El museo cubano ideal para estos tiempos

José Antonio González Rodríguez
18/3/2021

La historia de los museos ha estado indisolublemente ligada a procesos históricos que han conmocionado al mundo: la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Industrial, las Guerras de Independencia de América, la Revolución Socialista de Octubre, las guerras mundiales, el Mayo de 1968 en Francia, la caída del campo socialista, el Neoliberalismo y la epidemia de Covid-19. No puede ser de otra manera, pues son instituciones culturales con estrecho vínculo a grupos humanos generadores o estimulantes de la memoria histórica de las comunidades donde se macro localizan.

Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau. Fotos: Cortesía del autor
 

Los museos necesitan contar historias en función de los intereses motivadores de su origen, para ello se apoyan en el coleccionismo fruto de la vanidad individual o institucional de los gestores y presupone la socialización que permita el orgullo de mostrar lo coleccionado. Hacer coincidir intención aparencial y voluntad grupal comunitaria constituye el principal reto de los museos para mantener focalizadas las aspiraciones de los visitantes.

La dicotomía entre los preceptos tradicionales y los promulgados por nuevas concepciones museológicas hacen tensar la cuerda entre lo que significa el edificio, el objeto, el público y el horizonte espectral de mirar el territorio, el patrimonio y la comunidad como finalidad. El mundo actual busca en ese sentido redescubrir esos significados a la luz de las mixturas interculturales y visiones actualizadas de contextos más diversos e incluyentes.

En ese diapasón se calibran las actuales proyecciones de propuestas museales, tendencia que se enmarcan en líneas conservadoras o de extrema modernidad. Algo queda claro, la cosificación es ya un proceso nacido de la individualidad envuelta en los saberes colectivos de esas comunidades que estratifican con nuevos significados a la muestra expositiva.

Museo Histórico Naval de Cienfuegos.
 

Narrar hechos impone en estos tiempos una mayor conceptualización en los actores que participan en la construcción de colecciones y en la diferenciación de contenidos. Ya no solo importa la relación de esos objetos con acontecimientos o personalidades, es necesaria ahora su trascendencia, la actualidad que ellos generan frente a los nuevos discursos que se empoderan.

Las ideas que promulga la Nueva Museología, o variantes como la Socio-Museología, de mirar el universo de los museos desde la óptica de la territorialidad, el patrimonio y la comunidad nos permite estructurar narrativas que enfocan procesos, no sucesos. Aplicar métodos que expongan causas para que las consecuencias las formule el visitante con las herramientas ofrecidas en el discurso museológico presentado es de vital importancia en la concepción contemporánea de la exposición museal.

Estas historias elaboradas mediante ejes estructurales facilitan transversalizar las mismas desde la lógica dialéctica, posibilitando un seguimiento de los hechos enfocados en sus antecedentes, desarrollo y permanencia en el tiempo, de ahí que la escala de valores pueda ser formulada a la inversa: importa porque significa. Saber distinguir hitos, puntos de giro y posibles líneas de escape en la exposición, nos facilita la reformulación como un recurso que hace vigente cualquier discurso.

En ese sentido podemos entender entonces que armas no cuentan guerras ni sublevaciones, que grilletes y cepos no dan idea de lo que significó la esclavitud como expresión de relaciones de producción, que ajuares no siempre definen a personalidades históricas y que espacios sociales o domésticos ambientados no muestran desarrollo económico-social de una región. Es imprescindible hacer visible, el cambio de valor de uso que tienen los objetos al formar parte de una colección museal y su refuncionalización al asumir valores atribuidos. Ese transitar de lo funcional a lo contemplativo debe reforzarse con información física o subliminal que justifique la presencia en la exposición de los exponentes seleccionados.

 Museo II Frente Frank País, Santiago de Cuba.
 

Otras problemáticas han permeado el mundo de los museos en la contemporaneidad: el colonialismo cultural, el racismo, las luchas por derechos de género y orientación sexual, la protección animal y del medio ambiente, redimensionan muchas de las estrategias museológicas al punto cuestionar bases y conceptos establecidos en la práctica de años.

Cuba no está ajena a ese actuar, aunque muchas de las inquietudes sociales globalizadas están resueltas en el país por la propia naturaleza del proyecto social que llevamos a cabo; otras se encuentran presentes como resultado del desarrollo alcanzado por la sociedad civil y el estado de derecho que garantiza la Constitución de la Nación. Ser cada día más inclusivo, propiciar una mayor participación de la población en los procesos culturales de forma activa y propiciar a través del patrimonio una constitución de un sentimiento enfocado en la nacionalidad, son metas estructurales de los museos cubanos.

En el contexto museológico, ¿de dónde venimos?: de una herencia vinculada al coleccionismo patriótico e ilustrado, que nos hizo anclar memoria en las guerras de independencia, en la pedagogía y en la historia local. ¿Quiénes somos?: una comunidad de museos que conforman un sistema nacional, que fomenta el conocimiento y protección del patrimonio cultural. ¿Hacia dónde vamos?: al fortalecimiento de una estrategia que posibilite convertir al museo en una institución líder en la educación patrimonial en el país.

