Farah María: La dama que buscaba la felicidad

Reinaldo Cedeño Pineda
31/12/2020

“Quiero ser tu amiga”, se escuchó del otro lado del auricular. Así como al pasar, así nomás. Como un baile personal, como una oda en esbozo, como un tributo a la humildad. La novia de una generación de cubanos quería ser mi amiga. Todo había comenzado en aquella conversación, aquella mañana…

De pronto las distancias cayeron, los años se esfumaron. La vi descender la escalera rumbo al escenario, la vi danzar en el aire. Ella va a ganar, se comenta entre bastidores. La chica de Cuba va a ganar. El jurado delibera hasta la madrugada… y sí, Farah María gana con “Concierto en tres temas” el Gran Prix del Festival Orfeo de Oro (1976) de Bulgaria.

Me lo dibuja en su propia casa, al lado del piano, al lado de los girasoles que la revista Opina entregaba a los artistas más populares. Ella me insiste en que coma un cubanísimo plato de arroz con frijoles. Yo le insisto en que me cuente de su vida. Hay un pacto en el aire.

Farah María era una época, un estilo, el glamour caribeño, la criollita por antonomasia. Foto: Internet
 

Los setenta —polémicos, fundadores, difíciles— fueron una década dorada para su carrera. Ganó premios de interpretación en Dresde y en el difícil Sopot de Polonia, vitrinas entonces de la cancionística internacional en Europa del Este. En otros circuitos era también capaz de imponerse, como el Festival Mundial de la Canción de Yamaha en Japón. Fue la sensación cantando “Recuerdo de aquel largo viaje”, de Raúl Gómez. Es un tema al que hay que volver, una canción que ha sobrevolado indemne el paso de los años, una interpretación de un brillo impresionante.

Guzmán 1981. Entonces era un concurso de respeto. Cantan “La Lupe”, de Juan Almeida, a cuatro voces: Amelita Frades, Beatriz Márquez, Elena Burque, Farah María. ¡Nada menos! La última en salir es Farah. Aparece en todo su esplendor. El cable del micrófono da un pequeño tirón, ella lo sortea con elegancia: eso le sobraba.

Ella había sido la gema del cuarteto que integraron Meme Solís, Miguel Ángel Piña y Héctor Téllez, antes de su carrera en solitario. En ese crisol templó sus alas. Un tango como “Adiós muchachos” o un chachachá como “El alardoso” parecían escritos para ella. Algunos boleros. Les insuflaba su tempo, su donaire. Interpretó a grandes autores, cierto; pero siempre supo cuál era su cuerda, siempre supo escoger a sus acompañantes.

Hay una pieza musical que la persiguió. Que le hizo bien y tal vez le hizo mal. Se la pedían en cualquier sitio, en cualquier momento. Casi no hay que nombrarla. Cierto que hizo un exitazo del pequeño tema, que le entregó toda su sensualidad a la inspiración de Enrique Jorrín; pero también que algunos pretendieron encasillarla, repetirla, enquistarla en el malecón y el tiburón.

“Una dama que busca la felicidad, que lo hace siempre, que te lo dice mirándote a los ojos, no se olvida jamás”.
Foto: Periódico Granma

 

Fara García Callava fue modelo, tomó clases de ballet y subió un escaño en eso de pulir lo que natura le dispensó a manos llenas. Podía aparecer ante las cámaras, podía cantar en las arenas, podía subir a las tablas. Era una época, un estilo, el glamour caribeño, la criollita por antonomasia. Era esa gacela.

Nos resistimos a que el tiempo pase sobre las personas que admiramos, a que le rocen las tristezas de esta vida, a que llega el momento. Y creo que hacemos bien. El amor es como es, infinito.

“Provengo de una familia numerosa, será por eso que me gusta tanto compartir. Siempre estoy buscando la felicidad”, me confesó. Esa última frase fue el título de aquella conversación que sostuvimos y que publicó el diario Juventud Rebelde en su momento.

Siempre he creído que una entrevista es un pase a otra dimensión, que un título es una tesis. Había de lo uno y de lo otro en mi intercambio con Farah. Una dama que busca la felicidad, que lo hace siempre, que te lo dice mirándote a los ojos, no se olvida jamás.