I. Referencia económico-política crítica necesaria

Horkheimer y Adorno en sus célebres Fragmentos filosóficos, conocidos como Dialéctica de la Ilustración,[1] escritos durante la década de 1940 en pleno auge del fascismo y la II Guerra Mundial, analizaron de manera crítica, desde el ángulo filosófico y económico-político, el complejo fenómeno económico, social, tecnológico-industrial, político e ideológico-cultural, constituido por la monopolización capitalista de las entonces nacientes industrias culturales, que se encontraban ya en esos años de la II Revolución Industrial en proceso de imparable desarrollo.

A contrapelo de la idea de que “la pérdida de apoyo en la religión objetiva”, “la disolución de los últimos residuos precapitalistas”, “la diferenciación técnica y social” y “la extremada especialización” conducían a un caos cultural en la sociedad capitalista durante el imperialismo, ellos revelaron mediante argumentos fácticos y conceptuales que la cultura capitalista en esa etapa, homogeneizaba, encadenaba todos los fenómenos sociales, conformando un sistema de dominación cultural con fines establecidos que se hacían vinculantes. “Las manifestaciones estéticas, incluso de las posiciones políticas opuestas, proclaman del mismo modo el elogio del ritmo de acero”. “Cine, radio y revistas constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí mismo y todos entre ellos”. (p. 165) “Los automóviles, las bombas y el cine mantienen unido el todo social, hasta que su elemento nivelador muestra su fuerza en la injusticia misma a la que servía”. (p. 166)

En este volumen, sus autores analizaron de manera crítica el fenómeno económico, social, tecnológico-industrial, político e ideológico-cultural constituido por la monopolización capitalista de las nacientes industrias culturales. Imagen: Tomada de Internet

Precisan que la producción capitalista en esas circunstancias reduce al individuo de ciudadano a productor y consumidor, lo somete abierta y claramente a la dominación del capital. “Toda cultura de masas bajo el monopolio es idéntica, y su esqueleto —el armazón conceptual fabricado por aquel— comienza a dibujarse”. Los dirigentes capitalistas —añaden— no están interesados en esconder esa armazón, pues su poder se refuerza cuanto “más brutalmente se declara”. (p. 166)

De ese modo, el cine y la radio no necesitaban bajo esas circunstancias económicas, políticas y sociales “darse como arte”. “La verdad de que no son sino negocio les sirve de ideología que debe legitimar la porquería que producen deliberadamente”. (p. 166)

Observaron asimismo que los promotores de las industrias culturales en las condiciones del capitalismo monopolista las explicaban exclusivamente en términos tecnológicos, es decir, que se inclinaban a ver solo el plano de las relaciones tecnológico-organizativas y organizativas-de dirección; obviando elementos esenciales como las dimensiones sociales, económico-laborales, políticas y simbólico-culturales, inherentes a ellas. A la inversa, Adorno y Horkheimer ponen el centro de reflexión en estas últimas.

Los partidarios de las industrias culturales del capitalismo monopolista silencian que “… el terreno sobre el que la técnica adquiere poder sobre la sociedad es el poder de los económicamente más fuertes (…). La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo. Es el carácter coactivo de la sociedad alienada de sí misma”. (p. 166)

La industria cultural capitalista monopólica “…ha sacrificado aquello por lo cual la lógica de toda obra se diferenciaba de la lógica del sistema social”. Ha matado el papel desalienador, emancipador y humanista del arte, lo ha rebajado a un instrumento de embrutecimiento y enajenación colectiva e individual. En consecuencia, su concepto mismo, de carácter liberal tardío, es opresivo, castra al arte, no por una razón técnica sino por la “economía actual”. (p. 166)

Esta nota ha de advertirse en todo su alcance teórico y metodológico. Horkheimer y Adorno están expresamente conscientes del contexto histórico-social y el foco de atención de su análisis; entonces no procede separarlo dogmáticamente de este marco, extrapolándolo a otras condiciones históricas. Apuntan que estos resultados de la industria cultural no se deben atribuir a una ley del desarrollo de la técnica como tal, “sino a su función en la economía actual”. (p. 166)

Mediante argumentos fácticos y conceptuales, Horkheimer y Adorno revelaron que la cultura capitalista en esa etapa homogeneizaba y encadenaba todos los fenómenos sociales, conformando un sistema de dominación cultural.