Entonces, ¿cómo visualizamos el museo cubano en los tiempos actuales? Lo vemos en alianza permanente con la enseñanza, sin que se pierda la perspectiva de que no son escuelas. El museo se visita para aprender, pero de manera entretenida, se buscan respuestas y se generan preguntas, debe ser el lugar donde se estimule la investigación y el estudio de nuestra historia desde una reflexión crítica con absoluta responsabilidad.

El museo tiene que buscar soluciones de diseño que le hagan atractivo a la visualidad, es imperdonable que la contemporaneidad tenga que quedarse en la entrada de estas instituciones. Los discursos museológicos han evolucionado del acto de escuchar a la posición de mirar, por supuesto en esto ha tenido un importante papel el proceso de instrucción posibilitado en el país.

Museo Memorial de Playa Girón.
 

No se puede pensar en la actualidad en un espacio cultural que no sea inclusivo tanto a la discapacidad como a los diferentes grupos etarios, cada miembro de la comunidad debe aportar sus experiencias y traducirlas en necesidades para encontrar en las diferencias la diversidad, sólo así se garantiza un consumo cultural acorde a las perspectivas de todos.

El museo actual tiene que retroalimentarse constantemente a través de los estudios de público, éstos marcan metas a alcanzar, permiten dar actualidad a las narraciones museales, evitan la monotonía y muestran vías interesantes de socialización de las colecciones atesoradas como evidencias de la historia de las localidades o de saberes de otras esferas.

La pandemia de Covid-19 que azota al mundo ha impuesto una nueva manera de enfrentar o direccionar el trabajo en los museos. Las tendencias tecnológicas han tenido que replantearse ante las medidas de bioseguridad exigidas, los cierres obligatorios, la disminución de flujos turísticos y de visitantes en general, imponen nuevos comportamientos de gestionar las colecciones.

Esta situación sanitaria demostró que nuestros museos pueden explotar más la virtualidad y las redes sociales para comunicarse con sus comunidades, hecho que se refleja en exponer fondos inactivos, propiciar exposiciones imposibles de realizar por los costos de producción y llegar a un número superior de interactuantes. Las redes sociales posibilitan conocer los intereses temáticos y monitorear resultados de la puesta en valor de las colecciones escogidas para estas acciones. Ese es ya un camino que los museos cubanos no podrán abandonar, estos tiempos pandémicos han probado su eficacia.

Los programas de desarrollo local en los territorios permiten establecer un vínculo participativo con las comunidades y sus museos, relación que no sólo abarca una posible musealización de espacios, sino que contribuye a lograr una mayor sostenibilidad al propiciar fuentes de empleo, compromiso de protección al medio ambiente y elevar el conocimiento de los valores patrimoniales de la región.

Centro de Interpretación del Patrimonio del Turismo en Varadero.
 

La problemática regional ocasionada al ponerse en vigor en 1979 la Ley # 23, que posibilitó la creación de los museos municipales con la función de realizar los estudios de las historias locales, trajo aparejada una visión seccionada de la historia desde la visión de la municipalidad ante la nueva división político-administrativa desarrollada en el país en 1976. Ese es un reto actual de nuestras instituciones museales que deben reorientar sus investigaciones con un enfoque más de región para llegar a esencias vinculantes y así poder justipreciar los acontecimientos y personalidades en un contexto más lógico.

Este reto sin dudas conduce a redimensionar el alcance de la narrativa mediante la actualización de sus guiones museológicos y proyectos museográficos, que favorezca un entrelazamiento inevitable a manera de red de los museos municipales para trabajar las variables de espacio y tiempo de la historia con mayor objetividad. La segmentación de temas históricos con las limitantes de una supuesta correspondencia territorial, nos hace caer en interpretaciones imprecisas fatales a la hora de entender los hechos como procesos.

La educación patrimonial es brújula en la conformación de estrategias para lograr una mejor gestión en los museos en la actualidad en Cuba, aplicar adecuadas técnicas de interpretación del patrimonio se impone para lograr un clima favorecedor en la constitución de un sentimiento que refrende la necesidad de identificar, reconocer y proteger desde la individualidad al patrimonio con la finalidad de fortalecer un ambiente positivo colectivo en ese sentido. Los adelantos alcanzados en la comunicación, la tecnología y la informatización de la sociedad cubana allanan el camino de convertir a cada ciudadano en un gestor del patrimonio.

Los museos cubanos son reservorios para el estudio e identificación de expresiones del patrimonio cultural inmaterial, de manifestaciones de la identidad que nos distinguen como cubanos, por eso concebimos su trabajo en interactividad constante con la comunidad, su historia, su inmaterialidad, sus monumentos y sitios naturales que los hacen ser instituciones culturales del ayer, del hoy y del mañana. Esa es su carta de futuro.