Entre senufo y Meninas es el título de la más reciente exposición de Moisés Finalé, un creador que no para de experimentar y quien con esta muestra exhibe –si falta hiciera- una madurez conceptual, así como la solidez de una propuesta ciertamente antropológica que comenzó en La Habana allá por los años ochenta.

Graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y del Instituto Superior de Arte (ISA), Finalé tiene un imaginario muy personal, muy propio, que lo hace tan distinguible como enigmático y que está relacionado, quizás, con ese envolvente velo africano siempre presente.

Obra: “Menina en rojo”, Moisés Finalé. Fotos: Tomadas del Perfil de Facebook de Galería Habana

Entre senufo y Meninas se concibió -y nació- en medio de la actual pandemia y, aunque físicamente está colgada de las paredes de la Galería Habana, puede accederse a ella a través de un recorrido 360 en el enlace bit.ly/moisesfinale360.

Pero, ¿cómo es eso de sentirte entre África y Europa?

Esa es una idea que me persigue desde hace muchísimo tiempo y, probablemente desde que llegué a Europa, en el año 1987. Ese es el momento en que empiezo a descubrir el arte africano en los museos y en las galerías parisinas, algo que no había visto aquí, en La Habana, y tampoco había apreciado durante mis estudios. Ese descubrimiento en París del arte africano y en particular de las esculturas, las estatuillas y las máscaras fue algo que me impactó y me sorprendió mucho.

Establezco una relación con un coleccionista y galerista que poseía una colección de esculturas, que comencé a disfrutar. Y, sin darme cuenta, mi obra empezó a cambiar y me inicié como amante del arte africano. Mis esculturas me han acompañado durante más de treinta y cinco años. Ese ambiente me rodea en mi estudio y es, también, motivo de inspiración para hacer la obra: ahí están las musas junto a mí en el estudio.

“Ese descubrimiento en París del arte africano y en particular de las esculturas, las estatuillas y las máscaras fue algo que me impactó y me sorprendió mucho”.

Tras mis visitas a los principales museos europeos, corroboro las diferencias que existen entre el arte americano, el europeo y los artistas de África. Comienzo a estudiar de cerca la transvanguardia italiana, pero al mismo tiempo me sumerjo en la obra del Wifredo Lam.

La exposición se abre con Mujer escondida, pieza del presente 2021…

Hace poco alguien me preguntaba si para hacer esta muestra, había estudiado Las Meninas de Picasso, que están en Barcelona, muy cerca de mi casa de Montpellier, en Francia: la respuesta es no. Conozco esa obra, pero como proceso las borré de mi mente porque de lo contrario no hubiera podido realizar mi propia interpretación.

Con este trabajo aspiraba a la confrontación o a la simbiosis entre los senufos y las meninas: entre África y Europa. Tan es así que, a veces, mis Meninas tienen nombres como Negro con Menina, Menina en la ópera o Menina con zarzuela, que me recordaba al Teatro Sauto, de Matanzas, al que iba cuando era niño a ver excelentes puestas en escenas de zarzuelas. Mis Meninas son caribeñas también, pero a la vez muy españolas.

Obra: “Mujer escondida”, Moisés Finalé, 2021.

A lo largo de la historia muchos pintores se han apropiado de Las Meninas y yo quería ver hasta dónde podía ofrecer algo nuevo: revisitarlas, pero con un espíritu renovador.

En esta exposición percibo que los materiales con los que habitualmente trabajas se mantienen –papel reciclado, cartón corrugado, los chirris, los ensambles, las maderas-. Háblame de tu manera de componer cada pieza.

La muestra se puede ver ahora, pero llevo más de dos años planteándome esta exposición. Hay un primer taco de grabado, que imprimí y se repite en todos los cuadros. El grabado principal se encuentra al final de la galería y esa obra se llama Menina en rojo. Esta muestra tiene muchos elementos y significantes: no se trata de pintar por pintar; el grabado aparece de manera muy fuerte porque es una manifestación que siempre me ha interesado e igualmente aparecen esos elementos escultóricos que, de una forma u otra, integro a la obra.

“Con esta muestra intento contemporizar… ir a figuraciones y a propuestas artísticas que me interesan y a definiciones que son muy mías y que van delineando (…) a un Finalé con otra capacidad de hacer y también con cierta madurez”.

Es una obra bidimensional -no me siento un escultor y tampoco un grabador-, pero ambas manifestaciones están presentes. Pienso que eso es lo que le da a la obra el aire contemporáneo, el aire nuevo y es, tal vez, lo que hace que la gente se interese por la obra.

Sinceramente, ¿qué te propones con Entre senufo y Meninas?, ¿qué quieres?

Me sorprende esa pregunta: es sencillamente una nueva propuesta artística y una manera de mostrar cómo me estoy planteando hacer el arte: una pintura inteligente, una pintura de ideas, una pintura que me motive a las lecturas y a distintas interpretaciones.