La ilustración moderna fracasaba en su industria cultural capitalista monopolista, se traicionaba a sí misma, convertía el arte y sus productos en un instrumento de alienación. Pero es un hecho incontrovertible que la sociedad humana histórica y real trasciende el metadiscurso de la Razón occidental, capitalista centrada y colonizadora, tanto en el tiempo como en sus presupuestos cosmovisivos, metodológicos y de contenido económico, político, social, étnico y cultural.

Muy a pesar de sus ideólogos y promotores políticos, el capitalismo es un fenómeno histórico. Definitivamente no es la sociedad final de la experiencia humana, ni de hecho ni conceptualmente. El socialismo, enriquecido por la experiencia histórica de más de cien años, sigue luchando por ser su alternativa viable. Los enemigos declarados del socialismo de filiación comunista atestiguan la tozudez y vigencia de esta perspectiva humanista y solidaria, precisamente con la ferocidad y virulencia de sus ataques.

No ya las industrias culturales y creativas en una alternativa socialista revolucionaria real, estuvieron fuera de la visión y perspectiva de análisis de Adorno y Horkheimer, sino la posibilidad misma de tal sociedad, confrontados como estaban al fascismo y a las disímiles distorsiones inherentes al estalinismo.

II. La propuesta socialista de Armando Hart

Armando Hart, en su intervención ante la 130 Sesión del Comité Ejecutivo del CAME,[2] en Moscú, extinta Unión Soviética, el 23 de enero de 1989, informó ante los ministros de Economía del tristemente célebre Consejo de Ayuda Mutua Económica “…acerca del atraso de la base material y técnica de la cultura en nuestras sociedades en relación con la de los países capitalistas desarrollados”. (p. 5)

Precisó que el “socialismo real” no había insertado en la colaboración internacional el tema del desarrollo de la base técnico-material de la cultura artística y literaria, lo cual arrojó como conclusión que el modelo del socialismo soviético del siglo XX subvalorara el desarrollo de la cultura artística y literaria. Se requería de una decisión política para revertir esa situación.

Desde una racionalidad revolucionaria, marxista, leninista, martiana y fidelista, Hart subrayó la importancia que “…la cultura tiene para el crecimiento y desarrollo de nuestras sociedades”, por lo que apoyó la propuesta de “…promover soluciones en la esfera de la orientación social del desarrollo económico y de propiciar la colaboración más amplia en este campo”. (p. 5)

Esta es una idea rectora clave del aporte que hizo Armando Hart Dávalos no solo al pensamiento marxista leninista de la época, sino al perfeccionamiento ulterior de la construcción del socialismo en Cuba. Hoy resulta insuficientemente conocida, pero sí profundamente incorporada en los fundamentos de la actualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista.

A las puertas de la debacle de la Unión Soviética, Armando Hart abogó por desarrollar la economía política del socialismo en dirección a medir la relevancia económica de la producción cultural y su trascendencia cualitativa de orden moral, social, ideológica y política. (p. 6) Este aporte debe considerarse en toda su trascendencia por los que ahora se esfuerzan por desarrollar la teoría y práctica de la economía política de la construcción del socialismo en nuestro país; así como por los directivos, funcionarios y empresarios que responden de manera directa por el desempeño de las industrias culturales y creativas.

Desde una racionalidad revolucionaria, marxista, leninista, martiana y fidelista, Hart subrayó la importancia que “…la cultura tiene para el crecimiento y desarrollo de nuestras sociedades”. Foto: Tomada de Granma

Destacó que para poder aquilatar la importancia del arte en el seno de la producción material resultaba imprescindible concientizar que la revolución tecnológica internacional modificaba cualitativamente la concepción del arte y del artista. (p. 6)

Es pertinente apuntar que Hart propuso valorar la incidencia o impacto de la cultura sobre la economía, mediante las siguientes dimensiones o variables de amplitud:

a) el papel del arte en la producción material,

b) las implicaciones económicas de la ocupación del tiempo libre,

c) los nexos entre información y cultura, incluido el papel del arte, en la transmisión de los mensajes comunicacionales,

d) el peso del elemento artístico-cultural en el desarrollo del turismo,

e) la influencia que pudiera tener el enriquecimiento de las culturas nacionales de los países socialistas de entonces en las relaciones socialistas de producción, tanto a escala nacional como internacional. (p. 6)

De manera expresa se refirió a que industrias como el cine, la radio, la televisión, “…plantearon un reto histórico a todo el movimiento cultural contemporáneo”. Incluyó en este concepto la industria del disco, las grabaciones, la poligrafía, que empujaba “…por una misma carrilera de trabajo creador a ingenieros, técnicos, escritores y especialistas de las más diversas y complejas ramas”. (p. 7)

