El neoimperialismo y el empirismo comunicativo

Noel Alejandro Nápoles González
11/7/2019

Pasado el tiempo de la conquista, viene la hora del control de las mentes, del pensamiento,
y este se domina mucho mejor si el dominado se mantiene inconsciente de ello…

Ignacio Ramonet [1]

-I-

El capitalismo de libre competencia exporta mercancías; el imperialismo, mercancías y capitales; el neoimperialismo, mercancías, capitales e ideas. Por tanto, los centros de poder neoimperialista necesitan consumidores de ideas y, si no existen, tienen que crearlos. Para ello se apoyan en la dimensión cultural de las guerras en 3D (que son las que se hacen para controlar territorios, mercados y mentes), esto es, en una política que continúa la guerra por medios pacíficos.

Pero, ¿cómo se crean los consumidores pasivos de ideas? Aplicando el empirismo comunicativo, es decir, una teoría del conocimiento que potencia la comunicación y los sentidos, en detrimento de la práctica y la razón.

Foto: Internet
 

Una educación fundada en la asimilación de lo que se comunica a través de los sentidos tiende a crear consumidores pasivos de información, receptores acríticos de doctrinas,[2] y estos son los importadores perfectos de las ideas neoimperialistas; en ellos, el neoimperialismo encuentra su otro polo, su media naranja. Tan pronto como aparecen, se conectan ambos extremos y la comunicación fluye sin cesar. Otra cosa muy diferente es la educación que se basa en el estudio razonado y en la demostración práctica de los conceptos. Aquella educación produce zombies; esta, seres cuestionadores, que dudan de todo lo que no se explica lógicamente o no es un hecho.

El empirismo comunicativo es necesario para exportar ideas y es posible gracias a las guerras en 3D. Es, por tanto, una gnoseología típicamente neoimperialista.

¿Qué lugar ocupa este esquema gnoseológico en la historia de la teoría del conocimiento?

-II-

El Medioevo fue un milenio durante el cual la fragmentación feudal europea se vio compensada por la unidad ideológica que imponía la Iglesia Católica. A lo largo de este período, la fe era considerada el fundamento más seguro del conocimiento. Todo lo que hacía falta era leer, memorizar, repetir la verdad revelada en las Escrituras. Incluso la especulación filosófica solo se permitía en los estrechos marcos del dogma cristiano. Las palabras podían revolotear dentro de la Palabra.

Pero a partir del Renacimiento las cosas empezaron a cambiar. La Era Moderna fue, desde el punto de vista gnoseológico, una partida entre el empirismo inglés y el racionalismo continental. Los empiristas defendían el papel de los sentidos como factor del conocimiento, mientras que los racionalistas insistían en que la razón era mucho más importante. Cuando Locke afirmaba que nada llega al pensamiento sin antes pasar por los sentidos, Leibniz le acotaba: excepto el pensamiento mismo. Parecía un círculo vicioso: los sentidos tenían la virtud de revelar la realidad inmediata, pero a veces resultaban engañosos; la razón, en cambio, podía revelar la esencia de la realidad, sin embargo, en su vuelo, corría el riesgo de volverse especulativa. Curiosamente algunos empiristas y racionalistas consecuentes terminaron siendo agnósticos. ¿Será que el énfasis en los sentidos desemboca en la sinrazón y que el hincapié en la razón conduce al sinsentido?

Marx tiene el mérito histórico de asumir la práctica como inicio, fin y criterio del conocimiento. Con ello resolvió la partida entre los sentidos y la razón pues la práctica sintetiza las virtudes de ambos a la vez que excluye sus defectos, es decir, es inmediata y esencial pero no engañosa ni especulativa. Marx halló así un criterio de la verdad que rebasaba las fronteras de la biología y la subjetividad humanas y que dependía de la objetividad de la vida social. Como la teoría del conocimiento de Marx es heredera del racionalismo alemán y pone el acento en la práctica, puede ser considerada un racionalismo práctico.

Al otro lado del océano Atlántico, los filósofos norteamericanos, herederos del empirismo inglés, también reconocieron el rol de la práctica en el proceso de conocimiento y crearon una suerte de empirismo práctico al que le pusieron el nombre de pragmatismo.

En el siglo XX, el desarrollo vertiginoso de los medios informativos completó el esquema del conocimiento a escala social, añadiendo un cuarto factor: la comunicación. De este modo, el conocimiento contaba ya con una base externa al individuo, formada por la práctica y la comunicación, y con una superestructura interna al individuo, dada por la razón y los sentidos. Fue entonces que surgió el empirismo comunicativo, como esquema gnoseológico que potenciaba la comunicación y los sentidos, mientras ponía en segundo plano la práctica y la razón.

Fotograma de la película 1984.
 

Si asumimos que, en la superestructura cognoscitiva, el papel más activo corresponde a la razón y que, en la base cognoscitiva, este papel corresponde a la práctica, entonces podemos caracterizar cada una de las gnoseologías señaladas de un modo más preciso y entender su verdadera naturaleza:

– el empirismo es pasivo;

– el racionalismo, activo;

– el racionalismo práctico (Marx), doblemente activo;

– el empirismo práctico (pragmatismo), contradictorio, esto es, activo en su base, pasivo en su superestructura; y

– el empirismo comunicativo (neoimperialismo), doblemente pasivo.

