El Maestro y María

Emilio Cueto
8/1/2019

La pieza de mi colección que comentamos hoy nos viene de Rumanía. Publicada en Bucuresti en 1938, se trata de la partitura del aria final de María La O, con letra italiana de Nisa (Nicola Salerno) y versión rumana de Stefan Kiritescu. Su autor —todos lo sabemos— fue Ernesto Lecuona Casado, genial músico nacido en Guanabacoa el 6 de agosto de 1895, y fallecido en Tenerife, Islas Canarias, el 29 de noviembre de 1963. Sus restos reposan en el cementerio Hawthorne del Estado de Nueva York. Lecuona no fue el único músico de la familia. Debemos siempre recordar a su hermana Ernestina (1882-1951) y a su sobrino nieto Leo Brouwer (1939).


María la O sigue hoy tan presente entre nosotros como en aquella memorable noche de zarzuela
en el Payret hace 88 años. Foto: Cortesía del autor

 

Lecuona, excelente letrista de sus propias canciones, se asoció con colaboradores como Antonio Castells, Francisco Meluzá Otero, Roberto Ratti, Agustín Rodríguez (coautor de Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig), mi tío Álvaro Suárez, Federico Villoch y Mario Vitoria. María La O lleva letra del habanero Gustavo Sánchez Galarraga (1893-1934) y se estrenó el 1ro de marzo de 1930 en el teatro Payret de La Habana.

La zarzuela fue todo un éxito, y ha sido presentada en muchos escenarios a lo largo de los años. Una de sus últimas funciones tuvo lugar en el teatro Gala de Washington, durante la semana del 22 al 29 de abril de 2018.

De la obra completa conozco dos grabaciones: una de 1956 por los españoles Dolores Pérez y Luis Sagi Vela (disco Montilla FM 73), y otra en 1995, interpretada por las voces cubanas de Alina Sánchez y Rodolfo Chacón (CD Egrem 122). En 1947 fue llevada al cine.

La famosa aria final de la zarzuela (“Mulata infeliz, tu vida acabó”) ha sido interpretada, en voz o instrumento, por muchos grandes artistas, entre ellos Cristy Arias, la Banda Municipal de Placetas, la orquesta de Stanley Black, Carlo Buti, Carmen Cavallaro, Maria Cavallero, Elyane Celis, Enrique Chía, Xavier Cugat, Plácido Domingo, Molly Dunn, Rosita Fornés, Olga Guillot, Eglise Gutiérrez, María Leticia Hernández, Alfredo Kraus, Libertad Lamarque, los Lecuona Cuban Boys, Sandra López, el Trío Los Panchos, Ana María Martínez, Larisa Martínez, María José Montiel, Tony Murena, Everardo Ordaz, Pepe Luiz, Alberto Rabagliati, Angélica de la Riva, Franco Rivero, Judith Rodríguez, Liliane Savigny, Henri Rossotti, Caetano Veloso, los Violines de Pego y, por supuesto, el propio Ernesto Lecuona. Muchas de estas grabaciones se encuentran hoy en Internet.

La partitura del aria final también circuló en varios idiomas y países. En castellano existen ediciones realizadas en La Habana (Lecuona Music Company, 1929, y Ediciones Lecuona, 1930), México (Grever International, 1964) y Buenos Aires (Alfredo Korn, 1965). Hay asimismo ediciones en francés, con letra de Charles Forge (París, Lawrence Wright, 1945 y 1946); en inglés, con letra de Wolfe Gilbert (Edward B. Marks, 1959), y en italiano, con letra de Nisa (Milán, 1938).

Sin embargo, la más asombrosa de todas es la edición rumana. Que en fecha tan temprana como 1938 —tras ocho años de su estreno en Cuba y mucho antes de la llegada del socialismo a ambas naciones— nuestro Embajador de la Música haya llegado a ver su pieza publicada en Rumanía es algo que ningún otro compositor del patio había logrado hasta entonces (y no creo que ningún otro lo haya alcanzado después). Se trata de un tributo a su descollante talento y a su fiel compromiso con los ritmos y contextos folklóricos de su terruño natal.

Nos anunciaba Sánchez Galarraga en su hermoso texto que “María la O sueña en morir”. Se equivocaba el poeta. María la O sigue hoy tan presente entre nosotros como en aquella memorable noche de zarzuela en el Payret hace 88 años.