Subrayó que el diseño artístico e industrial influía de forma significativa en la industria, las construcciones y en diversas actividades económicas, siendo un ejemplo de la profunda relación entre el arte y la economía. (p. 7)

Esto lo condujo a avizorar que a través del diseño “…el artista está en condiciones de convertirse en uno de los trabajadores que más valores económicos pudiera llegar a crear con menos medios”. (p. 7)

Retó a que el movimiento artístico en general y las expresiones artísticas, en particular, encontraran “…su combinación con las técnicas modernas y con las condiciones creadas por el crecimiento de la industria”. (p. 7)

Llamó a trabajar por la independencia y soberanía tecnológica en la producción cultural, entre otras cosas, porque “la ampliación de la red de industrias culturales y de la base técnica de la cultura tendrían una repercusión de proporciones incalculables sobre la productividad social del trabajo y, en especial, sobre la calidad de la producción”. (p. 8)

Descubre en la elevación del nivel educacional, la extensión de los servicios culturales, la ampliación de las opciones laborales y el tiempo libre, la fuente de aparición de necesidades sociales cada vez más amplias, que presionan sobre la vida económica del país, por lo que es necesario ofrecerles una respuesta de satisfacción. Hart nos revela que “…el arte ha dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad del desarrollo socioeconómico”. (p. 8) Esa resultó ser la dialéctica positiva real de la historia con la que tenía que avenirse el socialismo.

Apeló a poner en práctica “…un camino de soluciones”, a buscar respuestas prácticas de carácter económico al desarrollo cultural, porque el socialismo no había sabido satisfacer las necesidades culturales y espirituales que su propia dinámica de desarrollo reclamaba en el terreno de la recreación y del empleo del tiempo libre.

Más aun, con absoluta preclaridad Hart apuntó: “El contenido cada vez más culto del tiempo disponible fuera de la jornada laboral es una exigencia cualitativa del nivel de vida en las condiciones del socialismo. Hay que extraerle consecuencias económicas, sociales y morales a este hecho” [el subrayado es del autor]. (p. 10)

Se requiere producir los bienes materiales de carácter cultural que demanda la población, es decir, hay que valorizar el trabajo de los creadores mediante su encadenamiento industrial y comercial. El arte y la cultura impactan directamente sobre el nivel y la calidad de vida del pueblo, particularmente de sus nuevas generaciones. Advierte que si estas necesidades no son satisfechas “…se crearán conflictos de repercusión política”, ya que es un asunto que actúa sobre el clima espiritual y moral de la sociedad. (p. 10)

Reflexiona sobre el papel que la educación y orientación cultural ejercen en relación con los gustos y necesidades espirituales de la población, los que a su vez impactan sobre demandas con repercusiones económicas, políticas e ideológicas.

Armando Hart retó a que el movimiento artístico en general y las expresiones artísticas, en particular, encontraran “…su combinación con las técnicas modernas y con las condiciones creadas por el crecimiento de la industria”.

Hart toca y resuelve en principio el fondo del asunto,que todavía a algunos atraganta y atemoriza, cuando señala:

El papel del arte y la cultura para orientar el carácter de la demanda se aprecia con la utilización de las técnicas publicitarias y comerciales de la economía burguesa, y en el propio empleo de los medios masivos de información. Que ellos, movidos por el apetito egoísta, lo hagan de manera degradante y seudocultural, no nos debe hacer pasar por alto el hecho de que, detrás de esa tergiversación, se halla la fuerza de técnicas, medios y formas que, empleados de otra manera, tendrían una enorme importancia cultural e, incluso, influiría positivamente en la economía del socialismo. (p. 11)

Convoca a que el socialismo aprecie el poder, la importancia y el peso que posee el arte en la vida económica y política mundial, que ha sido precisamente internacionalizada por el imperialismo. Refiere que este último no ignoró ” …el valor económico y social de la cultura, no pasó por alto la existencia de un gigantesco arsenal espiritual en los pueblos que sometió a dominación. Lo que hizo fue apoderarse de ella, mixtificarla y presentarla, a escala internacional, como la imagen de su mundo. Y con esa imagen ha logrado mostrarse como expresión de lo que ha llamado ‘cultura occidental’”. (p. 11) El socialismo ”realmente existente” no fue protagonista de este proceso, sino su víctima.

