A veces me pasan en la radio / a veces nada más… Tal parece que Carlos Varela escribió estos versos pensando en el destino que un día tendría la música de José Luis Cortés, el Tosco, pasados los años noventa. Coincidentemente, el tema fue escrito en las postrimerías de los ochenta, cuando la música de José Luis Cortés y su orquesta NG la Banda eran la principal banda sonora de la nación.

El Tosco ha muerto y me atrevo a decir que hay al menos tres generaciones de cubanos que desconocen su música, su pensamiento musical y cultural, y su hombradía, como acuñara cierto biógrafo de Antonio Maceo a los hombres que no temen a su tiempo. Cubanos que cuando escuchan su nombre repiten sin fundamento la frase preferida de sus detractores: “es chabacana… a mí no me gusta…”.

Ciertamente, el desconocimiento es la madre de la ignorancia.

Chucho Valdés lo llamó “el creador de la timba”. Foto: Irene Pérez / Tomada de Cubadebate

Cuentan que Formell lo incluyó en su orquesta, en el momento fundacional, debido a la fuerza de su sonido jazzeado. Téngase presente que Van Van en sus comienzos era una charanga clásica y ese sonido fue su nota diferente del resto de las formaciones afines existentes en esos años. Pero si decide escuchar la discografía completa de Van Van, encontrará en ella sus primeros éxitos: “Televisión a colores” y “Francisco y el león”, dos obras en las que hay un primer acercamiento al jazz dentro de la orquesta; sonido que explotará en los años noventa y llegará a nuestros días.

Posiblemente la gran mayoría de los vanvaneros no conozcan estos dos temas y solo refieran su paso por la orquesta como un instrumentista más. De hecho es probable que muchos realizadores radiales ni los hayan escuchado.

Hay un José Luis Cortés flautista, ignorado, que graba en los años ochenta uno de los mejores discos de danzones de todos los tiempos junto al también flautista Alberto Corrales: La flauta en el danzón. Un ejercicio creativo poco ortodoxo y trascendental. Es quizás la primera “sinfonía” de flautas de la que se tenga noticia y en la que recrean y reinventan el sonido de ese género musical.

Está el Tosco —ya dejaría de ser José Luis Cortés— que desde Irakere nos presenta y define la timba. El mismo que movía las multitudes con esa banda y que demostró maestría tocando el saxofón barítono. Ese al que Chucho Valdés llamara “el creador de la timba”. Ese hombre que junto a Germán Velazco diseña y nos lega la serie de discos Abriendo el cicloA través del ciclo y deja para un futuro que nuca llega Cerrando el ciclo; pues se embarca en fundar Nueva Generación, la Banda. Esta es la orquesta cubana más influyente después de Irakere; solo con la particularidad de que cuarenta años después el Tosco repitió la misma experiencia de Dámaso Pérez Prado y en los saxofones, trompetas y el resto de sus instrumentos sintetizó y tradujo los sonidos propios de su época.

Sí, la timba es la hija del mambo. El mismo mambo que él asumió con su “Murakami” y que es referencia obligada cuando se habla de ese género musical cubano. Toda una obra de arte. Y hablando de obras de arte, y de su música, no olvidemos el “Cha Cortés”, una clase magistral de ese sonido que fue el ABC de muchos flautistas en Cuba en sus comienzos.

“Han pasado los años y aún no hemos aprendido a escuchar a José Luis Cortés. Ni siquiera como músico”.

Hay otra música suya que muchos ignoran; esa que escribió tras una llamada de Nicolás Guillén Hernández para festejar a su tío abuelo y honrar la fundación que lleva el nombre del gran poeta cubano. José Luis leyó todos sus textos y en la medida que los leía les ponía música, sentado en una mesa mientras la orquesta esperaba las partituras. En una tarde él y sus músicos montaron un repertorio de cerca de veinte de los más hermosos poemas del camagüeyano.

Algo similar había comenzado a hacer con la poesía de Eloy Machado, el Ambia; pero la vida frustró aquel sueño, o para decirlo en palabras de ambos: pusieron una pausa.

No lo voy a negar, siempre he sido fanático de su música y de su orquesta. Le perdoné y acepté sus razones acerca de la salida de la banda de algunos compañeros de fórmula en sus comienzos; pero mantuve en mi habla cotidiana aquello de “ese es mi yunta…”. Aplaudí su defensa del hip hop cubano en temas como “El rap de la muerta” y “Échale limón”.

Fui el garante de una de sus entrevistas en el momento que fue declarado el “ingenuo y total culpable de algunos males que aquejaban a la música cubana de los años noventa…”; culpabilidad que le hirió tanto como una “puñalada trapera al estilo de Cheo Malanga”. Mas su hidalguía y hombradía fueron suficientes para superar esos escollos.

De conjunto acepté ser “el que tiró la tiza”; una forma de acercarse a la crítica social desde la música popular que solo era privativa de algunos trovadores. Después sobrevino cierto manto de silencio sobre su música; pero él supo reinventarse y nos habló del “cangrejo que camina pa ’ tras”.

Juan Formell lo incluyó en su orquesta, en el momento fundacional, debido a la fuerza
de su sonido jazzeado. Foto: Tomada de Cubadebate

Ciertamente han pasado los años y aún no hemos aprendido a escuchar a José Luis Cortés. Ni siquiera como músico. No fuimos capaces de entender su sentido del humor, sus trabalenguas o frases al más puro estilo de Cantinflas para llamarnos la atención; así hablaba de “la lengua de Cervantes” con la misma soltura que se podría criticar el cotilleo de las vecinas de cualquier barrio; de “los negros que están luchando” como si fuera el más hermoso de los poemas de Regino Boti; o simplemente se escudaba en su proverbial educación para desde la voz medida decirnos una verdad inobjetable.

Así actuó en defensa de su música. Sobre todo de su tema “La bruja”, una joya musical que es a su vez una crónica cubana a la que no debemos temer. Dijo verdades de frente.

Hay, en cada esquina de esta ciudad, de este país, un cubano al que no le gusta la música latina que lamentablemente es parte de esa pléyade que hoy le ha de extrañar, que repetirá su nombre y hasta derramará una lágrima; pero que nunca ha oído su música ni ha escuchado su voz más allá de ciertos minutos en algún programa de televisión. Y que posiblemente no la escuchará nunca… en nombre de la cultura y de todos nosotros, los que cierto día le aceptamos y admitimos devolverle la voz a José Luis Cortés.

Habla, Tosco.