Con espíritu inquieto nacía, un 5 de mayo de 2001, La Jiribilla. Apasionado el afán, la voluntad y la fe en sus jóvenes creadores. Una revista resiliente para el contexto de entonces y rebelde por herencia. Cobraba vida, con ella, ese ángel simpático e irreverente que refiriera Lezama en su prosa.

Veinte años después, en un intento de celebración sublime desde la poesía, ese ángel ha convidado a un equipo otra vez pequeño y entusiasta, a la realización de esta obra a la que inevitablemente miramos con paternalismo. No fue llano revisitar el espacio poético que en ciernes ha tenido la revista y compilar a 20 autores que, en una primera entrega de “Lo que nos rebasa” le cantan, con amor o dolor a la vida.

Hay reunidos en estas páginas —desde un grito de mujer a la falaz hombría, hasta un suspiro afanoso u oxidado al amor— voces colosas o noveles de la poesía cubana, que funden heterogéneos sentimientos en la palabra.

Llegue a usted la compilación de estos versos, un extracto de nuestras páginas, una suerte de bitácora en forma de poemario ilustrado.

Anuncie a La Jiribilla veinte años más de espíritu firme y apasionado, y en los lectores ponga los latidos sobre aquel rezo de Lezama: “la principal certeza está en Lo que nos rebasa”.