Es por eso que Hart llamó a que los países socialistas enlazaran sus culturas con el movimiento intelectual y artístico del tercer mundo, de cuyos valores se había apropiado el imperialismo. De ese modo, “se enriquecerían espiritualmente nuestras sociedades socialistas y presentaríamos la imagen del socialismo como genuinamente universal”. (p. 12) Todavía queda como una tarea pendiente.

Al mismo tiempo, sería posible proteger nuestras culturas nacionales de la invasión ideológica imperialista, lo cual solo se lograría uniendo los esfuerzos en favor del crecimiento de la base material y técnica de la cultura, ubicando la cultura y el arte en el lugar que les corresponde en la economía social. (p.13)

Este arsenal de ideas marxistas, leninistas y fidelistas desarrolladas por Armando Hart a propósito de las industrias culturales y creativas, forma parte inalienable de las fortalezas conceptuales autóctonas, de carácter político-económico, con que cuenta nuestro país para promover el desarrollo de un socialismo sostenible y genuino en las condiciones históricas internas y externas de la actualidad.

III. Las industrias culturales y creativas en el marco del perfeccionamiento del modelo económico y social socialista cubano

Las múltiples experiencias históricas acumuladas hasta esta fecha —tanto las fallidas como las exitosas— demuestran que la construcción de un socialismo sostenible exige soluciones que no constituyen el simple reflejo especular o contrapartida antitética de la economía política crítica del capitalismo. Ese enfoque definitivamente no basta, resulta insuficiente para construir las propuestas innovadoras positivas que el proceso de creación de la nueva cotidianidad socialista demanda. Aunque es una verdad de Perogrullo, los estereotipos de la conciencia habitual no siempre la reconocen, ofreciendo resistencia al proceso de innovación institucional que requiere nuestra sociedad para implementar la estrategia de desarrollo definida.

Se necesitan soluciones político-económicas positivas capaces de hacer viable e irreversible la experiencia del socialismo en las condiciones nacionales e internacionales contemporáneas, particularmente en el terreno de las industrias culturales y creativas.

Enriquecido por la experiencia histórica de más de cien años, el socialismo sigue luchando por ser la alternativa viable al capitalismo. Foto: Tomada de Internet

Las industrias culturales y creativas[3] a la vez que constituyen un fenómeno económico con gran auge internacional generan un espacio de relaciones socioculturales que alcanza un crecimiento acelerado, gracias al desarrollo de la informatización y la comunicación asociadas a la IV Revolución Industrial. Este fenómeno conforma un marco de posibilidades sumamente amplio —básicamente inexplorado— para el impulso del desarrollo económico y social de nuestro país en las condiciones actuales.

Ellas se articulan con el empleo del poder político a través de los medios de comunicación tradicionales y nuevos, en la época de convergencia del paradigma analógico con el digital que experimentamos hoy día. Esto les proporciona un significado político e ideológico considerable tanto en el espacio público como en el privado.

A nivel internacional están sujetas a la hegemonía del imperialismo, particularmente norteamericano, y sus transnacionales.

Forman parte de las herramientas que se emplean por las grandes potencias capitalistas para ejercer la hegemonía cultural capitalista global. Constituyen uno de los medios claves utilizados por el gobierno norteamericano en la guerra no convencional que lleva a cabo contra nuestro país.

Esto advierte de la necesidad de no dejar el mercado nacional a merced de las transnacionales de la cultura, ni acceder al internacional desconociendo sus características y regularidades.

Resulta particularmente importante la necesidad de pautar y regular la constitución, funcionamiento y desarrollo de estas industrias a partir de las correspondientes políticas públicas culturales, económicas, financieras, tributarias, crediticias, de precios, entre otras, así como de institucionalizar la conducción político-ideológica de este proceso.

Constituye todo un reto para las instituciones públicas del sistema de la cultura en el país. No han trabajado antes en estas condiciones, ya que apenas están emergiendo a ellas. Pero cuentan con el aporte teórico sustantivo y la certera guía política, proporcionados por los documentos de los últimos tres Congresos del Partido Comunista de Cuba, la Constitución de la República, las políticas definidas con esta intencionalidad y las normas que las implementan, bajo las condiciones del Estado socialista cubano de derecho y justicia social.

Las industrias culturales y creativas producen valores culturales a la vez que riqueza en el plano económico-financiero, por lo que impactan no solo sobre la calidad de vida de la población que los genera y consume, sino también sobre los procesos de integración, cohesión y cooperación sociales, sobre la memoria e identidad individuales y colectivas.

