que aportan fortaleza armónica y rítmica, y una dulzura en su primera cuerda de Sol. Ágil y bien sincronizado; con tantas posibilidades como cualquier otro instrumento de la familia de las cuerdas cuando busca el equilibrio sonoro. Mantiene el tiempo, delinea el marco armónico de un tema. Crea la magia y una comunicación exquisita con el público. Así es el contrabajo, y ahí radica su misterio.

“Gastón Joya Perellada entró por la puerta grande de la creación, y desde ese momento su carrera ha ido en ascenso”. Foto: Tomada del sitio web de D’Cuba Jazz.

Pocos ejecutantes pueden hacerlo sonar con la nobleza y hermosura que en sí posee y, entre ellos, sobresale una alhaja dentro de la música cubana. Gastón Joya Perellada entró por la puerta grande de la creación, y desde ese momento su carrera ha ido en ascenso, lo cual solo le sucede a aquellos que combinan el talento con las ansias de aprender y crecer. En ese camino ha marchado de la mano del contrabajo, que es su casa, su familia, sus raíces, su formación. “Es el amigo que me acompaña en todos los momentos, ya sean buenos, malos o regulares. Es una parte de mí; mi extensión. Ahora mismo no tengo la palabra correcta para definir qué significa para mí el contrabajo. Es un sentimiento; mi modo de vida”.

“El jazz me ha abierto muchas puertas en la música”

Gastón Joya creció en un ambiente completamente musical, repleto de descargas. “Mi padre Gastón Joya Riverón tocaba el contrabajo junto a trovadores como Pepe Ordaz, Frank Bejerano, Sara González, David Torrens. Eran como una pequeña comunidad de amigos donde todos compartían el arte y la música”. 

Ríe al recordar los apagones de los años 90 en Guanabacoa (todos los martes, jueves y sábados de seis de la tarde hasta altas horas de la madrugada). En esos momentos su mamá, como distracción, comenzaba a cantar canciones, y su padre la acompañaba con el contrabajo. “A mi hermana y a mí nos encantaba. Después aprendí a acompañar y fue lindísimo. Ese fue el ambiente donde me críe. Todo el tiempo escuchaba música”.

El joven artista seguía paso a paso a su padre, no por imitarlo o por obligación, sino por pura convicción. Así, mientras observaba a su ídolo musical, aprendió a tocar el bajo. Entró a la escuela con siete años, pero como no tenía la edad mínima para estudiar el contrabajo (diez años) y no quería perder el tiempo, empezó con el violonchelo. No obstante, y pese a los avatares de la vida, Gastón confiesa que lo que realmente quería estudiar era piano.

“Ni clásica ni popular ni alternativa; es música buena o mala”, responde si preguntas qué tipo de música prefiere tocar. “Desde pequeño aprendí a integrarme, y en eso influyó el ambiente donde me crié. Mi padre tocó música clásica y estudió contrabajo clásico; fuimos alumnos de Cachaíto López, que además de ser un gran profesor de contrabajo, es vanguardia de la música cubana, especialmente de los contrabajistas”.

Para el artista, la música no se debe molestar: “Ella está allá arriba y nosotros somos sus instrumentos. Es buena o mala; es sincera o no. Es una sola y no tiene límites”. 

Gastón no se puede desligar de la palabra jazz, y mucho menos de la música afrocubana, ya que se encuentran de manera intrínseca en la propuesta que defiende como músico. “El jazz llegó cuando tenía alrededor de 15 años, pese a que mi padre oía mucho este género musical. En la casa siempre tuvo discos de jazz. Él vivía en Buenos Aires, y constantemente compraba álbumes a muy buenos precios. Siempre nos trajo a mi hermano y a mí buena música, para que de esta forma nunca perdiéramos la cultura de la escucha. Sin embargo, yo no le prestaba mucho interés. Fue en la escuela donde el jazz llegó a mi vida; con mis amigos, en el aula, guarachando. Con Alejandro Delgado, con Carlos Mejía ‘El Chepe’, con Julio Rigal. Fue una gran motivación”. Recuerda también la influencia de Harold López-Nussa, que era profesor en ese entonces en la escuela de Guanabacoa. “El jazz llegó por mediación de mis amigos, y fue lo mejor. Le agradezco mucho a mi familia la posibilidad de permitirme elegir el camino que siempre quise”.

Para Gastón Joya, el jazz es integración; es compartir, escuchar y hablar el mismo idioma con varios ejecutantes. “El jazz me ha abierto muchas puertas en la música, y me ha servido muchas veces de hilo conductor para llegar a sitios donde me he sentido muy bien”.