El empirismo comunicativo y el racionalismo práctico son antípodas. Marx se propone conocer racionalmente la realidad para transformarla en la práctica; el neoimperialismo pretende exactamente lo contrario: para él, la comunicación es una cuña entre nosotros y la realidad concreta, y nuestros sentidos deben asumir como auténtica la realidad virtual generada por los medios. Si la iglesia adoctrina por medio de la fe, el neoimperialismo lo logra por la fe en los medios. Vivimos inmersos en una escolástica planetaria que se viste de posmodernidad, donde la televisión sustituye al pastor e internet a Dios.

De modo que, como hemos visto, la comunicación ha influido sobre el conocimiento. Pero también sucede a la inversa: el conocimiento reacciona sobre la comunicación e impacta su célula, la palabra.

-III-

Cada palabra es un nombre, que se registra a través de la vista o el oído; tiene un sentido, que se decodifica mediante la razón; representa una cosa (concreta o abstracta, real o ficticia), que se constata en la práctica; e implica un contrasentido, que se sobrentiende en la comunicación. La estructura de la palabra, por tanto, reproduce aproximadamente la del conocimiento, y lo hace a tal punto, que uno diría que la palabra es la encarnación del conocimiento. El saber y la sabiduría de un pueblo se miden por su lengua. ¿Acaso estaba en lo cierto Wittgenstein cuando afirmaba que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo?

Una gnoseología que enfatiza el papel de las sensaciones y la comunicación debe acentuar, a nivel lingüístico, el nombre y el contrasentido de las palabras. Dicho de otro modo, el empirismo comunicativo se traduce en palabras que significan lo contrario de lo que expresan. El nombre expresa su contrasentido porque el sentido auténtico se ha expresado en su contranombre. La palabra, sometida al empirismo comunicativo, sufre una metamorfosis paradójica, es decir, lo que pudiésemos denominar una paramorfosis. Por eso el discurso neoimperialista no tiende a revelar sino a encubrir. La paramorfosis es a la comunicación como el empirismo comunicativo al conocimiento. Si el empirismo comunicativo es el modo en que la comunicación impacta al conocimiento, la paramorfosis es la manera en que el conocimiento impacta a la comunicación.[3] De este modo se cierra el ciclo y ambos procesos se complementan y refuerzan.

Un listado de palabras o frases paramórficas con sus verdaderos significados pudiera incluir los siguientes:

1. “Progreso tecnológico” = retroceso socioespiritual.

2. “Riqueza material” = pobreza espiritual.

3. “País desarrollado” = país subdesarrollante.

4. “País subdesarrollado” = país desarrollante.

5. “Información” = desinformación.

6. “Democracia” = dictadura.

7. “Cambio” = conservación.

8. “Desarrollo de las técnicas de comunicación” = desarrollo de la incomunicación humana.

9. “Libertad” = control.

10. “Medios de destrucción masiva” = medios de distracción masiva.

11. “Daños colaterales” = daños intencionales.

12. “Fin de la historia” = inicio de la desmemoria.

13. “Posmodernismo” = premodernismo.

14. “Posverdad” = prementira.

15. “Defensa de los derechos humanos” = ofensa de los humanos de derecha.

Eso para no mencionar el apellido del presidente norteamericano que, al autorizar el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, se convirtió en el asesino en serie más letal de la historia: Truman was not a true man. En manos del neoimperialismo la palabra se traiciona a sí misma y se convierte en su negación, en encarnación del desconocimiento.[4] ¿Sería por eso que Umberto Eco decía que la semiótica era la ciencia de explicar la mentira?

Los centros de poder neoimperialista potencian el empirismo comunicativo porque temen y odian a la verdad y a la revolución. Defender un pensamiento racional y práctico no es una opción, es una necesidad estratégica para la humanidad. Hoy, incluso el lenguaje es un campo de batalla.

Notas:
 
[1] Propagandas silenciosas, Ediciones Especiales, ICL, La Habana, 2001, p. 17
[2] Por supuesto que una educación de esta naturaleza genera también una oposición en aquellas personas de espíritu fuerte, que se rebelan contra el adoctrinamiento. Pero estas personas son casi siempre la minoría y suelen ser eliminadas por el sistema, que premia a los dóciles rumiantes del rebaño.
[3] Subrayo que aquí me refiero a una estrategia política continuada, no a una eventual táctica política. En determinada coyuntura histórica, Lenin aprovechó que su facción, que siempre estaba en minoría dentro del Partido Comunista ruso, era mayoritaria y la nombró “bolchevique” (“mayoría” en ruso).
[4] En este perfil encajan a la perfección los lemas que George Orwell incluyó en su libro 1984: “La guerra es la paz”, “La libertad es la esclavitud”, “La ignorancia es la fuerza”. Así que saque usted sus propias conclusiones.