Sus bienes y servicios fungen entonces como satisfactores de necesidades de consumo espiritual, que desempeñan un importante papel en tanto medios e instrumentos de la lucha y las relaciones de clases en el terreno político-ideológico.

El impacto directo que ejercen sobre la estructura motivacional de los individuos y colectividades exige el cumplimiento y control rigurosos de las normas de calidad establecidas por los organismos regulatorios y el cumplimiento de las políticas públicas y normas jurídicas promulgadas. Desde luego, las instituciones públicas de la cultura han de construir las capacidades requeridas para desempeñar estas nuevas funciones.

Como las industrias culturales y creativas canalizan el talento individual y colectivo en la producción de bienes y servicios (con el fin de valorizarlo y conducirlo al destinatario final), sobre la base de las tecnologías de la información y la comunicación —para su uso por consumidores cada vez más interactivos—, tienen en su base la creatividad y el denominado capital intelectual. Ello exige tanto un ordenamiento organizacional específico, por una parte; como regímenes jurídicos que fijen de manera precisa los derechos y obligaciones contractuales establecidas en estos negocios.

Este ambiente o ecosistema institucional y de valores ofrece las bases organizativas, las normativas jurídicas y las políticas públicas requeridas, para lograr que las industrias culturales y creativas conecten valor y valor de uso, el presupuesto empleado para generar el producto o servicio, con el significado artístico real del bien producido.

En su realidad, deformaciones aparte, las industrias culturales y creativas bajo estas condiciones económicas y sociales no constituyen una industria “opresiva”, un elemento liberal, ni tardío ni temprano, extraño a la construcción del socialismo; sino parte integrante de este proceso, llamada a incrementar su papel y significación en el desarrollo económico, social y cultural de la vida del país, particularmente en las comunidades de base, a nivel local.

“Las industrias culturales y creativas producen valores culturales a la vez que riqueza en el plano económico-financiero”.

Es manifiesto que, como sector industrial, el de las industrias culturales y creativas posee características específicas que lo distinguen del resto de los sectores de la economía, aun cuando bajo los procesos motrices de la IV Revolución Industrial se produzca una determinada confluencia creciente entre ellos, tanto en el terreno de la producción como en el de la comercialización. Esta tendencia de hecho favorece el necesario encadenamiento de la economía, es decir, la densificación del tejido empresarial y el incremento de los niveles de valor agregado.

En la etapa actual de la construcción del socialismo en Cuba, estas industrias —que abarcan la creación, producción (fabricación), distribución, comercialización y consumo de bienes y servicios culturales y creativos— han de constituir emprendimientos de carácter estatal o no, que se constituyan y funcionen en el marco de la visión de nación, las políticas públicas y los regímenes organizacionales y jurídicos institucionalmente establecidos, incluido el Código de Trabajo.

Con independencia de la forma de propiedad que las caractericen, han de realizar su objeto social bajo la acción planificadora, regulatoria, de gestión y control, que desempeña el Sistema de dirección del desarrollo económico y social del país, por lo que se insertan en las estrategias, planes y proyectos de desarrollo definidos a nivel central y territorial por los correspondientes niveles gubernamentales.

Los fundamentos de la construcción y funcionamiento de su cultura organizacional radican en los valores socialistas compartidos. Su desempeño ha de evidenciar de manera práctica la responsabilidad social para con el Estado, el colectivo laboral, la comunidad social inmediata y el medio ambiente, acorde a la ley, principios, valores y tradiciones revolucionarias del pueblo, bajo cuyo control directo e indirecto se encuentran.

En consecuencia, están diseñadas para combinar orgánicamente la finalidad de desarrollo cultural con los objetivos económicos a corto, mediano y largo plazo, establecidos para lograr la construcción de una sociedad socialista independiente, soberana, democrática, próspera y sostenible.

Es importante notar que, entre las fortalezas existentes en el país para su despliegue, se han definido las siguientes:

a) el capital intelectual generado por la Revolución en el terreno de la creación artística y literaria, el talento distribuido a lo largo y ancho del país;

b) el patrimonio material e inmaterial cultural nacional, regional y comunitario atesorado, conservado y reproducido;

c) el desarrollo de la infraestructura informacional y comunicacional;

d) la formación sistemática de nuevos profesionales por el sistema de educación artística y cultural;

e) el conocimiento obtenido sobre la cadena de la música y otras modalidades artísticas;

f) los regímenes jurídicos de protección a la propiedad intelectual;

g) el papel rector del sistema empresarial estatal organizado para la producción y comercialización de bienes y servicios culturales y creativos, con cuadros capaces y entrenados.

