Geometría de una primavera abortada

Noel Alejandro Nápoles González
22/1/2021

A Mella

Las primaveras tienen su geometría. Me refiero, obviamente, a las “primaveras” que fabrican los tanques pensantes en laboratorios que tratan a los pueblos como si fuesen ratas. Tan es así que, en 2020, la oposición cubana se intentó fabricar como se dibuja un cilindro.

Primero se creó un punto de ruptura, que fue el acto irreverente y soez de un rapero contra un oficial de la policía. Al ser llevado preso por desacato, entraron en escena los otros actores.

Luego, el punto de ruptura se convirtió en línea de confrontación pues, en solidaridad con él, surgió un grupo de personas que montaron el teatro de una “huelga de hambre”. Así, el gesto intrascendente del rapero, amplificado a través de las redes sociales, ganaba en significación. Para legitimarse, los huelguistas se autodenominaron Movimiento San Isidro y hasta se designaron con las siglas MSI. Como en este grupo estaba un seudoartista que ha hecho carrera a costa de la política, se preparaban las condiciones para articular la farsa de San Isidro con un espectáculo mayor.

"Se produjo una escalada de individuo a grupo y de grupo a sector, que equivale a la metamorfosis sucesiva del punto en línea y de la línea en plano". Foto: Leonor Menes Corona
 

Más tarde, la línea de confrontación se transformó en un plano de conflicto con las autoridades. Un grupo de jóvenes, varios de ellos vinculados a las artes, se manifestó ante el Ministerio de Cultura el 27 de noviembre, como si alguien tratase de resemantizar una fecha histórica tan sensible para los cubanos, particularmente para los estudiantes. Así se establecía una base, un fundamento más amplio y duradero para la confrontación, ya que la “huelga de hambre” no podía durar mucho ni convocar a tantos. A este nivel, naturalmente, las demandas aparecían mejor elaboradas y expuestas. La vulgaridad cedía a la cultura. Y eso mismo disgustaba a los partidarios de la línea dura, quienes intentaron criminalizar infructuosamente la manifestación. En realidad, los de San Isidro y los reunidos ante el Mincult eran como el aceite y el vinagre, y quienes trataron de mezclarlos subestimaron esta diferencia.

Por último, el plano de conflicto —se esperaba— debía dar lugar a un espacio de oposición. El acceso al poder debía añadir a la ecuación cierta altura, dimensionando aún más el enfrentamiento. La protesta de un sector limitado debía ganar adeptos en la población, para que la manifestación sectorial se volviese popular. Pero este paso final se frustró porque los estrategas del “golpe blando” no fueron capaces de conectar las demandas de los jóvenes artistas con algún descontento popular. San Isidro, a duras penas, se elevó al cuadrado pero jamás al cubo. Además, el diálogo de los artistas con las autoridades culturales —diálogo necesario y sincero, que debe ser regla, no excepción— acabó por desarticularlos.

En resumen, se produjo una escalada de individuo a grupo y de grupo a sector, que equivale a la metamorfosis sucesiva del punto en línea y de la línea en plano. Algo que me recuerda el título de aquel libro pionero de Kandinsky, Punto y línea sobre plano (1926), que descubrió un continente a las artes.

Ahora bien, si tomamos en cuenta todo el proceso, veremos que, efectivamente, la táctica empleada para fabricar una primavera en Cuba se parece a un cilindro: el punto se volvió un radio, el radio dibujó un círculo y el círculo se trató de elevar para convertirlo en un cilindro.

Pero aquí sobrevino el mayor error de cálculo: no tuvieron en cuenta que la contrarrevolución cubana, históricamente, carece de altura: no crece porque no echa raíces.

Primavera es movimiento. Pero no moviliza a un pueblo quien vive de él sino quien hace por él. No levanta a un pueblo quien le miente para manipularlo sino quien le dice la verdad para liberarlo. Ya nosotros los cubanos tuvimos un líder que, invocando un centenario, fundó una generación que luchó —no por un sueldo sino a riesgo de su vida— por darle a esta nación estatura martiana, asaltó una fortaleza, se hizo guerrilla, ejército y pueblo. Por eso, en Cuba, la primavera se llama revolución.

A los tanques pensantes, una vez más, les falló la geometría. Si la revolución no se exporta, la contrarrevolución tampoco.