El neoimperialismo. Del libro de Lenin a la espiral de Tatlin

Noel Alejandro Nápoles González
11/12/2018

(Tercera parte)

El concepto del neoimperialismo no puede quedarse en la definición de sus coordenadas; es preciso ir más allá y exponer, junto a la contradicción que le es esencial, la dinámica que lo anima y su ciclo vital como sistema complejo. Una forma de acercarnos a esto consiste en dilucidar, de manera progresiva, qué principios rigen las relaciones entre sus componentes estructurales y superestructurales.


El concepto del neoimperialismo no puede quedarse en la definición de sus coordenadas. Fotos: Internet

 

El principio de precedencia

Lo primero históricamente ha de ser lo primero lógicamente. En la estructura neoimperialista, el capital global crea los monopolios de la información, que le permiten exportar ideas, para repartirse el mundo culturalmente. A su vez este reparto viene a reforzar el poderío del capital global, cerrando así el ciclo de la estructura. Obviamente esta base económica se fue formando a lo largo de la primera mitad del siglo XX, en pleno imperialismo.

Otro tanto sucede entre los elementos de la superestructura. Las guerras en 3D estimulan el empirismo comunicativo, el cual hace viable el hegemonismo del capital a escala nacional y global, cosa que retroalimenta a las guerras en 3D y cierra el ciclo de la superestructura. La primera conflagración tridimensional de la historia de la humanidad fue la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), ya que en ella jugó un papel clave la propaganda -tanto nazi como aliada- y el continente europeo quedó dividido en dos zonas de influencia que simbolizaban dos sistemas socioeconómicos e ideológicos contrapuestos: la Europa occidental capitalista y la Europa oriental socialista. En los primeros años de la posguerra se crearon o perfeccionaron los medios de comunicación que hicieron posible el empirismo comunicativo. A lo largo de la Guerra Fría se vivió un período de equilibrio entre el capitalismo y el socialismo (la paridad estratégica militar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética), pero a finales de los 80, con la crisis y el posterior derrumbe del campo socialista europeo, se hizo evidente la hegemonía alcanzada por el capitalismo a nivel internacional. Por último, es a partir de los años 90 que se empieza a hablar con fuerza de la globalización como un fenómeno característico de los nuevos tiempos. 

De manera que en la estructura y en la superestructura, vistas por separado, parece operar un principio de precedencia, según el cual cada elemento está condicionado por aquél que lo precede en el tiempo. Se trata de un principio que representa un paso de avance con respecto a las coordenadas generales pues reúne los elementos de cada una en un  ciclo. Sin embargo la precedencia no explica el vínculo entre la estructura y la superestructura.

Estructura: capital global – monopolios de la información – exportación de ideas – reparto cultural del mundo.

Superestructura: guerras en 3D – empirismo comunicativo – hegemonismo – globalización capitalista.

El principio de correspondencia

Para ello, pudiésemos suponer que los elementos de ambas están conectados por afinidad. Digamos, a priori, que debe cumplirse un principio de correspondencia tal que, a cada elemento estructural, le corresponda un elemento superestructural afín. Es natural suponer que el capital global es el fundamento económico último de la globalización capitalista y que, por tanto, esta no es más que su realización suprema. Son los monopolios de la información los que, valiéndose de los medios de comunicación, fabrican el consenso a favor del capitalismo y condicionan la hegemonía que los refuerza. La exportación de ideas encuentra su otro polo en el empirismo comunicativo, capaz de crear los consumidores pasivos de información. El imperativo de repartirse el mundo territorial, económica y culturalmente determina la naturaleza tridimensional de las guerras neoimperialistas, que a su vez llevan dicho reparto a vías de hecho.

Principio de correspondencia

Estructura                                                     Superestructura

Capital global………………….……..…..….………….……….Globalización capitalista

Monopolios de la información………………..…………………………….Hegemonismo

Exportación de ideas…………………….…………….……….Empirismo comunicativo

Reparto cultural del mundo……….…………………………….…………Guerras en 3D

 


Los monopolios de la información se valen de los medios de comunicación, fabrican
el consenso a favor del capitalismo y condicionan la hegemonía que los refuerza.