Las industrias culturales y creativas están urgidas de emplear de manera innovadora y creativa las crecientes posibilidades para su actividad que abren los procesos de desconcentración del sistema empresarial en relación con el Estado, de descentralización de las decisiones públicas a los niveles territorial y local, la heterogeneidad y encadenamiento de actores socioeconómicos, con la propiedad estatal sobre los medios de producción fundamentales, y las medidas de autonomización de la actividad empresarial y levantamiento de obstáculos a su desempeño.

Asimismo, es necesario que movilicen más recursos productivos, generen nuevos puestos de trabajo, aumenten la oferta de bienes y servicios al mercado interno, sustituyan importaciones, promuevan las exportaciones y eleven la competitividad y eficiencia de sus entidades. Son susceptibles de abarcar de manera más eficiente el potencial creativo del pueblo, de valorizarlo empresarialmente. Ese es su reto y también su sino.

Para estos fines se requiere identificar y operacionalizar las posibilidades y opciones que abre la legislación vigente como resultado del perfeccionamiento institucional que se lleva a cabo desde el VI Congreso del PCC.

Debe subrayarse la importancia de movilizar de forma más eficiente el potencial cultural y creativo con que cuenta el país, para promover —de forma adicional, en encadenamiento y complementaria al existente sistema empresarial— el encauzamiento de proyectos individuales y colectivos por las industrias culturales y creativas, a tenor de las líneas de desarrollo establecidas por el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, en su concreción a través del sistema de macroprogramas, programas y proyectos, así como por las estrategias y planes de desarrollo territorial.

Este proceso debe tomar en cuenta las experiencias nacionales e internacionales sobre el tema, con el fin de establecer criterios de buenas prácticas, y sobre este fundamento proponer referentes conceptuales básicos a institucionalizar como parte de las políticas públicas específicas.

Bibliografía citada:

1. Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W. Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos. Introducción y traducción de Juan José Sánchez. Editorial Trotta. Tercera edición. Madrid, 1998.

2. Hart Dávalos, Armando. Sobre la base-técnico material de la cultura. 130 Sesión del Comité Ejecutivo del CAME. Dirección de Información del Ministerio de Cultura, La Habana, Cuba, 1989.


Notas:

[1]Todas las referencias y citas corresponden al ensayo “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas”, contenido desde la página 165 a la 212 en la Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. Introducción y traducción de Juan José Sánchez. Editorial Trotta. Tercera edición, Madrid, 1998.

[2]Todas las referencias a la citada intervención de Armando Hart en la 130 Sesión del Comité Ejecutivo del CAME, en Moscú, extinta URSS, el 23 de enero de 1989, corresponden al folleto Sobre la base técnico-material de la cultura. 130 Sesión del Comité Ejecutivo del CAME, Dirección de Información del Ministerio de Cultura, La Habana, Cuba, 1989.

[3] Actualmente, desde el punto de vista técnico, algunos consideran las industrias culturales como un caso específico de las creativas, y otros a las industrias creativas como complementarias de las culturales, distinguiendo dentro del sector económico cultural los sectores industriales y los no industriales.

En este último caso, reducen las industrias creativas a aquellas cuyos bienes o servicios se convierten en un insumo creativo de la producción de bienes y servicios no culturales (por ejemplo, el diseño); es decir, cuando el producto no sale al consumidor final, sino que interviene en la cadena de otro bien o servicio.

Siguiendo las publicaciones de la Unesco, queda claro que en la conceptualización de este sector se han diferenciado distintos campos (libros, diarios y revistas, discos y radio, televisión, cine, nuevos productos y servicios audiovisuales, fotografía, reproducciones de arte y publicidad), diferentes categorías culturales (patrimonio cultural, prensa y literatura, música, artes escénicas, artes pictóricas y plásticas, cine y fotografía, radio y televisión, actividades socioculturales, deportes y juegos, naturaleza y medioambiente), dominios culturales y relacionados (patrimonio cultural y natural, presentaciones artísticas y celebraciones, artes visuales y artesanías, libros y prensa, medios audiovisuales e interactivos, diseño y servicios creativos, patrimonio cultural inmaterial como dominio transversal). Asimismo, se han ofrecido distintos modelos de ellas que poseen determinado interés, por ejemplo, los propuestos por la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad).

2