El Retrato de Pablito

Ulises Rodríguez Febles
25/8/2018

Retrato de un niño llamado Pablo es un hermoso preámbulo para la celebración en 2019, de los 25 años de la fundación de Teatro de Las Estaciones.
Versión del cuento ¿Pablo, que te pasa?, de la narradora catalana Carmen Fernández Villabol, el “psicoanálisis teatral” dialoga auténticamente con los niños y también con los padres.


Retrato de un niño llamado Pablo. Foto: Internet
 

La puesta motiva a una reflexión sobre la familia en relación a los más pequeños.

El “normal” es Pablito, los “raros” son sus familiares, incluido un hermano, que aporta un aspecto distintivo a la construcción del núcleo familiar, aparecido en los últimos textos escritos sobre el tema de la infancia, donde siempre están los padres, o solo uno de ellos (por el divorcio, la partida…), para marcar la disfuncionalidad.

Otro aporte singular es el de una maestra sui generis, que se revela imaginativa, comprensiva, sensible, y siempre espera que la “expulsen de educación”, por ser, precisamente, como aspiramos que sean los educadores de nuestros hijos, ni rígidos, ni desfachatados, cuestión sensible.

Muchos se han divertido con esta puesta en escena, que usa con eficacia atmosfera y personajes esperpénticos. El sentido lúdico que un niño espectador espera de una obra dirigida a él, el dialogo traspasado por la comicidad y el lirismo; los códigos corporales, vocales, gestuales y el uso del vestuario, asumen en tono de farsa lo criticable de la cotidianidad: el mal gusto, la banalidad, el apego a lo material, y el alejamiento de una espiritualidad que aparece como una de las vías de salvación de la especie humana.

En Retrato…, la combinación de la animación titiritera, donde se funden técnicas como el bunraku, la máscara, títeres planos, lo objetual…, y el actor en vivo, propicia la deconstrucción del espacio y la síntesis de los objetos, en diferentes dimensiones y niveles —en los que el concepto de retrato es esencial— contribuyendo a su funcionalidad escénica.

Encomiable interpretación la de la soprano Lucelsy Fernández, junto a los actores que cantan en vivo.

Divertida, creativa y a la vez dueña de cada uno de sus instrumentos como actriz, María Laura Germán nos entrega una madre “espectacular”.

Destacan, además, cada uno de los actores en sus personajes, María Isabel Medina, Iván García, Roberto Águila, Arlettis González y el propio Rubén Darío.

El diseño de muñecos, vestuario, luces y escenografía, nos muestra a un Zenén Calero en metamorfosis constante como artista, según los presupuestos estéticos que requiere cada escena.

La puesta en escena demuestra la eficacia, el núcleo creativo que es Teatro de Las Estaciones, en el que se funden con éxito varias especialidades. A cada uno de ellos, mis felicitaciones.

Ir a ver a la Sala Pepe Camejo Retrato de un niño llamado Pablo, es una opción estética, reflexiva y entretenida para la familia cubana. Los invito y se van a acordar de mí.

Próximas funciones en septiembre a las 11:00 a.m. Los días 8, 9, 15, 16, 22, 23, 28 y 2­9.
 

Tomado del semanario Girón
 
Artículos Relacionados:
Teatro de títeres hoy: entre la irreverencia y la conformidad

“Arrivals”. ¿Llegó?

En Cuba ¿Todo el mundo baila?

¡Llegó el Circo Nacional de Cuba!

Nevada: apretar el corsé del drama

Acosta Danza en la encrucijada de las culturas

Los jóvenes que caminan 100 kilómetros para llevar arte a las lomas

Parece Blanca o la tragedia se repite

Sin cansancios ni temores. Ballet Contemporáneo de Camagüey

Roberto Gacio Suárez dirá adiós a las tablas

Condesa descalza: testimonio vivo de un derrumbe moral

Farándula, ¿teatro para consumir?

Artes Escénicas cubanas: el voto por el mejor postor

Narrativa del cuerpo