Elogio a Rafael Acosta de Arriba

Dra. Araceli García Carranza
30/1/2019

El Doctor en Ciencias Rafael Acosta de Arriba posee una bibliografía de más de 200 asientos, portadores de temas históricos, literarios, artísticos y culturales. En cada uno de ellos ha logrado valiosos y profundos textos que lo hacen poseedor de una obra verdaderamente relevante. Investigador, ensayista, crítico de arte y poeta, ha publicado más de 20 libros y ha participado en otros 30 de varios autores, en Cuba, España, Italia y México.

En el campo de las artes visuales sobresalen sus acercamientos a algunos artistas y sus obras,
la visualidad y la fotografía cubana. Fotos: Internet

 

Tres disciplinas definen su obra: la historia, las artes visuales y la literatura. De su obra historiográfica y ensayística es preciso destacar sus investigaciones, desde fines de los años 80, sobre el pensamiento de Carlos Manuel de Céspedes y el independentismo cubano en el siglo XIX. Es muy notable la edición corregida y aumentada de Los silencios quebrados de San Lorenzo, obra precedida por una sólida búsqueda bibliográfica y publicada por la Editorial Boloña.

Destaco además sus indagaciones sobre las obras de Octavio Paz, Max Aub y José Lezama Lima, sobre las novelas históricas de Leonardo Padura, el trotskismo en Cuba, el cuerpo y el erotismo como signos estéticos y culturales, las teorías inherentes al arte, y algunos hechos históricos olvidados, como el Congreso Cultural de La Habana en 1968, y los avatares de la cultura en la década de los 60.

En el campo de las artes visuales sobresalen sus acercamientos puntuales a algunos artistas y sus obras, la visualidad y la fotografía cubana. Muy sobresalientes han sido sus recientes investigaciones sobre los procesos del arte cubano y sobre figuras tales como Agustín Cárdenas, Raúl Corrales, Herman Puig, Pedro de Oraá, Osvaldo y Roberto Salas y Roberto Fabelo, entre otros.

Acosta de Arriba ha publicado más de 100 ensayos y artículos en revistas cubanas y extranjeras; entre otros “Los ojos minervinos de José Lezama Lima”; “El cuarto cuerpo o el cuerpo perdido del arte cubano”; “Arte cubano, mercado, mutación y diversidad”; “La sílaba del comienzo”, por los diez años de la muerte de Octavio Paz, por solo mencionar algunos, sin perder de vista decenas de ensayos sobre arte y artistas cubanos.

Sus poemarios, Haz de espigas, publicado en Italia en el año 2007 y Momentos, publicado en La Habana en 2004, nos muestran al poeta. Sin olvidar De vísperas y silencios (poemario que representa una antología de su poesía) y otros libros sobre la fotografía artística en Cuba que llenan un vacío en la bibliografía cubana de todos los tiempos.

Ha sido curador y organizador de numerosas exposiciones en Cuba, Brasil, España, Alemania y Holanda. Difícil tarea que comparo con el ejercicio de una bibliografía selecta, comentada o crítica, campo que no le ha sido ajeno. Además, ha seleccionado bibliografías para más de diez programas de TV relacionados con el arte y la literatura.

Los silencios quebrados de San Lorenzo, obra precedida por una sólida búsqueda bibliográfica.
 

Actualmente desarrolla su vida académica entre la Universidad de La Habana y la Universidad de las Artes, dio un curso de conferencias entre 2017 y 2018 en la Academia de San Alejandro; pertenece a los Consejos Científicos de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, del Instituto Juan Marinello y de la Universidad de las Artes, en esta última dirige la línea de investigación “Problemas Contemporáneos de la Artes y la Cultura”. Pertenece a la Asociación Nacional de Críticos de Arte (AICA), a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y a la Latin American Studies Association (LASA).