 

Esta correspondencia es biunívoca: la estructura determina a la superestructura, mientras que esta la retroalimenta y consolida, cerrando así el ciclo del neoimperialismo como sistema. De modo que este constituye la unidad de los elementos estructurales y superestructurales. Pero, aunque el principio de correspondencia posee la virtud de conectar ambos ciclos particulares en un ciclo mayor, crea la ilusión de que el orden en que aparecen los elementos de la superestructura es equivalente al de la estructura, y no es así. La correspondencia entre el capital global y la globalización capitalista, por ejemplo, hace suponer que esta antecede históricamente al resto de los elementos superestructurales, cuando sabemos que en verdad la globalización es posterior a las guerras en 3D, al empirismo comunicativo y al hegemonismo. De modo que estamos ante un conflicto de principios: la correspondencia colisiona con la precedencia de tal modo que, aunque ambas parecen correctas, si se cumple una, se niega la otra. Lo más que podemos decir, por ahora, es que la precedencia se cumple dentro de cada ciclo particular, mientras que la correspondencia vale para la relación entre ellos. Lo que significa, por ejemplo, que es tan válido el nexo capital global – monopolios de la información como el nexo capital global – globalización capitalista. Entonces ¿qué hacer?

El principio de generación

De acuerdo con el principio de precedencia, cada elemento, sea de la estructura o de la superestructura, está condicionado, dentro de su ciclo particular, por el que le antecede en el tiempo. De acuerdo con el principio de correspondencia, cada elemento de la superestructura se afilia con su homólogo de la estructura. El asunto es ¿cómo conciliar ambos principios en un tercero que los contenga y a la vez los supere? La organicidad y coherencia de la estructura neoimperialista hace pensar que sus elementos fueron apareciendo por mera precedencia. Esto es elemental. No obstante el origen de los elementos de la superestructura parece ser más complejo. Aunque más arriba hayamos defendido un cierto orden de precedencia entre ellos, dicho orden pudiera parecer algo traído por los pelos, a no ser que hallemos una explicación más satisfactoria. Mi sugerencia es la siguiente: cada elemento de la superestructura (SE) es generado por la acción combinada del elemento estructural (E) correspondiente y el elemento superestructural (SE) precedente. Aquél lo hace necesario, este posible y ambos actúan como sus generadores complementarios o padres. A esto es a lo que llamamos principio de generación.

La aplicación de esta regla empieza por la excepción: las guerras en 3D son la realización concreta del reparto territorial, económico y cultural del mundo. Aquí, dada la inexistencia histórica del fenómeno de la globalización, el condicionamiento es sólo por correspondencia. El empirismo comunicativo es la expresión de la necesidad de exportar ideas a través de una política científicamente argumentada, que continúa la guerra tridimensional por medios pacíficos. El hegemonismo es la consecución de los intereses de los monopolios de la información mediante el empirismo comunicativo, amplificado por los medios. La globalización capitalista es el capital global ejerciendo su hegemonía planetaria. Finalmente, la excepción viene a confirmar la regla puesto que las guerras en 3D alcanzan su verdadera madurez cuando el reparto cultural del mundo se apoya en la globalización del capital, cosa que podemos observar desde la década del 90 del pasado siglo. La diferencia existente entre la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la Cruzada antiterrorista en el Oriente Medio (2001…) es la misma que existe entre una guerra en 3D aún inmadura y otra que tiene lugar en el contexto de la globalización capitalista.

Principio de generación

Elemento SE = Elemento E correspondiente + Elemento SE precedente

(Necesidad)

(Posibilidad)

 

Guerras en 3D

Reparto cultural del mundo  

 

Empirismo comunicativo

Exportación de ideas

Guerras en 3D

Hegemonismo

Monopolios de la información

Empirismo comunicativo

Globalización capitalista

Capital global

Hegemonismo

Guerras en 3D

Reparto cultural del mundo

Globalización capitalista

De modo que el principio de generación contiene y a la vez supera a los principios de precedencia y correspondencia. No obstante, de esta simbiosis emana una nueva dificultad: al fundir en un tercer enfoque los dos anteriores, tenemos que aceptar el hecho de que el ciclo de la superestructura gira en sentido contrario al de la estructura, o sea, que empieza justamente donde este termina. Esto se aprecia claramente en el esquema siguiente, en el que la estructura gira a favor de las manecillas del reloj mientras que la superestructura lo hace en contra. ¿A qué se debe esta anomalía?


