Elocuentes tráiler y making-of en torno a Club de jazz

Joel del Río
13/11/2018

Muy pocas veces en nuestro medio se emiten juicios sobre productos, llamémosles colaterales, del mundo audiovisual, como el making-of y el tráiler, ambos realizados con el propósito de promover y realzar los valores de determinado filme. El estreno del largometraje de ficción Club de jazz, dirigido por Esteban Insausti, se ha visto escoltado por la aparición de un making-of y un tráiler que consiguen motivar al espectador en tanto dejan constancia de los momentos más dramáticos y atractivos del filme.

El tráiler, que en mi época de niñez y adolescencia, allá por los años setenta y ochenta, llamábamos simplemente “avances”, se divide, al igual que el filme, en tres partes: “Saxo alto”, “Contrabajo con arco” y “Piano solo”, cada una de ellas ambientada en una época distinta, aunque en realidad nunca se perciben elementos distintivos de cada periodo histórico. Sin embargo, sí se percibe que cada historia está protagonizada por un personaje que es músico.

Se percibe que cada historia de Club de jazz está protagonizada por un personaje que es músico.
Foto: Cortesía de Ana María Domínguez

 

La historia que ocurre en cada segmento se muestra a grandes rasgos, en pinceladas, porque el tráiler debe impactar, no explicar; debe conquistar al espectador, nunca proveerle elementos para un juicio o dictamen que puede ser errado si se atiende solo a este resumen compactado en tres minutos.

Para explicar motivaciones y explayarse en torno a la historia, el tema, los actores y el rodaje se realiza el making-of, una suerte de subgénero documental que se consagra a detallar cómo se concibió y se realizó el filme. En el making-of de Club de jazz toma la palabra, en primer lugar, el director Esteban Insausti, para contarnos que el filme es un proyecto que trata, y cito, “sobre la envidia, la más inconfesable y patética de las emociones humanas”, y esta declaración alude no solo al tema, sino a la esencia conceptual de las situaciones más dramáticas.

Más adelante, el realizador se refiere a la complicación que provenía de engranar la narración, puesto que se abordan tres épocas distintas y nueve protagonistas, pero es precisamente el tema de la envidia el principio que hilvana las tres historias. Y el crítico supone, con la experiencia que le confiere haber visto cientos de películas similares, que los tres segmentos deberían suponer un crescendo en cuanto al tratamiento del tema, o al menos pudieran instrumentar variaciones que justifiquen la existencia de una tríada de aproximaciones cuando se pudo haber dicho todo lo que se intentaba comunicar en una sola historia. Pero para justificar tales prevenciones se impone ver el filme en su totalidad, porque es improcedente para el making-of establecer tales distinciones.

Y como todo making-of incluye las opiniones de los intérpretes, el primero en tomar la palabra es Héctor Noas, quien declara que ambicionaba trabajar con Esteban Insausti desde que vio “Luz roja”, el tercer cuento de Tres veces dos. A Noa le encantó el valor que el director le confería a la estética, a la atmósfera visual. A renglón seguido, aparece la actriz Yailene Sierra, quien interpreta un personaje corto e intenso, la madre de uno de los niños protagonistas del primer cuento. Ella también tuvo la responsabilidad de entrenar a los dos niños no-actores de ese primer segmento.

 La actriz Yailene Sierra interpreta un personaje corto e intenso, la madre de uno de los niños protagonistas
del primer cuento. Foto: Internet

 

Después de las declaraciones de varios otros intérpretes, el making-of alude directamente a la fotografía, y nos sorprende el maestro Ángel Alderete cuando asegura tajantemente que este es su mejor trabajo hasta ahora. De acuerdo con Esteban Insausti, tanto Alderete como Alejandro Pérez (quienes comparten el crédito de la dirección de fotografía) recurrieron a un manejo sutil de una iluminación que no quiere manipular ni seducir, sino más bien inquietar, y todo ello resulta visible, pues las declaraciones del fotógrafo se colocan sobre imágenes muy hermosas.

Por supuesto, en el making-of también expresa sus opiniones Angélica Salvador, la editora, quien trató de mantenerse distanciada en las etapas de guion y rodaje, para así conseguir el saludable distanciamiento y la objetividad a la hora de cortar, eliminar escenas, o conferirle uno u otro ritmo a la sucesión de planos.

En fin, que tanto el making-of como el tráiler de Club de jazz cumplen a cabalidad con su función motivadora, de promesa y seducción, capaces de elevar las expectativas en torno a un nuevo filme, que promete un singular talante estético a partir del talento y la dedicación de un equipo técnico y artístico realmente entregado y bien dirigido.

Cuando, por estos días, críticos y espectadores nos enfrentemos a la obra en su totalidad, sabremos si el tráiler y el making tenían razón ciento por ciento a la hora de promover las más altas expectativas.

 

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