El misterio de Benny Moré

Rafael Lam
19/8/2019

Benny Moré seguirá siendo el misterio que nos perseguirá por siempre, es el símbolo de la música popular cubana. Después de su fallecimiento comenzó la leyenda, el mito, como siempre sucede en los grandes de la música desde la antigüedad. Con el Benny todo se complica, si encontramos que se trata de un cantante-músico empírico, sin academia, solamente con la escuela de la vida, de la tradición oral.

 

Según el musicólogo Olavo Alén, tenemos que tener en cuenta que, en el mundo, mucha de la música que se crea es por vía oral, por el aprendizaje no académico y que carece de escritura para su preservación.

La proeza de Benny Moré estriba en hacer sencillo, bailable y espectacular; un lenguaje artísticamente complejo. Pruebe a imitar al Benny y trate de crear algo comparable.

Lo sorprendente del Benny está en la manera en que podía componer y concebir su música sin haber estudiado orquestación. Para orquestar hay que contar con rigurosos estudios académicos para tener dominios de los instrumentos y del trabajo de conjunto. Benny Moré no orquestaba; pero iba ordenando lo que le sonaba en su cabeza. Lo que debía hacer cada instrumento, lo cantaba o tarareaba. Benny sabía lo que quería y lo ordenaba. Era un genio en bruto que tenía su cabeza llena de música; era un súper dotado.

Explicar lo que la naturaleza le dio al Benny Moré, es posible, un esteta brasileño decía que “hay una zona oscura del hombre y del artista en especial, que no es posible penetrar en ello”.

El pensamiento musical del Benny Moré

Pero, en el Benny no solamente hay que valorar su musicalidad, sus interpretaciones y creaciones. Benny resume una era musical que parte de la creación de los ritmos nacionales sobre la mitad del siglo XIX con el advenimiento de muchos de los ritmos: conga, rumba, son, guaracha, habanera, criolla. Entonces, con todo eso engrandece el mambo y el chachachá.

Prácticamente Benny hace la síntesis, por lo menos, de casi un siglo, de música cubana; vale decir una síntesis del grueso de la música popular cubana. Esa es la gran proeza de Benny Moré, representar a Cuba, simbolizar la música campesina (el guateque, el punto guajiro, la descarga), asumir la bohemia trovadoresca, reproducir la música callejera de ambiente y éxtasis y frenesí colectivo: dar la imagen del país más rico de la música americana en sus interpretaciones y grabaciones. Aquí está el Benny, en lo que algunos llaman el “Pensamiento Musical”, ahí está, para que lo analicemos, estudiemos y comprendamos.

Pero, eso no es todo, de ninguna manera es todo. Benny Moré crea o magnifica la música cubana llevándola al espectáculo visual. Inaugura una nueva manera de actuar ante el público que magnetiza, fascina, subyuga al espectador. Toda esa libertad que exponía el cantante en la escena es insuperable y, de alguna manera, otros han tratado de aprovechar. Todo esto que anoto va aderezado con una gracia natural, un carisma a toda prueba y un genio indiscutible.

José Luis Cortés, en 1989 comienza a aplicar, de una manera sorprendente y espontánea, el diálogo, la interacción con el público. Práctica de José Luis que, en lo adelante casi todos los cantantes y orquesta imitaron de alguna forma. Todo eso deviene de la impronta de Benny Moré. Vea usted las presentaciones de José Alberto “El Canario”, de Alaín Pérez con su bastón.

Escuche a Benny Moré, vea sus actuaciones, analice, estudie y, como dice Reinaldo Taladrid, saque usted sus propias conclusiones; aprendas de la gran escuela del Benny que es, nuestra mejor carta naturaleza, a la hora de afirmar nuestra identidad.