 

El principio de oscilación

El problema a resolver aquí es el siguiente: ¿por qué el ciclo de la superestructura gira en sentido inverso al ciclo de la estructura? La respuesta a esta interrogante depende de nuestra capacidad para concebir una imagen a la vez contradictoria, dinámica y vital del neoimperialismo, es decir, de que podamos redondear su concepto.

De antemano, podemos apelar al principio de oscilación, de acuerdo con el cual la estructura se comporta como una espiral que tiende a expandirse en la base, mientras que la superestructura, como continuación de dicha espiral, tiende a contraerse a medida que asciende.

La espiral estructural está compuesta por cuatro círculos concéntricos que siguen el orden de precedencia, de adentro hacia afuera, de menor a mayor. El círculo del capital global, que es el más pequeño, da lugar al de los monopolios de la información, que a su vez conduce al de la exportación de ideas, que culmina en el del reparto cultural del mundo, que es el círculo mayor.


El círculo del capital global da lugar al de los monopolios de la información.

 

La espiral de la superestructura también está formada por cuatro círculos concéntricos, pero oscila de afuera hacia adentro, de mayor a menor. Ya que las guerras en 3D se corresponden con el reparto del mundo, constituyen el círculo más amplio, en el que se insertan, en orden decreciente, los círculos del empirismo comunicativo, el hegemonismo y la globalización.

Leyendo lo anterior en clave temporal, podemos decir que la expansión estructural marca la juventud del neoimperialismo, mientras que la contracción superestructural define su madurez. Leyéndolo en clave espacial, vale decir que el neoimperialismo es un universo oscilante, un cono cuya base se expande y cuya altura se contrae a medida que aumenta. La estructura se expande pero no asciende, la superestructura asciende pero se contrae. De manera que el neoimperialismo dibuja una espiral que se desenrolla a medida que se extiende en la horizontal y que se enrolla a medida que asciende en la vertical. Figura que recuerda el Monumento a la Tercera Internacional (1920), de Vladímir Tatlin, aunque este fue concebido para honrar al socialismo.


 

El principio de oscilación contiene a los otros tres: la precedencia queda explícita en la sucesión de círculos, la correspondencia se aprecia en la equivalencia de los círculos (ver líneas de puntos suspensivos) y la generación se nota en la combinación de los dos anteriores. Por su parte, las espirales aportan una visión cinematográfica del ciclo vital del neoimperialismo, el cual parece que late.

El neoimperialismo constituye la interacción entre la estructura  mutada del imperialismo clásico y la superestructura peculiar que se erige sobre ella, la cual se manifiesta como una espiral doble, que se expande en la base a la vez que se contrae en la altura, y abarca un período histórico que va desde el surgimiento del capital global hasta el previsible agotamiento de las potencialidades de la globalización capitalista. He aquí su contradicción esencial, su dinámica aparente y su ciclo vital como realidad particular.

Enfrentar  un fenómeno de esta naturaleza implica contrapesar cada una de sus coordenadas, sin perder de vista que se trata de un todo extremadamente complejo. En consecuencia, una vacuna contra el neoimperialismo debiera considerar, al menos, los siguientes ingredientes:

  1. Globalizar la solidaridad.
  2. Democratizar la información.
  3. Defender a ultranza la memoria histórica.
  4. Potenciar la enseñanza práctica y racional en las escuelas y universidades.

El neoimperialismo, hoy,  nos vende la novedad, a medida que nos va hundiendo en un universo neomedieval. De riposta, la humanidad responsable debería ir preparando un neorrenacimiento. No olvidemos que, a nombre de Dios y del paraíso futuro, el Medioevo sumió a Europa en una barbarie que duró mil años, mientras que, bebiendo en lo más progresivo de la Antigüedad Clásica, el Renacimiento dio el salto a la modernidad. La historia es paradójica: avanza hacia atrás y retrocede hacia delante.

A las puertas del mañana, el neoimperialismo ha dejado, como obsequio, un colosal caballo de madera. La humanidad debiera recordar que hay regalos que traen siempre el aguijón en la cola.