En un contexto donde no existían las bondades de las nuevas tecnologías asociadas a la informática y las telecomunicaciones, Pablo de la Torriente Brau recurrió en cientos de oportunidades al género epistolar para intercambiar criterios, de toda índole, con familiares y amigos. Raúl Roa fue el principal destinatario de sus misivas, quien recibió 21 cartas solo entre enero y agosto de 1936.

“Fraguaron su carácter desde la genuina cubanía que los ataba, de forma indisoluble, a su pueblo”. Fotos: Tomadas del sitio web de Cubaperiodistas

En una de ellas, fechada en la Babel de Hierro el 4 de abril de 1936, Pablo compartía con su hermano de batalla una de esas definiciones que nos confirman que esos héroes no ascendieron a tal condición encaramados en pedestales inaccesibles, sino que fraguaron su carácter desde la genuina cubanía que los ataba, de forma indisoluble, a su pueblo:

Sigo con los cojones hinchados. Ya supongo que conocerás mi teoría sobre la neurosis revolucionaria del destierro, que tiene dos manifestaciones, la positiva, que consiste en que se le hinchan al paciente los cojones y se pone a trabajar, a trabajar, a trabajar, aunque sea como la hormiga loca que no encuentra el agujero, y la negativa, que consiste en que al paciente se le desinflan los huevos, como si fueran globos de a níkel para muchachos, y se pierde el entusiasmo, la voluntad y hasta la responsabilidad. Sigo, pues, con los cojones hinchados.[1]

El receptor de estas letras, ni corto ni perezoso, ripostó en la jornada inefable del 10 de abril, desde su resguardo obligatorio floridano:

¡Qué te parece la racha última de asesinatos! Catorce en menos de 48 horas (…). Pero no me quito sin decirte que yo también tengo los cojones hinchados (…). En cuanto a la barda Teté y a la princesa Gladys ya tú sabes: mis mocos perfumados de siempre.[2]

En otra de esas letras cargadas de cariño mutuo, y originalidad en la comunicación, Roa, con su peculiar manera de abordar los temas más complejos, le fundamenta a Pablo la necesidad de que retorne al país, con independencia de la firmeza del periodista acerca de permanecer en España. Dice quien luego brillaría en las tribunas internacionales:

Habana 14, 936. Viejo Pablo: Yo insisto en mi envidia. Pero, a la vez, estimo que tu presencia aquí es infinitamente más importante que en España. Estamos deshechos (…). Conclusión: Tú aquí serías de una utilidad extraordinaria. Allá: la revolución española te interesa más a ti que tú, con todos tus excepcionales merecimientos, a ella (…). La gorda, bien, el fiñe, mejor. Es igualito que yo. Tiene movimiento continuo. Ya lo sabes: es sobrino tuyo, no obstante ser yo tu nieto. Abrazos a todos y a la princesa lírica, Robinson Crusoe.[3] 

Unas jornadas después, el 20 de abril de 1936, Pablo le contaba a Roa sobre el complejo panorama antillano, lo que supuso seguramente, más allá de la hondura del análisis, un desgarramiento para su fibra de revolucionario a toda prueba:

La revolución se alejaba cada vez más; por eso la gente no se acerca a nuestra obra, y por eso nuestros esfuerzos son heroicos pero infructuosos hasta ahora (…). Y eso es lo que sucede en definitiva: la revolución está palúdica y los aspirantes a revolucionarios han sido atacados, casi en su mayoría por el mal depauperador.[4]

Otro de los ejemplos del permanente espíritu dialéctico de Pablo, distante 180 grados de cualquier fórmula concebida con rigidez para la declamación mimética, lo tenemos en la evaluación de varios de sus contemporáneos que ofrendaron la vida en aras de alcanzar el ideal soñado.

Pablo, adelantándose a un reclamo de la actualidad, desafortunadamente incumplido buena parte de las veces, es capaz de atrapar la esencia de esas personalidades titánicas sin caer en la trampa de la exaltación idílica. Por el contrario, sus descripciones adquieren fortaleza, y credibilidad, en la medida en que pinta sobre el lienzo con una paleta policromática.

Los apologistas creerán que es áspero en oportunidades, pero es un narrador que, desde la posibilidad de coexistir con las figuras reverenciadas, aporta elementos de extraordinario valor para admirar todavía más a los jóvenes a quienes dedica su atención.

“Su muerte en Majadahonda, en las inmediaciones de Madrid, estremeció a la intelectualidad de la región, conocedora del calibre de Pablo como escritor”.

