El vicio incontrolable de Pedro Juan Gutiérrez

Liannet Gómez Abraham
23/1/2020

No cualquiera encuentra entre las teclas las palabras exactas, provocadoras o escurridizas. Quienes saben hacerlo con destreza, son —para mí— los verdaderos héroes del papel y la tinta. Quien lo hace además a partir de las necesidades humanas y el dolor, tiene doble mérito; porque ve en ello lo que para otros ha pasado inadvertido.

En esos andares tiene la suerte de situarse por excelencia el escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez. Ese mismo, el de los textos de una ciudad miserable, el de los personajes sufridos, mezquinos, humildes o buena gente, el del erotismo insaciable y recurrente, el del Realismo Sucio. De él seguro conoces varios ejemplares: El rey de La Habana, La trilogía sucia de La Habana, Animal Tropical, Nuestro GG en La Habana… y ahora su última novela, Fabio y el caos.

Escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez. Fotos: De la autora
 

Precisamente, para recordar la versatilidad del autor y dialogar en primera persona con gran parte de su producción literaria se convocó la primera sesión del espacio —yo lo llamaría coloquio— Reflexionar: los de 1950 cumplen 70, en la Biblioteca Nacional José Martí, este martes 21 de enero.

“Es un pretexto para refrendar y estudiar a figuras, escritores. En el año 1950 nacieron muchas personas que se han destacado en los terrenos de la Literatura y el Arte. Ellos solos no agotan esa generación, pues existen también importantes personalidades nacidas a lo largo de los años 50”, explicó Omar Valiño Cedre, Director de la Biblioteca Nacional de Cuba.

El primero de ellos cronológicamente es Pedro Juan Gutiérrez, que nació el 27 de enero de 1950. Me pareció magnífico que fuera él, por la particularidad, que dentro de esa generación, representa como narrador, como poeta visual y uno de los precursores de ese cultivo dentro de la literatura cubana, agregó Valiño Cedre.

Pedro Juan Gutiérrez es un hombre y escritor de alta sencillez y extrema puntualidad. Al decir en el panel de la narradora y crítica literaria Marilyn Bobes, si algo enlaza a todas sus obras es el oficio, la limpieza, agilidad y precisión de un estilo impecable que cautiva por su exactitud. Su desnudez, deslumbrante. Decir tanto en tan poco espacio, es característica de los mejores y Pedro Juan es uno de los mejores prosistas, desde el punto de vista estilístico, en el actual panorama de la narrativa cubana contemporánea.

Y aunque Pedro Juan halla en la prosa su más popular frescura, no agota su creación en ella. Su poesía, para quienes la leemos, no solo es versátil, sino que constituye un verdadero acertijo. Los temas son muy amplios, pero siempre abordan el panorama de la soledad, la sexualidad, lo cotidiano; el autor se trasmuta en otros.

“Una tentativa poco observada en Pedro Juan es hacer poesía a través de imágenes visuales. Sus poemas graficados aparecen con particular fuerza expresiva. Constantemente produce nuevas series de colaje con textos que merecen de conjunto un acercamiento virtual. Todos llegan con una cosmovisión del hecho poético, una tradición que es universal”, advirtió Norberto Codina, escritor y director de la revista cultural La Gaceta de Cuba.

“La poesía de Pedro Juan puede leerse como el grito iracundo de insumisos, una conciencia crítica que se ejerce al mostrarnos la fea cara de la realidad y sus implicaciones intelectuales. El lirismo se mezcla a la rabia, al desafío de exhibir la vida tal cual es”, agregó.

El autor comentó que: “Escribir se convierte en un vicio incontrolable, tanto como fumar o beber ron. Escribir permite ordenar las ideas (…) La escritura nunca se produce por acumulación, sino por generación espontánea. El escritor no puede acumular conocimiento, no funciona así. Funciona del mismo modo que juegan los niños, sin nada previo, y nada posterior, solo el presente. Es decir, nunca se aprende a escribir, no se puede desarrollar un método porque no existe una ingeniería de la escritura”, precisó Gutiérrez.

Sin embargo, no al azar transita por la vida del escritor su profesión como periodista, una mezcla que hace indisoluble cuando expone en sus novelas la realidad habanera de los años 90 o la más actual, cuando nos hace vivir la existencia de sus personajes. Pedro Juan recordó que 26 años como periodista enseña a trabajar el idioma, a manejar la disciplina de trabajo, a escoger los temas. Es fundamental para poder escribir de la manera que yo escribo, apuntó.

Durante el intercambio, Marilyn Bobes reconoció la excelencia del autor como un pintor expresionista, que ha sabido captar a la ciudad desde el lado de sus sombras y nuestro deambular en ella, no solo de los más sólidos personajes, sino también de los más extraños.

Panel Reflexionar: los de 1950 cumplen 70, en la Biblioteca Nacional José Martí.
 

En este sentido, Rafael Acosta de Arriba, ensayista cubano, añadió: Cifrar el destino de sus personajes, la incertidumbre de compartir todas las interrogantes sin ninguna respuesta, es desencadenar lo paradójico de la vida. Sus seres irrumpen en la historia como los antihéroes que son.

Pedro Juan reconoce que escribir una novela es muy duro, “creo que les pasa a muchos escritores (…) Digo que es agónica la escritura de una novela porque hay que convivir con el desasosiego, la incertidumbre, los miedos y penurias de un grupo de gente situados al borde del abismo en situación límite (…) Terminé llorando cuatro días cuando terminé de escribir el final de El rey de La Habana, pensé que era una debilidad mía, pero ahora me entero de que García Márquez se echó a llorar horas y horas cuando el viejo coronel Aureliano Buendía muere en Cien Años de Soledad”, compartió.

Con la aceptación desmedida de quienes lo sienten y leen de cerca, o de los más recatados que tratan de evadir su realidad, su obra es trascendente, marca la otredad cruel y humana de seres comunes.

“Muchos me preguntan dónde sitúo mi obra. Ella está con toda coherencia, se integra perfectamente, dentro de un cuerpo literario sólido, muy diverso, que se llama Literatura cubana (…) No soy un ave rara caída del cielo, un país se convierte en una nación en gran medida gracias a su memoria y a su identidad; me refiero a la otra memoria, la silenciosa y humilde de la gente sencilla, la que está en cuentos, poemas, novelas…, en canciones, cuadros o pinturas…, la memoria que guardan los escritores y los artistas día a día”.