Eugenio Barba deja la dirección del Nordisk Teaterlaboratorium

Omar Valiño
10/4/2019

Los maestros lo son porque dejan una estela de pautas de comportamiento. Aquí tenemos una más, decisiva pero no final, de Eugenio Barba. Orgánico, vertical consigo mismo, entrega el comando del Odin Teatret pero sin abandonar la sal del escenario. Ha luchado toda la vida, se convirtió en imprescindible. Puede entregar un puesto porque siempre estará. Tu enseñanza es inmortal, maestro. Cuba lo sabe y te agradece siempre.

La enseñanza de Eugenio Barba es inmortal. Foto: Internet
 

Carta de Eugenio Barba

El 31 de diciembre del 2020 dejaré definitivamente mi puesto de director del Nordisk Teaterlaboratorium en Holstebro. El cargo de coordinador artístico será asumido por Julia Varley y desde el 1 de enero del 2021 la responsabilidad general quedará en las manos de un nuevo director que será elegido por el consejo de administración.

En 1964 éramos cinco, cuatro jóvenes rechazados de la Escuela de teatro estatal de Oslo y yo, en Noruega. Entre ellos Torgeir Wethal y Else Marie Laukvik, que desde el inicio han permanecido junto a mí. Fundamos una sociedad y nos dividimos las acciones entre nosotros porque la tierra pertenece a quien la trabaja. Nos pusimos el nombre de un dios nórdico, Odin, que desata sus fuerzas oscuras para destruir o infundir conocimiento. Éramos un pequeño grupo de diletantes curiosos e ingenuos. Amábamos viajar en el reino de los muertos —la historia del teatro—. Estábamos convencidos que debíamos pagar de nuestro bolsillo para realizar el teatro que deseábamos. En silencio, con un rigor como el de los trapestes, realizamos los primeros pasos de autodidactas hacia un conocimiento que también fue la conquista de nuestra diferencia.

En 1966 nuestro grupo se transfirió a Holstebro, Dinamarca. Sus políticos acogieron a estos jóvenes y desconocidos actores extranjeros y —como una excepción en la historia de Europa— lo siguieron apoyando generación tras generación, aun si en los primeros años la población se mostró hostil hacia nuestro extraño modo de realizar teatro. Holstebro se convirtió en nuestra patria; aquí nacieron nuestros hijos, aquí están sepultados algunos de nosotros, aquí crecieron nuestras alas.

Con los años nos transformamos en Nordisk Teaterlaboratorium, un ambiente internacional de iniciativas en el campo de la técnica actoral y del uso del oficio en la comunidad. El teatro no se puede reducir simplemente a un espectáculo que se compra con una entrada. Nuestro oficio posee una dimensión cuyo valor es imponderable, pero deja huellas profundas: la calidad de las relaciones, el desarrollo de una micro-cultura, una práctica de laboratorio social en continua búsqueda, una obstinación cotidiana que es empeño espiritual y político, la capacidad de nutrir una fuerza de ánimo contra la despiadada indiferencia de la rutina y de la época.

Nuestro laboratorio abrió camino a numerosas actividades: espectáculos en sitios no convencionales y en las calles, pedagogía alternativa e investigación pura, estudios sociológicos, publicaciones de revistas y libros, producción de films, encuentro e intercambios regulares con grupos teatrales de todo el mundo, colaboración con maestros de tradiciones asiáticas y latinoamericanas y de la cultura afrobrasileña. Nuestros actores se convirtieron en directores, guías de generaciones, forjadores de aventuras: “El puente de los vientos” de Iben Nagel Rasmussen, Transit Festival y el Magdalena Project de Julia Varley y de las otras mujeres de la profesión, la Odin Week Festival de Roberta Carreri, el Aldea laboratorio de Kai Bredholt y Per Kap Jensen, la ISTA —International School of Theatre Anthropology— , los Archivos vivientes del Odin Teatret, la práctica del teatro como trueque cultural, la Festuge —semana de fiesta— que teatraliza y devela la variedad de las subculturas de Holstebro.

El Nordisk Teaterlaboratorium está hoy profundamente radicado en la historia y en los desafíos del presente de Holstebro. Su ambiente comprende numerosos núcleos independientes dirigidos por artistas de teatro, estudiosos y emprendedores que se encuadran en la mentalidad y modo de proceder del “laboratorio”: explorar, a través del arte del actor, nuevas relaciones y condiciones para lograr que suceda lo imprevisto.

Es hora de que entregue el comando, la responsabilidad y el peso de las 101 decisiones diarias, a quienes sabrán conservar en vida lo esencial, que mis compañeros y yo hemos destilado durante estos 56 años. He sido director de un teatro que quiso intervenir en la realidad que lo circundaba. He seguido la estrategia de los círculos en el agua. He arrojado una piedra que sabía cómo y dónde arrojarla. Los círculos se agrandan, desplazan las cosas cercanas, producen minúsculas corrientes invisibles. Pero yo que arrojé la piedra, no puedo ni pretendo determinar su futuro. Continúo como una nube mi viaje. Estoy ensayando dos espectáculos nuevos con mis actores del Odin. Continuaré encontrándome con grupos del Tercer Teatro. No interrumpiré mis estudios sobre la transición desde el espacio interior del actor a su primer gesto perceptible en el espacio compartido con el espectador.

No tengo herederos ni tengo una herencia que dejar. Mi enseñanza no se trasmite ni se extingue. Se evapora. Y cae como una lluvia sobre la cabeza de quien menos lo espera.