“Es innegable que la música afrocubana es elemento fundamental de nuestras raíces”

Por otra parte, cree con vehemencia que la música afrocubana es parte de él y de todos los cubanos. “Nací en Guanabacoa. Es innegable que la música afrocubana es elemento fundamental de nuestras raíces. Está también la parte española, pero la afrocubana es la que realmente nos mueve en muchos aspectos, y es muy importante conocerla y expresarla a partir de lo que somos. Lo afrocubano está en todo: en lo que comemos, en lo que hablamos, y en la música, por supuesto. No falla, siempre suena, siempre está ahí”.

¿Cuáles son sus principales paradigmas musicales?

Tengo muchos. Actualmente continúo teniendo influencias musicales hasta de personas jóvenes que conozco cada día. Hablaba ahorita de Cachaíto, que para mí y para muchos bajistas y músicos cubanos es un paradigma innegable. Chucho Valdés es una persona a la que le agradezco mucho. Con él comprendí la importancia y la realidad del jazz afrocubano. Me encontré a mí mismo en varios aspectos mientras tocaba con Chucho, y le agradezco todo el tiempo. Tocar con Ernán López-Nussa y con Enrique Plá en el trío de Ernán fue una experiencia enriquecedora. Era todavía un estudiante, y el hecho de que me abrieran las puertas y me permitieran evolucionar junto a ellos fue un honor grandísimo. Sigo aprendiendo día tras día.

Contrabajista, arreglista, productor, compositor… ¿cuál prefiere?

Definitivamente, músico. La propia música te lleva al lugar donde tienes que ser útil, ya sea tocando el contrabajo o produciendo un disco. Tantos títulos no determinan el resultado final, sino tú con la música, y la conexión con la gente. Me quedo haciendo música, la cual me ha puesto en varios lugares donde he tenido que acompañarla. Si tengo que elegir, lo prefiero todo.

¿Qué significan los premios para Gastón Joya?

Son alegrías que he tenido, si bien nunca he hecho música pensando en un premio. Por ejemplo, nunca quise presentarme en el concurso JoJazz cuando era adolescente. Siempre fui tímido. Mis amigos y mi abuelo confabularon y me anotaron en la lista. Ese premio fue una sorpresa.

“El premio más grande es la gente que se conecta contigo y con tu música. Esa sinceridad habla por sí sola”

En un concurso tocas porque estás buscando un lauro que te da un jurado compuesto por músicos excelentes, maestros, incluso amigos, pero ello es basado en sus criterios, y no siempre coinciden con el público. Por eso no debes casarte con los premios ni esperarlos. El premio más grande es la gente que se conecta contigo y con tu música. Esa sinceridad habla por sí sola.

Me siento muy agradecido por todos los reconocimientos que he alcanzado. El Gran Premio Cubadisco que obtuve por Fusión de almas, el disco con Rolando Luna, fue tremenda alegría para nosotros, pues nunca esperamos un premio así, siendo tan jóvenes. Agradezco a todos los que tomaron esa decisión, especialmente a músicos como Adalberto Álvarez y Joaquín Betancourt. En todos los espacios en que lo hemos presentado, no solo en Cuba, la gente se conecta con la música, y esa es la verdadera fusión de almas.

“La gente se conecta con la música, y esa es la verdadera fusión de almas”. Imagen: Tomada de la plataforma de música cubana Sandunga.

Si preguntas cuál es su sello como músico, la modestia toma las riendas y te sugiere preguntar a los eruditos, a los profesores o al propio Miguel Barnet, quien redactó hace poco unas notas discográficas que agasajan el talento de Gastón. Su principal musa es el paisaje humano: “Cosas que suceden, algunas a mí o a cualquiera a mi alrededor. Aprendo de esas experiencias y me inspiran. Las canciones que he compuesto tienen que ver con eso”.

Sobre los rasgos que definen su música, asegura que dependen de la situación. “Por ejemplo, para mí es muy importante la tradición, si bien estoy abierto a mil cosas que suceden dentro de la música. Todo es relativo. Es solamente estar en tiempo y espacio”. 

Gastón cree que su carrera ha evolucionado con el paso del tiempo. Ya pasó la etapa en que se estaba encontrando a sí mismo, y ahora sabe exactamente quién es, pero se ve en diferentes situaciones cuando toca. “Eso también está chévere, me estoy encontrando a mí mismo en posiciones diferentes. Lo importante es seguir hacia adelante y saber hasta dónde podemos llegar, pero siempre desde lo que somos”.

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