El coraje inspira

Ángel Martínez Niubó
30/7/2018

Ya sabemos cuántas coincidencias hay entre Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara, y si escribo cuántas es porque no solo pienso en que ambos nacieron un 14 de junio, sino porque en ambos parece habitar un mismo espíritu, una misma vergüenza, las mismas altas cumbres del decoro.
 


Che Guevara
 

Quizás piensen algunos que el Che pudo inspirar a más poetas, quizás puedan pensar que los poetas miraron más al guerrillero argentino-cubano. Pero no, y hay aquí, en este tema, particularidades muy interesantes. El Che Guevara inspiró a toda una generación de escritores, pero los medios de prensa del siglo XX —incluyo a la radio y a la televisión— hicieron que el espíritu libertario e independentista del Che Guevara, fueran conocidos con mayor prontitud en todo el mundo. Ambos son inmensos, y por eso escribo este trabajo en agosto, lejos ya de celebraciones por los natalicios. Al Che y a Maceo se les recuerda siempre. A ambos la poesía parece buscarlos… y encontrarlos.

Quizás se desconozca un poco que a Maceo escribieron, incluso, quienes estaban cerca de él, en la manigua. Ahora mismo hay que recordar dos textos “Maceo”, del español José Cirujeda Ros, y “El combate de Mal Tiempo”, de un autor identificado como “un vate en campaña”. O sea, a Maceo escribieron quienes le tuvieron cerca y escribió además, en 1919, ese grande que también fue Rubén Martínez Villena. A Villena debemos un soneto donde expresa: Aquí finalizó su ejecutoria / La progresión gigante de su medro / Aquel titán de robustez de cedro (…).

Pero hay otros que, desde la más elegante prosa, escribieron memorables páginas sobre el general Antonio, e incluso, los propios textos de Maceo están repletos de fuerza y de ternura. Veamos primero lo que escribió Martí —una de tantas veces— sobre el general Antonio: “En Costa Rica vive ahora Antonio Maceo. De vez en cuando sonríe, y es que ve venir la guerra. Todo se puede hacer. Todo se hará a su hora. Y hay que poner atención a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. Firme es su pensamiento, como las líneas de su cráneo”.

Esa es, quizás, la definición más conocida que hiciera Martí sobre el general Antonio, pero hay otra, y en esa hay también una enorme carga de ternura y admiración, pues el apóstol define tanto a Maceo, como a Mariana Grajales: “de la madre, más que del padre, viene el hijo, y es gran desdicha deber el cuerpo a gente floja; pero Maceo fue feliz, porque vino de león y de leona. Ya está muriéndose Mariana Grajales, la madre, la viejecita gloriosa en el extranjero, y todavía tiene manos de niña para acariciar a quien le habla de la patria”. Estas líneas de Martí tuvieron la respuesta del general Antonio: “Mi querido amigo, tres veces en mi angustiada vida de revolucionario cubano, he sufrido las más fuertes y tempestuosas emociones de dolor y tristeza, que produce la desaparición de seres tan amados como el que acabo de perder en tierra ajena… ¡Ah, que tres cosas! Mis padres, el Pacto del Zanjón, mi madre, que usted por suerte viene a calmar un tanto con su consoladora carta”. La carta de Maceo tiene ternura, amor… y tiene la patria como telón de fondo.


Antonio Maceo
 

Quizás el poema más conocido escrito a Maceo fue aquel que escribió Manuel Navarro Luna. Pero mucha poesía ronda la vida del general. Poesía necesitó Máximo Gómez para definir la muerte de Maceo. Gómez anunció a sus soldados lo siguiente: “la patria llora la pérdida de uno de sus más esforzados defensores, Cuba llora al más glorioso de sus hijos, y el Ejército al primero en la defensa de la patria”. Así vive la poesía alrededor del general Antonio, hecha de versos y de asombros, hecha de gratitud y de hermosura.

Al Che Guevara y al general Antonio, les asiste la poesía, los versos parecen ir tras ellos. Y cuando la poesía coincide en los héroes de la patria es que esos héroes coincidieron también en fuerza y en coraje, en conceptos limpios o preclaros.

Cuando el Che Guevara decía que al imperialismo no se le puede entregar “ni un tantico así”, ya Maceo había dicho que: “De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejecutarlos”.

Por eso digo que no solo coincidieron en el día de su nacimiento. Ambos tuvieron un sueño común, un instinto común, una poesía que en prosa o en verso vino a rendirles culto.

Pero hay más, y por eso la poesía vino a verles. Todos recordamos aquella carta del Che Guevara a Fidel cuando decía: “otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”. Maceo, en una carta de 1894, había escrito: “Cuando sea independiente solicitaré del Gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”.

Después de leer esa última coincidencia no queda más que el silencio que siempre ofrecen el asombro, la fascinación y la poesía.

Siempre he tenido claro que la poesía vive en ambos. O si no recordemos cómo Cortázar, en medio de una reunión, tras conocer la muerte del Che, tuvo que salir a llorar. O si no preguntémosle a Antonio Guerrero por qué, cuando estuvo en prisión, escribió un libro de décimas a Antonio Maceo.

Todo está claro: el coraje inspira.