Con esta muestra intento contemporizar… ir a figuraciones y a propuestas artísticas que me interesan y a definiciones que son muy mías y que van delineando -con el paso de los años- a un Finalé con otra capacidad de hacer y también con cierta madurez.

En otras conversaciones me has dicho que cada exposición es una tesis, que la piensas mucho y que siempre quieres mostrar algo nuevo y que te aterra repetirte…

Un día después de inaugurada la exposición descubro otros motivos y ya estoy trabajando en ellos. Quiero aclarar que no se trata de otra exposición sino que estoy ¡trabajando!, que es lo que siempre hago. Estoy seguro, de que de ahí saldrá en los próximos años una nueva propuesta artística y que ahora es imposible prever, pero va naciendo: ahí está.

“Si se llega a un sello, que no es más que una manera de hacer, lo da el trabajo diario, las búsquedas y, sobre todo, el ser sincero con las propuestas artísticas que uno va teniendo”.

Entre senufo y Meninas, terminó: fue un ciclo que se cerró. Ya no pienso más en eso, pero me he quedado con el placer, con el sabor de haber trabajado durante mucho tiempo sobre el tema, de haber investigado y técnicamente haber buscado propuestas con tornillos, con metales, con maderas… con elementos que encuentro en La Habana y que son muy propios de aquí. Y eso es extraño, quizás, porque el término “meninas” alude a algo europeo y, sin embargo, las obras están realizadas con materiales de nuestro país.

Ahora me sumerjo en un momento complejo: el de buscar qué es lo que quiero hacer. Empiezo a entrar en caminos que, a veces, tengo que salir muy rápidamente o, como me ha pasado otras veces, temas que han estado latentes y me digo: este es el momento de asumirlos.

Cuando uno visita una exposición colectiva en la que hay una obra tuya, uno puede, entre tantas otras, reconocer tu pincelada, ¿cómo se llega a un sello, que es el sueño de muchos artistas?  

Nunca soñé con eso, ni tampoco me lo propuse. Si se llega a un sello, que no es más que una manera de hacer, lo da el trabajo diario, las búsquedas y, sobre todo, el ser sincero con las propuestas artísticas que uno va teniendo. Lo otro que siempre he tratado es que, a la hora de pintar, trato de borrar todas las influencias y el imaginario que uno va recibiendo como conocimiento: trato, casi, de convertirme en un pintor naif.

Por otro lado, han transcurrido cuarenta años de vida artística. Comencé estudiando los pintores populares en La Habana Vieja a través de ayudas y de amistades que tenía y que tengo, como Orlando Hernández, a quien siempre le interesó la pintura popular.

“…siempre estuve navegando entre la pintura popular y la más académica, la que uno estudia en la escuela”.

Luego me introduje en el arte afrocubano. Hay una exposición de los 80 que titulé Homenaje a Fela, que fue una señora que pintaba sobre los muros descorchados a causa de la humedad y que cultivaba una manera de hacer que a mí me impresionó, y, casi, me apropiaba de esas imágenes. O sea que siempre estuve navegando entre la pintura popular y la más académica, la que uno estudia en la escuela.

Me parece que tu obra parte de un fondo marcadamente abstracto y, luego, vas sumando elementos, adicionando figuraciones, ensamblando, ¿por qué el punto de partida es la abstracción?

Entre otras razones porque durante mis estudios tuve como profesor a Antonio Vidal, maestro que formó parte del Grupo Los Once y a quien adoraba y le tenía mucho respeto como artista. También tuve una linda amistad con Julio Girona y su manera de escribir también me influyó. Esos fondos que pueden considerarse abstractos, son como un calentamiento, igual que un deportista. Las ideas que tengo concebidas parten de ahí.

Todas las obras que conforma Entre senufo y Meninas son realizadas entre 2020 y 2021, es decir, son piezas que han nacido en medio de la pandemia de la COVID-19 que aun atravesamos…

La pandemia me sorprendió y a la vez no me sorprendió: mi vida trascurre en casa, con la familia, con mi hija más pequeña y pintando siempre. No es que mi vida sea aburrida, por el contrario: es que he decidido que sea así.

La pandemia impone sus leyes: no se puede salir, tiene que haber un distanciamiento y mucha higiene. Durante los primeros meses de confinamiento, Celia, mi hija -que entonces tenía diez años- y yo, empezamos a pintar una obra muy grande (seis metros de largo por dos de alto); fue un trabajo que concebimos juntos a partir de un pie forzado y el resultado es muy colorista y posee la frescura de un niño.

Después ella ha seguido pintando obras de menor tamaño y yo me concentré en una exposición que hice en la Galería ARTIS 718, que se llamó Fiestas de máscaras. En esa muestra hubo un cuadro de siete metros y al concluirla ya estaba pensando en Entre senufo y Meninas,y me volqué por entero en ella. Soy un artista –y un hombre- que se entrega totalmente.