Otras obras suyas son Realengo 18; Peleando con los milicianos; Pluma en ristre, selección de Raúl Roa; El periodista Pablo; ¡Arriba, muchachos!; Testimonios y reportajes, y Recuerdos de la última olimpiada.

En una carta a los jefes y vicejefes de las delegaciones que visitaron nuestro país con motivo del aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el líder de la Revolución Cubana hace alusión a Realengo 18. Al narrar cómo se produjo la retirada de la fortaleza santiaguera, apuntó:

Caminamos horas aquella calurosa tarde por la falda norte de la Gran Piedra, una elevada montaña que trataríamos de cruzar para dirigirnos hacia el Realengo 18, un camino empinado del que Pablo de la Torriente, excelente escritor revolucionario, escribió que un hombre con un fusil podía resistir a un ejército. Pero Pablo murió en España combatiendo en la Guerra Civil Española, donde alrededor de mil cubanos apoyaron a ese pueblo contra el fascismo. Lo había leído, pero nunca pude hablar con él, ya había viajado a España cuando yo estudiaba bachillerato.[5]

El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, dirigido por el prestigioso intelectual Víctor Casaus, despliega desde su fundación una incesante labor de promoción, no solo del pensamiento de Pablo, sino de la cultura de izquierda en general. En ese empeño sobresale el espacio A guitarra limpia, que aglutina a trovadores de vanguardia, y Ediciones La Memoria.

Para María, compañera… es una elocuente, aunque discreta, historia de amor”. Foto: Tomada de Granma

Marta Rojas, Premio Nacional de Periodismo y Miembro de Mérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, recientemente fallecida, se refirió a la difusión de la obra de Pablo por este centro, así como a una faceta casi desconocida del revolucionario.

Pablo de la Torriente Brau (1901-1936) fue un apasionado del cine y descubridor de estrellas como Janet Gaynor y Frank Borzage, actriz y director de la película muda El séptimo cielo, respectivamente; filme que inspiró a Pablo a realizar una versión particular, luego de verla al ser exhibida en La Habana en 1927 (…). Del tema cinematográfico trata Para María, compañera… […]. Para María, compañera… es una elocuente, aunque discreta, historia de amor de Pablo.[6]

Como parte de esos esfuerzos, hace dos décadas vio la luz Recuerdos de la próxima olimpiada, en una tirada auspiciada además por el Comité Olímpico Cubano. En el texto, cuyo nombre fue tomado de una memorable serie de cinco artículos publicados por Pablo en el semanario Orbe, en julio de 1931, se agrupan narraciones y crónicas en las que aborda diferentes temas relacionados con el deporte, una de sus grandes pasiones. Una muestra de esos materiales de excelencia la encontramos en:

El estadio se fue llenando de hombres y de ruido, como un estanque gigantesco al que le va entrando agua, y casi simultáneamente fueron saliendo atletas a la pista con treinta banderas distintas en el pecho (…). Unos levantaban las rodillas y estiraban luego el pie en punta, con rapidez relampagueante; otros se ponían a dar vueltas sobre una sola pierna, como si fueran bailarinas clásicas.[7]

En otra de sus páginas, demostrando la inevitable interrelación del deporte con el resto de las esferas sociales, se plasma lo siguiente:

Para distraer un poco la imaginación, leo las noticias de la Olimpiada de Berlín. Pero todo está lleno de revolución hoy en el mundo. Los desprecios de Hitler a los atletas norteamericanos triunfadores —no olvidar los ultrajes al genial Jesse Owens, ganador de cuatro preseas doradas en 100, 200 metros, salto largo y el relevo corto (HPC)—,  solo por ser negros, son elocuentes (…). Cada vez pienso más que el atleta es el animal inferior de la escala humana… Y los negros de Abisinia siguen peleando. ¡Esos sí son atletas famosos![8]

“Todo está lleno de revolución hoy en el mundo”.