Ha recibido diversos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Anual de investigación del Ministerio de Cultura, en los años 1994, 2010, 2012 y 2014, y en dos ocasiones el Premio de la Crítica de Arte “Guy Pérez Cisneros”. Su participación en eventos, seminarios y conferencias nacionales e internacionales es también muy notable, así como han sido numerosas las conferencias dictadas en universidades y centros de arte de Cuba, España, Estados Unidos, Brasil, México, Italia e Israel, labor de muchos años que iniciara en 1991, cuando coordinó el ciclo de charlas “Pensamiento Cubano en el siglo XXI”, en la Biblioteca Nacional José Martí.

Estamos en presencia, pues, de una obra surgida a partir de la última década del siglo XX, y desarrollada con rigor hasta nuestros días, en que el Dr. Rafael Acosta de Arriba se desempeña como Investigador Titular en este prestigioso Instituto para el estudio, investigación y desarrollo de la Cultura Cubana, Juan Marinello.

Antes, Rafael ocupó durante siete años la presidencia del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (en este período presidió la VI y la VII Bienal de La Habana); también dirigió el Centro de Información Cinematográfica Saúl Yelín, del Instituto del Arte y la Industria Cinematográficos, trabajó como director de Prensa en los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano y fue jefe de redacción de la revista Cine Cubano.

Desde estos cargos llevó a cabo una intensa labor de promoción cultural caracterizada por la creación de eventos como “El Día de la Crítica”, dentro de los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano (espacio de debates y de presentación de libros que existe hasta el presente), ayudó a fundar la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, revitalizó la Federación Cubana de Cine Clubes y creó Subasta Habana, el periódico Noticias de Arte cubano, y la Agencia de Derecho de Autor para los Artistas Visuales (ADAVIS). A él también debemos la creación de los Premios Nacionales de Crítica de Arte y de Curaduría, y la fundación, en el año 2005, de la revista Fotografía Cubana (lamentablemente desaparecida).

A principios de los años 90 se desempeñó como jefe del Departamento de Publicaciones y Conservación de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, donde también dirigió la revista de la institución.

Como en un viaje a la semilla he sintetizado un quehacer y una obra que es orgullo de Cuba, y en especial de la Biblioteca Nacional, a donde llegó este joven en 1990. Graduado de Matemáticas en 1975, en el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, había dirigido un preuniversitario en el campo, en Isla de Pinos. Pero sé que su llegada a la Biblioteca Nacional marcó en su vida un antes y un después, fue su punto de partida hacia las humanidades, desde el poder de reflexión y de abstracción que hacen posible las ciencias exactas, porque estoy segura de que en nuestra institución, al conjuro de las artes y las letras, surgió este respetable intelectual de hoy. Conocernos significó el inicio de una larga y respetuosa amistad probada hasta la saciedad, no solo en sus palabras por mi 50 aniversario en la Biblioteca Nacional, sino también en sus visitas de los martes, a mi cubículo, después de la muerte de Julito, mi compañero de vida.

Y es precisamente a partir de los 90 que Acosta de Arriba va acumulando un currículo que hoy lo hace acreedor del Premio Nacional de Investigación Cultural 2018. Por coincidencias de la vida es posible que yo haya sido una de las primeras personas a las que Rafael se haya acercado en la Biblioteca Nacional, en 1990, y ahora me satisface haber sido miembro del jurado que, 28 años después y por unanimidad, le otorga este premio.

Él ha dicho que yo fui su puerta de entrada a la Revista de la Biblioteca Nacional, pero fue él quien hizo posible su publicación después de siete años de silencio, porque supo valorar las épocas anteriores de nuestra revista, la revista de don Domingo Figarola Caneda, de Juan Pérez de la Riva, de Reneé Méndez Capote, de Cintio Vitier y de María Freyre de Andrade. Rafael supo apreciar nuestro templo de inteligencia y saber, para crecer personalmente, hasta lograr convertirse en el año 2009 en Doctor en Ciencias, después de su Doctorado en Ciencias Históricas, alcanzado en 1998.

Por tanto, aquel joven que se deslumbró con la Biblioteca Nacional, y que nació y se desarrolló en ella como intelectual, merece el Premio Nacional de Investigación Cultural 2018.

* Leído en el acto de entrega del Premio Nacional de Investigación Cultural 2018, el 23 de enero de 2019.