Para entender los disturbios ocurridos en algunas localidades de Cuba el domingo 11 de julio, es inevitable recurrir a nuestra historia. Influyeron un grupo de factores internos y externos que fueron aprovechados por los enemigos de la Patria para exacerbar los ánimos en la población en medio de la compleja situación nacional e internacional. En la actualidad la familia cubana sufre el impacto de las 243 medidas coercitivas impuestas por el gobierno estadounidense de Donald Trump para el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, de ellas 55 aplicadas durante la COVID-19.

Esta compleja situación afecta directamente al bienestar de la población, que durante sesenta años ha sentido en su vida cotidiana el peso del bloqueo y la acumulación de serios problemas sociales que aún no han tenido la mejor solución, en ocasiones por la lenta aplicación de las políticas aprobadas en beneficio de la ciudadanía. A ello se le suma la crisis económica global agravada por el impacto de la pandemia, que también repercute directamente en la escasez de alimentos, medicinas y el desabastecimiento de productos de primera necesidad.

Esta combinación de factores internos y externos requerirá de mayor efectividad en la gestión de gobierno, pero en el caso de Cuba tiene mayor impacto la guerra económica, psicológica y cultural a la que ha estado sometida durante seis décadas de forma ininterrumpida por las diferentes administraciones estadounidenses. Sobran evidencias de los cuantiosos daños humanos provocados al pueblo cubano.

“Los cubanos hemos logrado resistir a todo tipo de agresiones, desde la guerra económica hasta la guerra cultural”.
Ilustración: Osval. Tomada de Cubadebate

En ese panorama se desarrollan las complejas relaciones entre Cuba y Estados Unidos, a las que se suma la insatisfacción de las expectativas generadas a partir de la asunción de Joe Biden a la Casa Blanca hace ya seis meses. Durante su campaña presidencial había empleado como uno de sus mensajes que necesitaban “una nueva política hacia Cuba”. Con este apuntaba a un posible retorno a la política de acercamiento implementada por el presidente Barack Obama (2009-2017) en sus dos últimos años de mandato, en los que Biden se desempeñó como vicepresidente, y que flexibilizó algunas restricciones impuestas por el bloqueo.

Sin embargo, ha transcurrido medio año de ocupar la Casa Blanca y mantiene pendiente cumplir la promesa de campaña de revertir las políticas de su predecesor. La dilación en la revisión de la política hacia Cuba y no realizar ninguna acción favorable al mejoramiento de las relaciones bilaterales, ha permitido que las fuerzas de extrema derecha anticubana incrementen las acciones subversivas para intentar desestabilizar el orden interno del país. En las últimas semanas estaba en curso la organización de una operación político-comunicacional financiada por el gobierno republicano de la Florida, que empleó como principal plataforma las redes sociales y que tuvo su máxima expresión en los hechos del 11 de julio.

Estos acontecimientos están siendo utilizados por la administración estadounidense para aumentar la retórica contra Cuba, al que califican como “un Estado fallido que reprime a sus ciudadanos”. También trascendió a la prensa que Biden ordenó al Departamento de Estado que revise planes para aumentar el personal en la embajada de Estados Unidos en La Habana, formar un grupo de trabajo que estudie el envío de remesas, entre otras acciones que apuntan a intentar ser más efectivos en su labor de influencia en la sociedad cubana. De ser ciertas estas informaciones sería una política de máxima presión contra el gobierno cubano e indican que la posición hacia la Isla será más agresiva de lo esperado.

Para cualquier análisis de la situación actual se debe tener en cuenta que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que se extienden por más de dos siglos, nunca han sido normales ni en igualdad de condiciones. Los gobiernos estadounidense han aplicado diversos instrumentos, desde los más evidentemente agresivos hasta los más sutiles: intentos de compra y anexión; intervención armada y ocupación militar; imposición de un apéndice de la Constitución; usurpación de territorio e instalación de una base militar permanente; establecimiento de regímenes dictatoriales; realización de acciones de sabotaje; introducción de plagas y enfermedades; organización de atentados contra sus principales dirigentes; múltiples acciones terroristas con un saldo de miles de víctimas mortales e incapacitados; aislamiento político internacional y regional; ruptura de las relaciones diplomáticas; creación y apoyo a bandas armadas; transmisiones radiales y televisivas ilegales; ejecución de programas subversivos financiados con millones de dólares que persiguen sembrar el odio y la división entre los cubanos.

“Los gobiernos estadounidense han aplicado diversos instrumentos, desde los más evidentemente agresivos hasta los más sutiles”.

De ahí que los hechos ocurridos no se deben analizar de forma aislada y sin desentrañar la esencia de las causas que los originaron. Los cubanos hemos logrado resistir a todo tipo de agresiones, desde la guerra económica hasta la guerra cultural. Es una batalla prolongada en el campo de las ideas, del pensamiento, de los valores y de los símbolos.

Estados Unidos intenta imponer su “american way of life” (estilo de vida norteamericano), influir en nuestra sociedad para que olvidemos la historia y orquestar campañas para fraccionar las fuerzas revolucionarias. Persisten en desmontar las ideas socialistas y potenciar el pensamiento neoanexionista en sectores que consideran vitales para un “cambio de régimen” en Cuba, como aquellos que están pidiendo una intervención militar.

“Al pueblo cubano lo unen lazos históricos, culturales y familiares con el estadounidense”.
Foto: Tomada de Cubadebate

Siempre y cuando permanezca la misma clase política estadounidense alternándose en el poder, será muy complejo el proceso hacia la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. La esencia del conflicto bilateral entre ambos países perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre la Isla y transformar su sistema político, económico y social por los grupos de poder estadounidenses, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el Socialismo, como proclama la Constitución de la República que fue aprobada hace solo dos años por más del 86 por ciento de los que ejercieron su derecho al voto.

No obstante, al pueblo cubano lo unen lazos históricos, culturales y familiares con el estadounidense. En los diferentes periodos de historia entre ambos países han existido simpatías hacia Cuba de diversos sectores de la sociedad norteamericana. Algunas figuras de los gobiernos y congresos han asumido posiciones favorables hacia la Isla, pero han sido desplazadas generalmente por fuerzas de extrema derecha anticubana que se han opuesto a cualquier acercamiento.

En medio de este complejo escenario la máxima dirección de la Revolución Cubana trabaja intensamente junto a su pueblo por preservar las conquistas sociales alcanzadas durante más de seis décadas de intenso batallar, avanzar en el desarrollo del país y defender la soberanía. Son portadores de una cultura de paz, diálogo, solidaridad y cooperación, que favorece la construcción de caminos hacia una convivencia civilizada con Estados Unidos. Confiando en que el destino de la nación cubana lo deciden sus hijos, aquellos que aman y fundan.

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