Su muerte en Majadahonda, en las inmediaciones de Madrid, estremeció a la intelectualidad de la región, conocedora del calibre de Pablo como escritor. La chilena Gabriela Mistral, para muchos la figura literaria femenina más excelsa del habla hispana —primera persona latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1945, y única mujer acreedora hasta el momento de ese lauro en la región—, fue una de las consternadas, si bien, en su caso, prevalecían también incomprensiones políticas. Marinello lo rememoró así:  

Eso no lo podía entender Gabriela porque ella no comprendía la política. Es más, tenía errores garrafales, como una niña, a pesar de que era una escritora excepcional (…). Recuerdo sus cartas cuando cayó Pablo de la Torriente en España. La indignación que eso le produjo, la cual es muy frecuente en escritores puros.[9]

Otro ejemplo de las dicotomías de intelectuales de renombre ante acontecimientos políticos estremecedores lo encontramos en el gran escritor ruso León Tolstói. Sobre las tribulaciones de este, haciendo una evaluación que ratifica su visión dialéctica genial, Lenin publicó en septiembre de 1908 el artículo “León Tolstói, espejo de la Revolución Rusa”. En el mismo explica:

Las contradicciones en las obras, en las ideas, en las teorías, en la escuela de Tolstói, son verdaderamente flagrantes. De un lado, es un artista genial, que no solo ha producido lienzos incomparables de la vida rusa, sino obras de primer orden en la literatura mundial. De otro lado, es un terrateniente poseído de cristiano fanatismo.[10]

Nada ni nadie podrá acallar ya el ejemplo brindado por Pablo y el resto del nutrido grupo de compatriotas que se enrolaron, sin vacilaciones, en defensa de la República Española.[11] Marinello, tocando la médula, nos ofrece un retrato integral:

Pablo de la Torriente fue un integradísimo caso de humanidad entendida como triunfo y honor de hombre (…). Alto, fuerte, arrogante —atlético—, su presencia imponía y daba muchas veces la idea de la brusquedad, de la altanería. Pero, mirado más de cerca, hablar con él en las interminables tardes del presidio era verlo hasta el fondo.[12]

Carlos Rafael Rodríguez, por su parte, nos acerca a otras de la facetas de  Pablo:

Su literatura se parecía más bien, pienso yo, aunque no es exactamente igual, a una literatura ya más trabajada, la de Hemingway: una literatura directa, que tiene el valor de la transcripción de lo real y el enriquecimiento a partir de lo real (…). Pablo transpiraba vida. Esa vida se manifestaba física y moralmente, porque repito, como Fidel, como Mella, son personalidades que uno asocia siempre con la vitalidad.[13]

“Pablo de la Torriente fue un integradísimo caso de humanidad entendida como triunfo y honor de hombre”.

Esos sentimientos de admiración encuentran una de sus expresiones paradigmáticas en los versos que el poeta y dramaturgo ibérico Miguel Hernández (1910-1942), una de las voces más elevadas de la lírica hispana, le dedicara al conocer su muerte.

Escribe Hernández una hermosa exaltación, titulada “Elegía segunda”, con el exergo “A Pablo de la Torriente, Comisario Político”. Esos versos expresan, al mismo tiempo, la inclaudicable posición política del autor:

Me quedaré en España compañero,/ me dijiste con gesto enamorado./ Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero/ en la hierba de España te has quedado./ (…) Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan./ No temáis que se extinga su sangre sin objeto,/ Porque este es de los muertos que crecen y se/ agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto./ 1936.[14]

El destacado historiador Roig de Leuchsenring apostilló en La Habana, el 2 de mayo de 1937, en Facetas de Actualidad Española, que:

Pablo de la Torriente Brau, intelectual moderno, supo realizar durante su vida admirable labor revolucionaria de depuración y renovación, tanto literaria y artística, como político-social. Y no veo que puedan sustraerse los intelectuales y artistas modernos a desempeñar esa doble misión, si su radicalismo artístico es sincero y honrado y no pose aristocrática de falsas minorías selectas o simple camuflaje de incapacidad e incompetencia.[15]

“Este es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto”. Foto: Internet

Su figura, en resumen, es motivo de inspiración para los jóvenes que incursionan en el apasionante universo de las letras y para todos aquellos que proseguimos defendiendo la capacidad de emanciparnos, en tanto creemos que las utopías son posibles.


Notas:

[1] En la misiva se refiere además a la esposa de Roa, la doctora Ada Kourí, encinta para la fecha del único hijo del más tarde “Canciller de la Dignidad”. Pablo le realiza un pedido asociado a que Ada no permaneciera en Miami junto a su esposo, obligado a radicar en la ciudad por los riesgos que corría en Cuba. Al final, cumpliendo la solicitud del gran amigo, Ada dio a luz a Raúl Roa Kourí, en La Habana, el 9 de julio del propio año. El 7 de julio de 2021 quedó oficialmente constituida, en acto celebrado en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Cátedra Honorífica Raúl Roa García, adscrita al Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Se materializaba, de esa manera, un largo anhelo de los profesores y estudiantes del ISRI, y de los diplomáticos y figuras de la cultura cubana. El propósito es impulsar no solo estudios, actividades y eventos sobre la trayectoria de Roa, sino también sobre otras muchas personalidades y cuestiones relacionadas con las luchas revolucionarias. La idea central es traer a la actualidad, por la capacidad enorme de diálogo que emana de su obra, un Roa vivo para las generaciones actuales de jóvenes y las venideras, no solo en el ámbito de la Mayor de las Antillas. La Cátedra, por méritos propios, la preside el destacado diplomático e intelectual Raúl Roa Kourí. Ver en: Pablo de la Torriente Brau: Cartas cruzadas. Correspondencia 1936 (Selección, prólogo y notas de Víctor Casaus), Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2004, pp. 102-103.

[2] Raúl Roa: “Carta a Pablo de la Torriente Brau, 10 de abril de 1936”. En: Pablo de la Torriente Brau: Ob. cit., pp. 352-353.

[3] Raúl Roa: “Carta a Pablo de la Torriente Brau, 14 de septiembre de 1936”, ob. cit. pp. 416-417.

[4] Pablo de la Torriente Brau: “Carta a Raúl Roa, 20 de abril de 1936. En: Caridad Massón Sena: “La postrevolución en la mirada incisiva”, ob. cit., p. 51.

[5] Fidel Castro Ruz: “He vivido para luchar”, Granma, La Habana, 29 de julio de 2013, pp. 4-5.

[6] Marta Rojas: “Pablo en nueve obras de Memoria”, Granma, La Habana, 6 de marzo de 2014, p.6.

[7] Pablo de la Torriente Brau: Recuerdos de la próxima Olimpiada, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2002, pp. 120-121.

[8] Ibídem, p. 8. Estoy seguro de que Pablo, destacado practicante del fútbol rugby, sentiría especial emoción al presenciar, por ejemplo, la actuación de Jamaica en la velocidad en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuando de la mano del “Fenómeno” Usain Bolt, alcanzaron 4 medallas de oro, 5 de plata y 3 de bronce. En una de esas pruebas, los 200 metros planos, llegaron incluso a copar todos los escaños del podio de premiaciones, pues al “Relámpago”, como también se le conoce a Bolt, lo escoltaron Yohan Blake y Warren Weir. Algo similar acaba de ocurrir en la cita bajo los cinco aros de Tokio 2020, efectuada entre el 23 de julio y el 8 de agosto de 2021, resultado de la postergación provocada por la Covid-19, cuando, esta vez en los 100 metros, el podio lo ocuparon, por ese orden, las jamaicanas Elaine Thompson-Herah, Shery-Ann Fraser-Pryce y Shericka Jackson. No menos entusiasmado estaría con las demostraciones de los fondistas etíopes y kenyanos que, desde hace muchos años, literalmente arrasan en la mayoría de los certámenes.

[9] Luis Báez: Conversaciones con Juan Marinello, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1977, pp. 119-120.

[10] Vladimir Ilich Lenin: El arte en revolución, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1989, pp. 99-101.

[11] La prensa nacional publicó hace algunos años un artículo del corresponsal de la Agencia Prensa Latina en España. Por los datos y precisiones que aporta creo oportuno reproducir una síntesis del mismo. “Madrid.- La colocación en diciembre de 2013 en el cementerio madrileño de Fuencarral de una tarja a los cubanos caídos en la Guerra Civil Española comenzó a saldar una deuda con la historia: el reconocimiento a la participación latinoamericana en ese hecho. Según pesquisas de la investigadora María Sánchez Dotres, en el conflicto —de 1931 a 1939— participaron del lado republicano 1412 cubanos, la mayor presencia proporcionalmente con la población entre los 54 países que aportaron combatientes a la gesta”. Miguel Lozano: “Cubanos en la Guerra Civil Española, historia semiolvidada”, Granma, La Habana, 25 de diciembre de 2013, p. 5.

[12] Juan Marinello: “Pablo de la Torriente Brau, héroe de Cuba y España”. En: Pablo: 100 años después (Prólogo de Víctor Casaus), Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2001, pp. 161-162.

[13] Carlos Rafael Rodríguez: “La imagen de Pablo es la vida. Conversación con Víctor Casaus”. Ibídem, p. 186-187.

[14] Miguel Hernández: “Elegía segunda”. Ibídem, p. 13-14.

[15] Emilio Roig de Leuchsenring: “Pablo de la Torriente Brau: una vida ejemplar y una muerte gloriosa”. En: Evocación de Pablo de la Torriente Brau (Colectivo de autores),  Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997, pp. 88-89.